Autor: Peces-Barba Martínez, Gregorio. 
 Polémica sobre totalitarios y cesaropapistas. 
 Angelismo y ceguera científica     
 
 Ya.    13/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Angelismo y ceguera científica

Nunca nadie ha interpretado de manera más inexacta un articulo mío que don Jesús Iribarren, en su

trabajo "Totalitario" y cesaropapistas, publicado en YA el 5 de enero, cuando contesta y refuta mi artículo

"Reflexiones sobre Poder y Derecho", publicado en "El País" el 17 de diciembre.

Dos precisiones previas con imprescindibles.

La primera es que me sitúo también en el ámbito de la fe religiosa, y que, por consiguiente, el señor

Iribarren no tiene el monopolio de la interpretación de ésta, ni de 1a defensa de las creencias y de la

Iglesia. Cuando escribí mi articulo, lo hacia como creyente, como socialista y como profesor de Filosofía

del Derecho, y no creo en su contenido haber traicionado ninguna de las tres perspectivas. La segunda es

que, al menos desde el punto de vista práctico, nadie me puede acusar de totalitario. Llevo luchando más

de veinte años por la libertad y por la democracia durante el régimen franquista. No parece, por

consiguiente, coherente que esa lucha práctica se apoye en un pensamiento totalitario como pretende el

señor Iribarren. Por otra parte, me hubiera gustado leer artículos desde medios eclesiásticos llamando

totalitarios a los que lo eran realmente durante la época del franquismo, como me hubiera gustado oír

defensas de la libertad de enseñanza cuando, sin una protesta, se explicaba en colegios de la Iglesia, como

en todos los colegios del país la formación del espíritu nacional. La ligereza de la acusación del señor

Iribarren aumenta si se analiza su interpretación de mi artículo. Respecto a su planteamiento, tengo que

hacer varias precisiones.

Primera: El planteamiento de mi artículo era un planteamiento desde la teoría del Derecho, a mi juicio

más progresista y certera que va en la línea de Kalsen a Hart y Bobbie, y que no es en absoluto una teoría

ortodoxamente marxista. Al identificar el señor Iribarren mi artículo con marxismo y totalitarismo,

muestra desconocer la evolución del pensamiento jurídico y político de los siglos XIX y XX. La teoría

jurídica y del Estado del socialismo democrático asume la teoría jurídica y política creada por el

liberalismo, llevándola a sus últimas consecuencias y, por consiguiente, no es posible vincularla con

ningún tipo de pensamiento totalitario.

Segunda: La traducción que hace el señor Iribarren, según él, para que le entiendan mis electores de

Valladolid, con lo que de paso ejerce un paternalismo y desprecia la capacidad de las personas para

entender por sí mismas, es una auténtica traición de mi pensamiento, para justificar una vez más el dicho

italiano.

Confunde los juicios de hecho con los juicios de valor, y realiza descaradamente el salto cualitativo del

ser al deber ser sin ningún rigor intelectual. Por eso, quiere llevar al mundo del Derecho positivo lo que

en muchas situaciones de totalitarismo no son sino valores, pero no Derecho. Me hubiera gustado que

durante el franquismo, cuando el Tribunal de Orden Público condenaba por ejercer el derecho de

asociación o e1 derecho de reunión, que no eran Derecho positivo, pero si valores de justicia, hubiera

actuado como yo lo hice contra eso. Pero cuando actué, nunca cometí la ingenuidad de pensar que esos

valores formaban parte del Derecho español del franquismo porque yo afirmase que eran de "Derecho

natural", Lo mismo ocurre cuando, traicionándome al "traducirme", dice que las leyes del Estado no

pueden ser injustas porque el fundamento último de un ordenamiento jurídico es el poder que lo

establece." Eso nunca lo he dicho yo, sino que es una consecuencia que el señor Iribarren saca, y que sólo

puedo atribuir a que me ha leído mal o a mi ignorancia. Las leyes del Estado son leyes, aunque sean

injustas, pero yo nunca he dicho que por ser leyes sean justas. Por el contrario, he afirmado que el poder

es el fundamento último de su validez, pero no de su legitimidad. Si el señor Iribarren no sabe distinguir

esos términos, no es mi culpa.

Tercera: Precisamente el partir de lo que el Derecho es sirve para defender la Justicia, los valores

jurídicos, el Derecho que deba ser. Por eso he afirmado que es Derecho, aunque sea injusto, el que surge

de acuerdo con el procedimiento legal para la producción de normas y que tiene su apoyatura última en el

poder político. Situaciones legales como la de Alemania nazi, la del Chile de Pinochet y de la de España

franquista lo confirman. Muchas de sus normas eran y son injustas, pero eran Derecho aplicado por los

Tribunales y por el que iban y van los hombres a la cárcel e incluso mueren.

Solamente partiendo de ese ser se puede combatir, se pueden hacer movimientos de desobediencia, se

puede tachar de inmoral e injusto a ese Derecho.

Lo que no podemos hacer es decir que no es Derecho, si se aplica, porque con eso sólo hacemos el

avestruz. Ignorando el problema.

Cuarta: La ciencia Jurídica, que ha progresado indudablemente en el plano del conocimiento de la

realidad del Derecho que es, no puede negar que son normas jurídicas muchas normas impuestas ni

tampoco la relación de apoyo por el poder como fundamento último, para imponerlo por la fuerza de un

Derecho positivo-Derecho válido-, aunque sea injusto. La Filosofía jurídica que busca el Derecho

justo, la legitimidad del Derecho, son valores que deben incorporarse al Derecho positivo, es lo que el

señor Iribarren llama Derecho natural, denominación que por producir, confusión se empezó a abandonar

a principios del siglo XIX. Por la Filosofía del Derecho podemos intentar valorar la justicia o injusticia, la

moralidad o inmoralidad de los Derechos positivos, y a eso me llevo dedicando desde hace muchos años,

a través del estudio de la teoría de los derechos fundamentales, que me parece hoy la legítima heredera de

1a preocupación iusnaturalista en cuanto tiene de correcta.

Por eso soy positivista desde la ciencia del Derecho y iusnaturalista desde la Filosofía del Derecho.

Por eso no utilizo un pensamiento idealista, como castillo en el aire desconociendo las enseñanzas de la

ciencia, sino que intento que la teoría de la Justicia, la Filosofía del Derecho se base en la realidad del

Derecho que es y que la ciencia jurídica nos muestra. Cuando la Iglesia en otros tiempos se apartó de la

ciencia y la contradijo, muchas de sus lucubraciones produjeron graves males y retrasaron el progreso.

El señor Iribarren no debería utilizar ese método tan desacreditado, ni lanzar como armas arrojadizas

acusaciones de totalitarismo sin fundamento, ni mucho menos poner en boca de otros cosas que no han

dicho.

Para hablar de filosofía del Derecho y del Estado hoy no basta con los libros que se leyeron en el

seminario. Hay que seguir estudiando si no se quiera patentizar un desprecio de cuanto se ignora que es

un flaco servicio a la causa que se pretende defender. Tenga la seguridad el señor Iribarren que mi

objetivo es defender los valores de libertad e igualdad para todos, por supuesto, también para la Iglesia,

de la que soy miembro y a la que debo muchas cosas buenas.

Pero esa gratitud no me puede llevar a desconocer la realidad, al menos tal como la veo. Las opiniones

son libres, pero los hechos son sagrados.

Gregorio PECESBARBA MARTÍNEZ

 

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