Autor: Calvo Hernando, Pedro. 
   La salsa de la democracia     
 
 Diario 16.    21/03/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

21marzo78 /Diorio 16

La salsa de la democracia

En términos generales, a los partidos mayoritarios les falta sensibilidad para comprender que la salsa de

la democracia está en las minorías y en el exquisito respeto a las mismas. Ya sabemos que son las

mayorías las que se llevan el gato al agua en las grandes decisiones, porque la fuerza de los votos es

también una de las grandes razones de los regímenes democráticos. Pero un sistema de libertades

públicas será tanto más perfecto cuanto mayor peso tengan las minorías en el esquema general de las

relaciones políticas.

UCD y el PSOE se habían mostrado durante meses enteros impermeables a las presiones de los par

tidos minoritarios y a los clamores de los medios de comunicación en el famoso tema del sistema para la

elección de los alcaldes. Se han dejado llamar de todo y defendieron a ultranza la elección del número

uno de la lista de concejales más votada. Y todo para tener que terminar abdicando en veinticuatro ho

ras, para adoptar el más racional y justo sistema propuesto por los comunistas y apoyado por las demás

minorías: el procedimiento ecléctico, que al fin ha prosperado.

Las minorías moderan

Hay una interesante lección política en todo este lance. Por un lado, se ha demostrado que muchas veces

no es posible machacar a las minorías impunemente. Pava ello hubiera sido preciso un entendimiento

perfecto entre UCD y el PSOE, que habían caminado juntos en el tema de los alcaldes por pura

coincidencia de intereses. Como estaban peleados por otros muchos

Pedro Calvo Hernando

motivos, uno y otro partidos mayoritarios tuvieron que buscar el paraguas de las minorías y aceptar en

buena medida sus demandas, que, por lo demás, eran las más razonables.

Pero, por otro lado, ha quedado claro que la existencia de las minorías supone un importante freno a las

desmesuradas apetencias y ambiciones de los partidos mayoritarios del Parlamento. Estos tienen que

estar siempre dispuestos a pactar con alguno de los grupos minoritarios, ya sea para afianzar su propia

posición, ya sea para defenderse ante la excesiva prepotencia del oponente. Las minorías actúan como

salsa y condimento, como factor de enriquecimiento de las opciones, de flexibilización y de evitación

de rigideces y arteriosclerosís.

Electores de UCD y PSOE

Las minorías son a menudo el refugio de posiciones con una mayor carga de utopismo, de sinceridad e

incluso de romanticismo. Por eso suelen disfrutar de un apoyo popular más reducido que otras opciones

menos matizadas y más favorables a la espontaneidad de los movimientos ideológicos. Después de todo,

ya sabemos que apoyan a UCD grandes sectores de población que lo que quieren es que nadie les com

plique la vida, que aspiran simplemente a vivir mejor y que huyen de la tentación totalitaria. Y poco

más.

También sabemos que las gentes que apoyaron al PSOE en las elecciones constituyen una franja situada

algo más a la izquierda, pero en su mayor parte no se trata de socialistas propiamente dichos y menos de

gentes partidarias del marxismo de clase y la revolución cultural. Esto quiere decir que en las próximas

elecciones, o el Partido Socialista disimula mejor el asunto o simplemente pone luz roja a ese

izquierdismo emergente, o ae quedará sin electores. Los españoles que votaron PSOE lo que funda

mentalmente votaron es antifranquismo y progresismo, sin muchas más matizaciones.

Más concienciados

En cambio, los que votaron a los partidos que hoy forman las minorías parlamentarias (o incluso a los

que se quedaron sin ningún escaño) sabían mucho mejor lo que querían, eran sectores de población

bastante mes concienciados. Alianza Popular se presentaba con todos elementos capaces de captarse la

voluntad de la franja de españoles que tenían bastante que perder con el arrumbamiento del franquismo,

pero que al mismo tiempo no se situaban en posiciones de absoluto enquistamiento, sino que aspiraban a

un modelo autoritario -aunque no fascista- de sociedad.

Los votantes del Partido Comunista también saben muy bien lo que quieren. Aquí no hay esas am

bigüedades del campo socialista entre "soeialdemocracia" y "marxismo". Con todos los eurocomunis

mos que se quieran, el PCE aspira a una transformación sustancial de las estructuras sociopolíticas y eco

nómicas, a algo revolucionario, al menos en sus resultados. Y no digamos de los partidos extraparla

mentarios situados a la izquierda del PCE, cuyos modelos de sociedad son todavía mucho más nítidos y

claros, aunque sean mucho más utópicos.

Las minorías nacionalistas de Catalunya y Euskadi son menos minoritarias, valga la aparente con

tradicción. En ellas no son ios perfiles ideológicos el factor determinante, sino el nacional. Es lo que

sucede con el Pacto Democratic y el PNV, que constituyen la vanguardia parlamentaría de las dos

nacionalidades históricas más caracterizadas de nuestro país. Desempeñan un papel más que testi

monial y son un recordatorio permanente en Madrid de la realidad de la España multirregional y mul

tinacional.

Utopia necesaria

No están en el Parlamento todas las miñonas, ni las ideológicas ni las nacionales o regionales. Y tal vez

sea un hecho que hay que lamentar. Pero el espectro parlamentario nos presenta una buena parte de la

variedad de opciones políticas de los españoles. Los grandes partidos -mejor dicho, los que reúnen

mayor número de votos- se equivocarán gravemente cada vez que pretendan ignorar o despreciar a las

minorías, que en España representan -más que en otros países- los elementos más diferenciales y

más definidos de nuestra estructura nacional.

El papel de las "mayorías ya es lo bastante obvio y conocido. La gracia, la salsa, la diferencia, el

necesario impulso utópico, las mayores dosis de idealismo, el remedio contra lo de siempre y lo mani

do... suelen estar en las posiciones minoritarias. No comentamos nunca la barbaridad de ahogarlas, de

triturarlas, despreciarla».

 

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