La devaluación, medida antipopular, pero realista     
 
 ABC.    13/07/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA DEVALUACIÓN,

MEDIDA ANTIPOPULAR;

PERO REALISTA

Dolorosa si se quiere, pero absolutamente necesaria, era la devaluación de la peseta. El sostenimiento de

un valor artificial suponía una fuerte sangría de dólares, sin que a plazo el tipo de cambio se recuperase.

La devaluación tiene una connotación negativa; siempre resulta antipopular. Pero la decisión urgía si de

verdad quiere llevarse a cabo una delicada y compleja intervención quirúrgica en nuestra economía, de

modo que se practique ese saneamiento financiero por el que vienen clamando en el desierto, desde hace

tiempo, muchos portavoces del mundo económico.

La devaluación, no cabe duda, constituye un arma de dos filos. Es como rajar en el cuerpo del paciente: si

el médico se limita a mirar, corre grave riesgo la suerte del enfermo, por otra parte, inerme, incapaz de

defenderse. Pero si el cirujano sigue adelante y su bisturí secciona los tejidos contaminados, si liga, si

cierra, el paciente, al despertar, se encontrará debilitado, convaleciente, pero en vías de recuperación.

Hace poco más de un año se modificó el tipo de paridad de la peseta. De hecho, sin más. Y la

consecuencia fue una aceleración de las tensiones inflacionistas y un efímero trato ventajoso para

nuestros productos en el exterior en la medida en que habían mejorado su competitividad. No parece que

la situación sea hoy la misma. La medida devaluatoria tenía que ser inmediata, no podía ser objeto de

público debate o transacción. Establece, sin embargo, un punto de partida real, y no artificial, sobre el que

construir el edificio nuevo de la economía española.

Nuestro principal desequilibrio es, en estos momentos, la inflación, causa del paro. Pero las tensiones de

precios van estrechamente ligadas al fuerte déficit corriente de la balanza de pagos. Con la devaluación se

facilitan las exportaciones. Por contra, la devaluación encarece seriamente las importaciones. De aquí que

sea necesario fijar con urgencia un plan que corrija y atenúe convenientemente el impacto negativo de la

depreciación. En el programa del Gobierno parece advertirse esta preocupación, y el propósito de resolver

los problemas. Pero las decisiones tienen que ser inmediatas para que no suceda lo que hace quince o

dieciséis meses. El reto es fuerte y la respuesta no tiene espera.

 

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