Autor: Mota, Ignacio H. de la. 
   Comienza la andadura     
 
 Pueblo.    12/07/1977.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Comienza la andadura

Cuando escribimos este comentario, ai mediodía del lunes, ignoramos cuál puede ser la reacción de la

Bolsa como consecuencia de la importante, trascendente y sencillísima exposición que el pasado viernes

hizo el vicepresidente segundo ante las cámaras de R.TV. E., sobre la real situación de nuestra economía,

intervención que a todos los niveles ha recibido la mejor de las acogidas, como igualmente fue bien

acogida su designación como ministro de Economía.

Hace unos días, y con el título de «Ni sí, ni no, sino todo lo contrario», hacíamos un comentario en torno

al posible programa económico del nuevo Gobierno, y en él decíamos; al referirnos a don Enrique

Fuentes Quintana, que era el «autor, al decir de las informaciones publicadas, de los diferentes proyectos

de reforma fiscal que fueron con los últimos ministros de Hacienda, desde Monreal Luque a Villar Mir, y

que por causas diversas no llegaron a verse realizados. Y claro, los inversionistas se dicen que ahora

cuando coinciden en la misma persona —y personalidad— el autor del proyecto .y quien puede llevarlo a

la práctica...». Días después, y en su primer contacto con el pueblo español, el profesor Fuentes Quintana

ha sido rotundo en sus palabras: «De modo especial, la reforma fiscal, tan esperada, va a dejar de ser una

expresión irónica para convertirse en una realidad muy cercana, y que, en consecuencia, al esfuerzo

colectivo deberá contribuir cada grupo social da acuerdo con sus posibilidades económicas efectivas.»

Nosotros decíamos en el comentario citado y abundando en la necesidad de esa reforma fiscal, que «no se

podrá ir avanzando en ese camino de ir hacia un mundo mejor por más justo —no por más caridad

cristiana— si no se fijan las bases de una política fiscal justa en la que los que más tienen más

contribuyan a satisfacer el gasto público que el bien general exige». Y con el mismo pensamiento

seguimos, como siguen todos aquellos que son conscientes del tiempo que vivimos. No hace mucho, y a

este respecto, decía don Emilio Botín, a cuya voz se le puede conceder una amplta representatividad:

«Creo que las empresas son las primeras que necesitan de una reforma fiscal que fomente de verdad la

autofinanciación que necesitan para capitalizar debidamente», tras decir, anteriormente, que «yo no soy

opuesto a una. reforma fiscal que cumpla con los necesarios objetivos de justicia y eficacia, y que sea

realizada en el momento oportuno». ¿Puede alguien pensar, por tanto, que haya oposición por parte de

nadie a tan necesaria como urgente reforma fiscal? Nosotros, y perdonen la autocita, también decíamos

días pasados que «son cada día más los que no se amilanan por lo que haya que satisfacer al Fisco en

virtud de unos beneficios logrados legítimamente, por fuerte que pueda ser la presión»; y añadíamos que

por lo que se protestaba, y con justicia, era por toda la multitud de impuestos existentes y cada día más

elevados, como el de radicación, contribuciones y, sobre todo, el cáncer que acabará, de no buscar un

arreglo y urgente, con todo el desarrollo alcanzado hasta ahora, y que se oculta detrás de lo que hay que

pagar en concepto de Seguridad Social. Es decir, que la oposición viene por los impuestos que frenan toda

iniciativa o cuando se realiza se la hace prohibitiva por toda una serie de medidas fiscales que abortan la

inversión por imposibilitar la obtención de un beneficio justo y necesario para la economía del país. Y

esta opinión enlaza con la del presidente del Banco de Santander en su informe a la Junta general del

Banco al manifestar: «Creo que las leyes fiscales deben premiar el esfuerzo productivo y alentar el

ahorro. Deben fomentar la ilusión de prosperar y permitir que quien haya dedicado su vida al trabajo vea

recompensado su esfuerzo al poder dejar a los suyos una mejor situación economía. Y creo, en resumen,

que una verdadera reforma en este campo debe, por todos los medios, alentar y premiar la inversión

productiva. Pero esto es muy distinto de lo que demagógicamente pretenden algunos ofrecernos como

reforma fiscal, sin explicar, por supuesto, en qué consiste.

Y la demagogia, afortunadamente, parece descartada en esta ocasión por cuanto ni va con. la historia

profesional del profesor Puentes Quintana y él mismo ha sido el primero en denunciarla públicamente en

ese su primer mensaje en el que, tras pedir la colaboración para el Gobierno como consecuencia lógica de

la confianza que sea capaz de despertar, no vaciló, muy sinceramente, en afirmar: «Y sé que esa confianza

tendremos que ganarla día a día, con palabras veraces y con hechos que respondan a las palabras.» Más

adelante añadiría el vicepresidente para asuntos económicos que «es desde una información veraz y

completa desde la que puede solicitarse la colaboración ciudadana en una democracia. El Gobierno —

concluyó— está convencido de que esa colaboración va a producirse y de que puede contar con el

esfuerzo generoso de todos los ciudadanos. Y si esto es así, encontraremos y recorreremos, si contamos

con la voluntad y perseverancia de todos, el camino abierto que este país tiene hacia un futuro de

bienestar, justicia y libertad».

Si el primer mensaje del Gobierno a través de su máximo representante económico se transforma en

hechos y es capaz de devolver a los inversionistas la confianza perdida, seguro que la Bolsa —que

siempre se adelantó a los acontecimientos— no tardará en comenzar a cotizar, con la prudencia y el

recelo consiguientes, esa futuro más claro que se presiente detrás de la grave tormenta que tenemos

encima y que romperá (al escribir este comentario corre y se da por segura la devaluación de la peseta en

relación con el dólar en la proporción de 85 ó 90 de aquéllas por cada uno de éstos) en cualquier

momento con el susto consiguiente y los traumas que son del caso.

Ignacio H. DE LA MOTA

 

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