Autor: Silva Muñoz, Federico (JUAN DE ESPAÑA). 
   Terrorismo     
 
 Ya.    06/12/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

TERRORISMO

Juan de España.

Dos factores pueden ser decisivos para la eliminación del terrorismo eii España: la actitud de las

autoridades francesas y ia actitud de loa partidos políticos. Pero no basta combatir al terrorismo como

algo que está ahí; es necesario adentrarse en las causas de su existencia. Y de este análisis podrá venir la

formulación de un aaititerrorismo eficaz. Sobre este esquema construye su artículo nuestro colaborador

LO malo del terrorismo es que cuando no su actúa al principio sobre sus causas no es fácil eliminarlo en

poco tiempo. El vergonzoso y cobarde asesinato de un comandante de la Policía Armada en Pamplona ha

venido a recordarnos esa triste verdad, a la que me refería en YA hace pocos días. Y digo cobarde

asesinato, habiendo evitado siempre ese calificativo cuando la ETA podía ser considerada una

organización de desesperados necesitada de un poco de comprensión, porque cobarde es asesinar a

traición cuando nadie nos persigue por nuestra» ideas. No obstante, no es para unirme a la justa

indignación de la mayoría de los españoles para lo que escribo este artículo, sino para alg´o más práctico:

recapitular sobre un problema qup aún nos puede dar mucha guerra. Recapitular para contribuir a

deslindar campos y a hacer un poco de luz sobre las formas de luchar contra el terrorismo.

EN la eliminación del terrorismo en nuestro país pueden ser esenciales dos factores. El primero, la actitud

de las autoridades francesas, a las que no se puede pedir, como alguno pretendía en tiempos, que

entreguen a los refugiados políticos (aunque hayan cometido un crimen), pero sí cabe exigirles la

extradición de los habituales del terrorismo que se esconden en su país amparándose en banderas

ideológicas. He aquí algo que nunca se han mostrado del todo dispuestos a comprender en Francia cuando

de España se trataba. Algo que ha contilbuido decisivamente a aumentar la peligrosidad de nuestro

terrorismo, y que los nial intencionados han llegado a insinuar que en determinados momentos ha sido

considerado argumento de "regateo" en otros terrenos por las autoridades francesas.

Personalmente me resisto a creer en semejante falta de ética, pero, se haya obrado bien o mal, la actuación

francesa resulta turbia unte nuestra, opinión pública; una decidida actitud por su parte contribuiría a

liquidar un terrorismo que, aunque la "ley" de la comodidad induzca a creer lo contrario, terminará

por extenderse al país vasco-francés. El otro factor es la actitud de nuestros partidos políticos, que en

esta cuestión no demuestran la sensatez que en otras (pactos de la Moncloa). Algunos están dando un

ejemplo lamentable y jugando un juego muy peligroso. Tratan de *´capitalizar" a su favor la acción

terrorista y lo único que logran es desorientar y desunir a la opinión pública, que es la mejor arma

antiterrorista. Porque, como luego diremos, al terrorismo muere cuando resulta aislado por la opinión

fque no es lo mismo que aislado de la opinión, como exponen ciertas "teorías" de vía estrecha). Los que

aprovechan loa asesinatos para acusur al Gobierno de falta de autoridad parecen dar a, entender que ellos

resolverían el problema, pero sí han descubierto algún procedimiento mejor que los que se emplearon en

el pasado no deben guardar el secreto tan celosamente, y si lo que pretenden es volver a los métodos de

lucha que condujeron al asesinato de Carrero Blanco o al atentado de la calle del Correo, es mejor que

no insistan. Creo que en esta cuestión, más aún que en la económica, es necesaria la solidaridad

nacional, y resulta conveniente esclarecer quién pone el restablecimiento del orden antes que el propio

interés y quién lo pospone. Aquí también debiéramos mirar a los ingleses, eu5´os polí

JUAN DE ESPAÑA

(Continua en pag. sigte,)

TERRORISMO

(Viene de la pág. anterior)

lieos ni siquiera han pensado en la posibilidad de ai´remeter unos contra, oíros tomando como pretexto el

coníliPto del Ulster. Cíuundo el terror Impera y la sangre corre, coma cuando el país está en guerra, todos

dobtfn colaborar y ayudar, por patriotismo y por egoismo

Causas de! Terrorismo

EÍJ terrorismo tiene unas causas originarias y una razón actual de existencia. Aínlws son dííitintutí. La

ETA, como el Ejército Republicano Irlandés (IRA), futí tomando poco a poco el camino de la, violencia

desesperada por lo que pudiéramos llamar incomprensión de los políticos y autoridades, que no supieron

calibrar a tiempo la importancia del fenómeno que nacía ni tomar en consideración la posibilidad de

abortarlo por vía política. Una vea que «1 terrorismo adquiere carta de naturaleza y sus actores entran en

J´ase de irrevei´sibiHdad,.su ruKón de ser actual se dí.sooia do la originación. Este es el cíiso de la ETA,

que aquí i?ompe el paralelismo con el IRA para aproximarse a la mafia y al "gangsterismo". Aterrorizada

una región, establecido un sistema de "impuestos revolucionarlos" ttan parecidos a la ´´protección" de los

"gangsters"), que permite gozar de desenvoltura económica, la tentación ele seguir fuera de la ley es

permanente, sobre todo si se ha perdido el hábito de ganarse el pan con el sudor do la frente y se íta

cogido gusto a la vida azarosa y arriesgada. Respecto a esto, piensese que una de las lacras que dejan tras

de sí las guerras es precisamente la dificultad de adoptación a la vida nurmal tie algunos excombaíieníes

inclinados a la violencia. Un cuso análogo es el del terrorista político, que juega con la ventaja de

presentar como entrega a un ideal lo que tennina siendo delincuencia pura. En todo este fenómeno hay

aspectos dignos de la atención d« los psiquíatras. Gran parte di! los combatientes "inadaptados" de la

última gran guerra fueron clientes de los neurólogos untes de delinquir o después. Asesinatos como el que

lia motivado este articulo casi sólo admiten una finalidad inteligible: buscar una intervención del ejército

que redunde en su desprestigio antes los habitantes de la región que se trata de esclavizar {como ocurrió

en el Ulster), con lo que la propia violencia puede continuar autojusfitificándose. Hasta qué punto se cree

sinceramente que todo eso pueda desembocar en tma dejación de autoridad que permita til

establecimiento d« un "estado socialista" es algo que probablemente nadie imude contestar (incluyendo

los sostenetlores de la teoria.

Juan DE ESPAÑA

 

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