Autor: Lluch, Camilo. 
   Esfuerzo fiscal y reforma fiscal     
 
 Ya.    28/04/1977.  Página: 39. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

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ECONOMÍA Y SOCIEDAD

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ESFUERZO FISCAL Y REFORMA FISCAL

El objetivo de la redistribución de la renta debe tener un carácter prioritario en la elaboración de la futura

reforma fiscal por dos motivos fundamentales: porque España es el país europeo que tiene la más injusta

distribución de la renta personal y también porque su cuadro tributario es el más regresivo del continente.

Cuando un 10 por 100 de la población percibe el 40 por 100 de la renta nacional, resulta evidente que la

imposición española incumple totalmente su tarea redistribuidora y carece, por tanto, de fuerza moral para

obligar al pago de los tributos. La justicia distributiva es la justificación última de una reforma tributaria,

ya que las otras razones pueden ser puestas en tela de juicio si no se da dicha condición.

ESTAS ideas elementales fueron olvidadas por quienes calificaron a nuestro país como un "paraíso

fiscal", debido a que la presión fiscal española es bastante menor que la alcanzada por las otras naciones

europeas. Con la finalidad de justificar una reforma fiscal de carácter más recaudatorio que redistribuidor,

los exponentes consagrados de la sabiduría convencional pretendieron, hace un quinquenio, que el país

comulgara con ruedas de molino. Afirmaron, sin rubor, que España realizaba un bajisimo esfuerzo fiscal

porque su presión fiscal estaba muy por debajo de la media europea y condenaron al ostracismo a quienes

sostenían que era más importante saber cómo se recauda que cuánto se recauda.

Hoy disponernos ya de una cierta perspectiva para enjuiciar el tema. Sabernos que la presión fiscal es un

índice estático que sólo refleja la parte de la renta nacional o del producto nacional bruto que es absorbida

por la recaudación. Pero nada nos dice sobra el esfuerzo o sacrificio fiscal que realiza una comunidad

para financiar a su sector público. No todos los países tienen la misma estructura tributaria ni el mismo

nivel de renta ni la misma idea sobre el volumen y la composición del gasto público. Por eso el comparar

las presiones fiscales respectivas conduce muchas veces a conclusiones.

POR otro lado, el esfuerzo fiscal es un concepto dinámico y relativo que mide el sacrificio que

desarrollan los ciudadanos y las empresas para atender a las necesidades colectivas. Existen tres clases de

esfuerzo fiscal: distributivo, laboral y empresarial. La evolución temporal de la estructura de los ingresos

y gastos públicos sirva de base para medir el sacrificio fiscal comparativo. Es un concepto relativo,

porque sólo nos revela que un país hace un esfuerzo fiscal mayor que otro, pero no que sea el doble o el

triple.

El esfuerzo fiscal distributivo es el más importante. Nos refleja la tendencia de un sistema fiscal a

convertirse en más progresivo o regresivo. Es el cociente de la propensión a pagar impuestos indirectos

por la propensión a pagar impuestos directos, a lo largo de cierto número de años. Cuanto mayor sea al

valor de dicho cociente más alto será el esfuerzo fiscal, ceteria paribus. Significará que los impuestos que

gravan a los diversos bienes y servicios han crecido más de prisa que los impuestos que recaen sobra las

rentas, beneficios y patrimonios, lo que eleva el grado da regresividad de un sistema tributario.

CIERTAMENTE, ha habido una polémica científica sobra el carácter progresivo o regresivo de los

impuestos directos a indirectos. La conclusión que de la misma se desprende es que, por tecnifícados y

progresivos que sean los impuestos indirectos, nunca podrán alcanzar el nivel de progresividad de los

impuestos directos. La razón de ello es muy simple: los impuestos indirectos no pueden discriminar tan

perfectamente como los directos el volumen de la renta personal para conseguir que paguen

proporcionalmente más impuestos quienes perciben mayores ingresos. En consecuencia, continúa siendo

válida la afirmación tradicional de que en conjunto son más progresivos los impuestos directos que los

indirectos.

Carece, pues, de sentido inquirir únicamente cuánto se recauda cuando lo relevante es analizar sobre

quiénes recae el peso de la recaudación. En la medida en que un sistema fiscal consigue los aumentos

recaudatorios basándose fundamentalmente en la imposición indirecta resulta evidente que el esfuerzo

fiscal colectivo de ese país, que no es otra cosa que la suma de los esfuerzos fiscales individuales, será

mayor que otros que se apoyan en la tributación directa. La dinamización de la distribución de los

incrementos impositivos refleja la mayor parte del esfuerzo fiscal comparativo al indicar el grado en que

los impuestos se distribuyen según el nivel de renta de los diversos grupos de contribuyentes.

MEDIANTE la aplicación del índice expuesto del esfuerzo fiscal distributivo a loe países de la OCDE

durante el período 1954-69, comprobamos que España ocupaba el noveno lugar, situándose por delante

de naciones que tienen un alto nivel de presión fiscal, como son Estados Unidos, Holanda, Francia o

Suecia. Por lo tanto, en los últimos años, nuestro país ha realizado un esfuerzo fiscal considerable, que

pueda compararse favorablemente con el desarrollado por otras naciones industrializadas que tienen un

nivel de renta por habitante muy superior al español.

La futura reforma fiscal deberá rebajar el esfuerzo fiscal comparativo, elevando la participación de los

impuestos directos dentro de la recaudación total. Pero, a su vez, es preciso personalizar la imposición

directa para tener en cuenta adecuadamente las circunstancias económicas, personales y familiares del

contribuyente.

Los actuales impuestos directos de producto carecen de progresividad porque tienen un tipo impositivo

fijo cualquiera que sea el volumen de renta y porque no tratan equitativamente a las distintas clases de

ingresos. Por otra parte, habrá que tecnificar la imposición indirecta y dotarla de un mayor grado de

justicia distributiva, reforzando la tributación sobre el consumo suntuario y ampliando el número de

bienes y servicios que gozan de exención o bonificación impositivas por tener un consumo masivo. No se

olvide que sólo así podremos conseguir simultáneamente elevar la presión fiscal y reducir el esfuerzo

fiscal comparativo. Las otras líneas de actuación son meramente reformas de fachada, que dejan

inalterada la estructura del edificio, tributario.

Camilo LLUCH

Portavoz económico del Partido Demócrata Popular.

 

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