Autor: Rojo Duque, Luis Ángel. 
   Coherencia entre el pacto de la Moncloa y la política monetaria     
 
 Ya.    06/12/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

Coherencia entre el pacto de la Moncloa y la política monetaria

Estamos mejor con pacto que sin él, y lo importante es cumplir lo pactado

- La política monetaria no ha

impulsado la inflación; se ha limitado a financiarla

- El problema básico radica en los costes-trabajo

CARTA ABIERTA DE LUIS ÁNGEL ROJO

Don Luis Ángel Rojo, catedrático de la Universidad y director del Servicio de Estudios del Banco de

España, nos escribe sobre el comentario editorial de YA publicado él 2 de diciembre bajo el título

"Superación de la crisis económica". Se basaba ese comentario en la información dada por "Diario 16" el

martes 29 de noviembre en su página 11. En la fecha en que se elaboró nuestro editorial tal información

no había sido rectificada. Con mucho gusto publicamos el trabajo del señor Rojo.

Estimado señor Director:

EN el número de YA correspondiente al día 2 de diciembre aparece un editorial titulado "Superación de la

crisis económica", en el que se utilizan amablemente unas manifestaciones que en otro diario se me han

atribuido para hacer algunos comentarios sobre los problemas actuales de nuestra economía. Debo

aclararle que mis supuestas manifestaciones no son tales, sino fragmentos de una conversación privada,

filtrados según una ética profesional que no voy a calificar aquí, que se presentan fuera de contexto y

distorsionan mis opiniones en algunos puntos. Dejando de lado aspectos personales que no afectan al

diario YA, le ruego, señor director, que me permita expresar mis opiniones reales sobre los temas a que se

refiere su artículo editorial.

Se ha venido discutiendo en la prensa si la tasa de crecimiento de la cantidad de dinero del 17 por 100 que

establece el programa del Gobierno es coherente con los topes salariales pactados y con la tasa de

incremento del producto nacional en términos nominales prevista para el año próximo, que es del 21 por

100. Creo que se confunden, a veces, el problema de la coherencia con el problema del carácter restrictivo

de la política monetaria programada. La coherencia existe. El descenso de la velocidad de circulación del

dinero que España ha registrado durante muchos años se ha visto Interrumpido desde mediados de 1976

como consecuencia de la intensificación de las expectativas de inflación y de los altos tipos de interés. En

1977 va a alcanzarse un crecimiento del producto nacional en términos nominales del 26 por 100 con un

incremento de la cantidad de dinero del 19 por 100. Lo cue el programa económico

está suponiendo es que en 1678 se registrará un nuevo aumento de la velocidad de circulación del dinero,

aunque mucho menor que el observado en 1977. Este supuesto me parece razonable.

LA política monetaria a s í programada comporta, sin embargo, un efecto restrictivo. Esto es

inevitable, puesto que

tanto el Gobierno como cuantos partido» políticos han firmado el "pacto de la Moncloa" han considerada

creo que con buen sentido— que el problema de la economía española que había que atacar en primer

lugar, para poder abordar de un modo sólido otros problemas, era la inflación. Es fácil señalar un orden

distinto de prioridades si se actúa como francotirador y se decide ignorar las realidades del orden

Internacional

En que nos movemos. Pero esa decisión le está vedada a la política responsable. Ni uno solo de los países

que han padecido o padecen problemas económicos semejantes a los nuestros ha conseguido superarlos

sin aceptar una etapa dolorosa de restricciones y austeridad. Este es un hecho incontestable. Podría

decidirse que el resto del mundo está equivocado, pero tal audacia de nada valdría, porque las prioridades

de la economía internacional condicionan estrechamente nuestras posibilidades de acción.

LA actual inflación española no es, desde luego, una inflación de demanda o de origen monetario. Su

motor principal es un proceso de alza de los costes-traba jo resultante de los aumentos de los salarios

monetarios, los incrementos en las contribuciones a la Seguridad Social y el descenso de la

productividad. La política monetaria, aun manteniendo tasas muy altas de crecimiento de la cantidad de

dinero, no ha impulsado la Inflación; se ha limitado a financiarla en buena medida para evitar mayores

males en el terreno del empleo. En estas condiciones, una política monetaria restrictiva es condición

necesaria para reducir la tasa de inflación, pero no es condición suficiente para lograrlo, al menos a corto

plazo. El problema básico radica en los costes-trabajo.

