Autor: Tusell, Javier. 
   Munich, quince años después     
 
 Ya.    16/12/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 6. 

MUNICH, QUINCE AÑOS DESPUES.

EN estos días en los que los que se produce por ves primera la,reunión en Madrid de los dirigentes del

movimiento europeista y en los que, además, explícitamente, se va a celebrar una conmemoración de la

ya historien reunión un Munich, bueno será que recordemos lo sucedido en la ciudad bavara en 1962

pair ver cómo ha influido en nuestro presente. Para el autor de estas líneas, como para muchos otros

universitarios de los años sesenta, Munich a sus secuelas supusieron un primer despertar de 1a concien-

cia política, mientras que muchos de los protagonistas de los hechos desempeñan ahora un papel

relevante un nuestra vida publica.

MUNICH tuvo su origen su ni movimiento europeista español, nacido a su vez, a mediados de la década

cío los cincuenta, cuando este idearlo todavía tenía unos matices subversivos frente a la dictadura

franquista. El origen de la reunión hay que situarlo en la invitación de los dirigentes europeistas a

confrontar sus puntos de vista con los españolas sobre ´´el programa de la eventual integración da Espuíia

en Europa", Para dicha reunión los europeistas españoles, reunidos en la Asociación Española de

Cooperación Europea, redactaron una ponenencia en la que constataba la "realidad" de la

concentración del primer en España en las manos de un solo hombre, la ausencia de un verdadero

organismo representativo y fiscalizador e carácter parlamentaria y, en fin, la falta de vigencia de los

derechos humanos. Todo a estos requisitos eran necesarios para que España llegara a ser una parte de una

Europa, como tamhién el derecho de libre sindicación y el de organización de las corrientes políticas en

partidos.

A partir de ese texto los europeístas españoles del interior se entrevistaron en la ciudad bávara con los

que, exiliados y miembros de las organizaciones históricas de la oposición, coincidian en muchos de

sus planteamientos. Hubo las inevitables tensiones, pero finalmente se llegó a un acuerdo que sería,

leído ante la asamblea general del movimiento europeo y aprobada por aclamación. En ella so recordaba

que para la adhesión de españa a Europa era necesaria la existencia de instituciones democráticas, lo

que suponía una serie do requisitos, como los mencionados hace un momento, y a los que se unía

también ahora (debido probablemente a la participación en la reunión de los nacionalistas vascos) "al

reconocimiento de la personalidad de las distintas comunidades naturales. El párrafo final de la

resolución decía; "El Congreso tiene la fundada esperanza de que la evolución con arreglo a las

anteriores bases permitirá la incorporación de España a Europa, de la que es un elemento esencial, y

toma nota. de que todos los delegados españoles presentes en el Congreso expresan su firmo

convencimiento de que la inmensa mayoría de los españoles desean que esa evolución se lleve a cabo de

acuerdo con las normas de prudencia política, con el ritmo más rápido que las circunstancias permitan,

con sinceridad por parte de todos y con el compromiso de renunciar a toda violencia activa o pasiva,

antes, durante y después del proceso evolutivo."

La inmensa mayoría de los españoles fueron privados, por la acción del Gobierno, de la posibilidad

de conocer verdaderamente lo sucedido a Munich, pero aquél, en cambio, e apresuró a, dar su propia

versión y fi ejercer ese tipo do represión, inmoderadamente violenta en lo verbal, pero no estrictamente

cruel, con la que se solía comportar con respecto a la oposición democrática. Lo sucedido que relatado

como una “reunión ultrasecreta” en la que Gil Robles y Llopis se habrían abrazado, haciendo

desaparecer sus diferencias y fraguando así un verdadero "contubernio" de "traidores". Esa era la

versión oficial, alimentada, y espoleada por el Ministerio de Información, que podía alcanzar un

muchos casos concreciones todavía más violentas. Un panfleto impreso sin los talleres de la

Diputación Provincial de Burgos, repartía de la siguiente manera sus insultos; José María Gil-Robles

sería "una especie de repulsiva medusa curtida en todas las aguas turbias de la perfidia política; Lopis,

"un viejo delincuente... nos vocación de asesino"; Madariaga, "la, anciana alcahueta de un

internacionalismo desmedulado, muy apto para jovencitos de culutra quebradiza", y Ridruejo, "El

recuelo pestiencial de todas las infamias, el sedimento residual de la vileza". Nadie, sin embargo,

llegó a los extremos de unantiguo diputado de izquierdas, Joaquín Pérez Madrigal, que escribió—en se-

rio, naturalmente—que "lo de Munich ha sido el resultadodo de un meditado plan de Anticristo". En

comparación con todo esto, la reacción del propio Franco fue relativamente más moderada; en Valencia,

ante una multitud enfervorizada que pedía la horca para los de Munich, se autodefinió como el "capitán

de la nave" y describió lo sucedido como producto de la ira y la envidia del adversario. Los de Munich

no fueron a la horca, pero una parte de ellos quedaría recluida temporalmente en las Canarias y otra se

vería forzada al exilio.

¿CUAL es, desde la perspectiva de los quince años pasados, el sentido de los acontecimientos han

tan someramente descritos en las líneas que anteceden? La oposición democrática dio, a través de

ellos, una prueba notoria de su existencia, mostró un elevado grado de unidad y declaróconciuida

con hechos y no con deseos, la guerra civil. Sin embargo, sería apresurado juzgar que salió victoriosa, en

primer lugar, porque el fenómeno endémico de la desunión se reprodujo, y, en segundo, porque al

general Franco supo, en esta como en posteriores y anteriores ocasiones, utilizar el miedo al vacío

para asentarse todavía con mayor fuerza, en el poder. Pero, aunque la reacción de una importante

porción de la sociedad española i mal informada por el poder o deformada por los años de duración de

la Dictadura., fue negativa con respecto a los sucesos, tampoco se puede decir que al franquismo fuera

eltriunfador. Por el contrario, Munich fue el primero de una serie sucesiva de "sobresaltos" que

deterioraron al régimen y que se reprodujeron cada vez; con mayor frecuencia hasta la misma muerte

de Franco. Hasta esa fecha la actitud de Europa con respecto a lo que los franquistas denominaban

como las "peculiaridades" de su propio régimen no experimentó variación alguna: no existió una

absoluta y radical beligerancia antifranquista por parte de los Gobiernos democráticos europeos

pero estos tampoco perdieron la ocasión para demostrar sus discrepancias.

LA gran perdedora de que los propósitos de los reunidos en Munich no se cumplieran fue, sin duda,

España, privada, durante quince años más de unas instituciones semejantes a las europeas. Pero para la

satisfacción de los que entonces perseguidos e insultados en definitiva, pasado ese tiempo, se

se demostraría que tenían razón en cuanto a los deseos de una mayoría de los españoles, cuando estos

pudieron ser libremente expresados sobre una evolución democrática. Por eso acertaba el redactor de

un pequeño folleto editado por el PSOE cuando concluía su exposición de lo ocurrido en Munich don

estas palabras: "Llevávamos la impresión de que tal vez hallamos asistido a un momento histórico

para ecspaña, A nuestro paso, en un jardín de Munich, la estatua de Goethe nos recordaba aquellas

palabras del poeta en la batalla de Valmy, cuando presintió que en su presencia estaba ocurriendo algo

muy trascendental; "De este lugar y de este día arranca una nueva época de la historia del mundo y

voaotros podréis decir: "Yo estaba aquí.”

Javier TUSELL

 

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