Falsos optimismos     
 
 Diario 16.    14/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Falsos optimismos

A juzgar por algunos comentarios que ha hecho durante su viaje a América, el presidente del Gobierno ha

vuelto optimista por las promesas de préstamos que le han hecho e incluso ha tachado de pesimistas a

aquellas personas que le han hablado en los últimos días de la necesidad de ir pensando, para

inmediatamente después de las elecciones, en un programa anti-inflacionista. En qué medida esto último

es una postura justificada por la inminencia de las elecciones o responde a un desconocimiento del

problema económico, es difícil de decidir todavía.

Hay razones para temer, sin embargo, que más bien estamos en el segundo caso. Durante todos estos

meses el Gobierno no ha dado ninguna muestra de tomarse muy en serio a la economía y es muy posible

que hayan terminado creyéndose sus propias explicaciones a la opinión pública. La crisis económica le

plantea además un problema grave a Suárez, porque evidentemente el Gobierno que ya se diseña después

del pucherazo de las candidaturas será quizá capaz de elaborar una Constitución conservadora, pero

difícilmente tendrá un apoyo en la opinión pública suficiente para llevar a cabo la complicada operación

de saneamiento que las circunstancias aconsejarían. ¿Qué mejor solución entonces que negar la existencia

de una crisis profunda? ¿No es ésta también la posición que conviene a los directores actuales de la

politiza económica, en una cierta medida responsables de los problemas presentes?

Las probabilidades son, por tanto, muy grandes de que Suárez, una vez ganadas las elecciones, se

concentre en la elaboración de la Constitución e intente utilizar el dinero americano para ir tirando otro

año más. Las consecuencias serían muy graves. Estamos ya en una inflación que supera el 20 por 100,

con lo cual hemos pasado el límite que separa a la inflación estilo europeo de la inflación estilo

sudamericano y es seguro que esa tasa seguirá aumentando rápidamente si no se hace algo muy en serio.

Medidas similares a las _ ingeniadas por el equipo de Osorio en los últimos tiempos no servirán

absolutamente para nada, entre otras cosas porque la primera condición para que un programa

antiinflacionísta tenga éxito es que sea creíble, y desde luego esto no se consigue con declaraciones más o

menos acertadas en la televisión. En esta operación de enmascaramiento el Gobierno contaría por

supuesto con el apoyo de una buena parte de la derecha y de los medios financieros, que saben muy bien

que es imposible hoy en día una operación estabilizadora sin ofrecer a cambio una reforma fiscal que por

razones obvias quieren evitar a toda costa.

Si estos presagios se cumplen, las consecuencias, pueden ser muy graves para el proceso político en

marcha. La inflación por su propia naturaleza crea unas tensiones internas que una democracia soporta

mal. Haría, por tanto, un flaco servicio a la Monarquía el señor Suárez si se dejara llevar por sus intereses

a corto plazo y creyera que con unos cuantos millones de dólares prestados por la Banca americana tenía

resuelto por ahora el tema económico. En esta ocasión no tendría ni siquiera la justificación de que los

técnicos no están de acuerdo con la solución. Rara vez se ha dado una mayor unanimidad entre los

economistas independientes de dentro y de fuera de la Administración sobre la política a seguir. Por

supuesto, queda alguna voz disonante que aspira a complacer los oídos del Poder proponiendo fórmulas

milagrosas que no han dado nunca resultado, pero con esto hay que contar siempre.

 

< Volver