EN este terreno, el "pacto de la Moncloa" ha tratado de reducir, en la medida de lo posible, las cargas que

para los costes de producción suponen los incrementos en las contribuciones a la Seguridad Social y ha

establecido un limite máximo del 22 por 100 al incremento de la nómina salarial bruta en 1978 frente al

aumen • to del orden del 26 por 100 que se registrará este año. Yo creo que el limite salarial que ha salido

de las negociaciones es demasiado elevado incluso desde el punto de vista del interés de los propios

trabajadores. Y lo creo, en primer lugar, porque estoy convencido de que la evolución efectiva en 1978

de los salarios reales (es decir, de su poder de compra, que es lo que interesa) hubiera sido

aproximadamente el mismo st el tope pactado para los salarios monetarios hubiera sido más bajo—porque

también habría descendido más de prisa la tasa de inflación—; en segundo lugar, porque proletariado y

clases medias están interesados en reducir cuanto antes unas tasas de inflación que están pulverizando el

poder de compra de sus ahorros; en tercer lugar, porque mientras continúe la actual Inflación de costes no

levantará cabeza la inversión productiva generadora de puestos de trabajo y la inversión que se acometa

tenderá a sustituir trabajo por capital, y, en fin, porque los intensos crecimientos salariales no imponen

simplemente una redistribución de renta a costa de los beneficios, sino también, y con mayor gravedad, a

costa de las clases pasivas y de los trabajadores parados. Hubiera preferido, por tanto, una mayor

moderación de los salarlos monetarios que permitiera una política mas expansiva para combatir el paro.

Comprendo, sin embargo, que una cosa es exponer estas argumentaciones y otra muy distinta era

convencer a los trabajadores de que aceptaran una moderación salarial mayor que la pactada en un

periodo sindical constituyente y de tasas de inflación superiores al 25 por 100.

NO siempre las posiciones que se defienden acaban favoreciendo los intereses que se desea proteger. Los

fuertes incrementos de salarlos monetarios no conducen al pretendido avance de los salarios reales, sino

sólo a aumentar la Inflación y a generar. paro, y la excesiva inflexibilidad de las plantillas sólo lleva a un

deterioro de la productividad, a una creciente disociación entre trabajadores empleados y trabajadores

parados y, en definitiva, a un aumento de la Inflación y la desocupación. Podemos negar sentido a la

disciplina laboral y podemos cerrar los ojos ante una situación que tiende a hacer caer el peso del paro

sobre la gente joven; pero entonces deberemos despedirnos del deseo de ser una, sociedad industrial

moderna e inquietarnos seriamente por el futuro de nuestra democracia.

EN cualquier caso, el contenido del "pacto de la Moncloa" expresa hasta dónde han podido llegar, en el

momento de la firma, sus negociadores. Me parece indudable que estamos mejor con el pacto que sin él, y

que lo Importante es cumplir lo pactado; y encuentro preocupantes los intentos da cargárselo, de un lado o

de otro, sin que exista una alternativa mejor. No creo que la política financiera programada sea

insostenible si se cumple lo pactado, y estoy convencido de que sólo se cumplirá lo pactado en materia de

rentas si se desarrolla la política monetaria prevista. La primera fase del programa contiene las mayores

dosis de restricción—aunque es importante que la restricción efectiva no supere a la programada—; pero,

en los meses siguientes, si el programa se cumple, la política monetaria se hará automáticamente menos

restrictiva como resultado de la desaceleración de rentas y precios. (En este sentido, el "pacto de la

Moncloa" se ha presentado a la opinión de una forma poco clara. Se ha dicho que aspirà a una reducción

de la tasa de inflación de unos tres puntos porcentuales, en términos de precios al consumo, entre 1977 y

1978. Pero este cálculo se refiere a, tasas medias interanuales, que son bastante engañosas. La verdad es

que, en términos de aumento de los precios al consumo de enero a diciembre—que es como todos nos

entendemos—, los objetivos pactados son muy ambiciosos: pasar de un incremento de precios del orden

del 27 por 100 en 1977 a otro situado en torno al 17 ó 18 por 100 «n 1978.) El hecho de que la mayor

tónica de restricción se sitúe en la primera fase del programa parece razonable. No se puede mantener la

economía española durante mucho tiempo en una situación de atonta, de modo que la desaceleración

denlos precios debe conseguirse cuanto antes mejor.

EN todo caso, no creo que el "pacto de la Moncloa" pueda agotar la política económica orientada a

superar las actuales dificultades. El "seguimiento" del programa no puede entenderse como la simple

comprobación de que se están cumpliendo unas normas rígidas. Habrá que aprovechar cuantas

oportunidades brinda la evolución de los acontecimientos para conseguir mejor los objetivos propuestos.

Será necesario prever la política adecuada para dentro de un año, porque aunque el programa se haya

complido satisfactoriamente, aún nos quedará un largo camino por recorrer para lograr que la economía

española entre en una fase de crecimiento estable y sostenido. Y será preciso desarrollar con persistencia

una política profunda en terrenos tales como la energía o los sectores industriales más afectados por una

nueva situación mundial que no permite intentar conservarlo todo; una política dominada por la

preocupación de que el problema de este pafs nunca ha sido que se ahorrara o se invirtiera poco, sino que

se invirtiera mal como consecuencia del marco c o n d ícionante.

Me temo, señor director, que he abusado de su hospitalidad con una carta cuya excesiva longitud no tiene

otra justificación que el interés de los problemas que suscita el articulo editorial en que se me citaba.

Discúlpeme y reciba mi cordial agradecimiento.

Luis Ángel ROJO DUQUE

(Catedrático de la Universidad de Madrid)

 

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