Devaluación para después de una dictadura     
 
 Diario 16.    13/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Devaluación para después de una dictadura

Sin duda la medida será discutida: la mitología de la invariabilidad do los tipos de cambio forma parte del

folklore económico. Su no modificación terminó considerándose como signo de virtud.

Y así hemos podido asistir a auténticas aberraciones como las largas batallas sostenidas en los años

sesenta para defender la paridad de la libra que mantuvieron al ralentí el motor de la economía inglesa.

Aun cuando las circunstancias no son comparables, y el contexto internacional ha variado mucho desde

que entró en quiebra el sistema de paridades fijas de Bretton Woods, todavía no ha pasado a formar parte

de la imaginería popular el manejo del tipo de cambio cómo un instrumento más del arsenal con que

cuenta la política económica. Con efectos y repercusiones muy concretos y por canales muy diferenciados

pero inevitable o recomendable en determinadas ocasiones.

Parece cierto que el desequilibrio exterior de la economía española —en ausencia de modificaciones más

fundamentales que no cabe adoptar con efectos a corto plazo imponía la necesidad de medidas de aquel

tipo.

Claro que la de ayer es una medida antipática: todos los que han jugado a la baja da la peseta van a

embolsarse un bonito premio. Pero la depreciación estaba ya descontada y el Banco de España hubiera

ganado tiempo sólo a costa de un enorme desgaste. En los corredores internacionales se han manejado

para el presente y futuro inmediato porcentajes de depreciación más elevados que el permitido ayer y

quizá uno menor ni siquiera hubiera tenido credibilidad.

Lo que ocurre es que las tensiones que soporta nuestra balanza de pagos no se adormecerán sin más; en la

hora de la economía nadie piensa que la grave crisis económica española puede salvarse con medidas

orientadas esencialmente por el deseo de restablecer el equilibrio exterior sin actuar sobre las causas

generadoras de tal desequilibrio. A corto y medio plazo Esta actuación implica la estabilización de

nuestra economía y la depreciación de la peseta de ayer sólo puede entenderse como una primera medida

que debe ir acompañada de muchas otras.

La depreciación puede terminar, en efecto, con los embates especulativos a que estaba sometida la peseta,

puede facilitar la repatriación de parte del capital evadido en los últimos meses y va a dar un nuevo

respiro a nuestros exportadores. Pero también ya a crear tensiones inflacionistas adicionales: "¿Cómo se

va a contrarrestar el encarecimiento de las importaciones?: ¿cómo se van a evitar las contramedidas que

no dejarán de adoptarse en el exterior ante la mayor competitividad de nuestras exportaciones? y, sobre

todo, ¿cómo se vam a frenar los impactos de la variación del tipo de cambio sobre la inflación interior?

En definitiva: el programa económico concreto del Gobierno no puede dejarse para después de las

vacaciones de agosto. Cuanto antes se conozca, mejor. No por imagen, sino por la necesidad de

minimizar los efectos negativos que, como toda medida comporta la devaluación de la peseta. Y porque

se trata de hacer frente al desequilibrio exterior, a la inflación, al paro y al desmontaje del tinglado

económico de la dictadura.

 

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