Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Libertad de trabajo, libertad de alboroto     
 
 ABC.    29/09/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC

MIERCOLES 29 DE SEPTIEMBRE DE 1976.

APUNTE POLÍTICO

LIBERTAD DE TRABAJO, LIBERTAD DE ALBOROTO

Por José María RUIZ GALLARDON

Hay en política una manera muy simplista de razonar que suele tener consecuencias nocivas. Consiste en

agrandar desmesuradamente los hechos que resultan desagradables o incómodos para los gobernantes y

justificar así una desproporcionada represión de los mismos. El saber popular habla entonces de matar

pulgas a cañonazos.

Pero existe también —como casi siempre— el error contrario, tan simplista y nocivo como aquél.

Consiste en no dar importancia a los acontecimientos sociales, rodeándolos de una especie de cinturón de

silenciosa seguridad por un cierto temor reverencial a poner las cosas en su sitio. Se practica la política

del avestruz.

La primera de estas formas de razonar y proceder es propia del mas exacerbado totalitarismo; la segunda,

del más timorato de los modos liberales. Con ninguna de amba, mentalidades se llega a soluciones

postivas porque, en aquélla, la autoridad no se funda en la razón, y en ésta, sencillamente, la autoridad no

existe porque se desconece de intento.

La libertad individual debe ser respetable y respetada. Pero como hay tantas libertades individuales como

individuos de una comunidad, no cabe que por el ejercicio de una —o de algunas— de ellas se

menoscabe, perturbe o desconozca la libertad de los demás. El recto ejercicio de la autoridad,

indisdispensable en toda comunidad bien organizada, pasa por la conjugación de las distintas libertades de

sus miembros, dentro del orden común que los ampara a todos. La expresión de ese orden en el que cabe

la libertad exige la justicia, y la justicia pide, para su aplicación práctica, el apoyo de la autoridad.

Todas estas elementales consideraciones vienen a cuento en relación con la circunstancia española que,

por compleja, exige todo el mimo y cuidado del análisis de cada caso concreto. Pero, analizado cada

supuesto, si el ejercicio ciudadano, individual o colectivo, de la libertad, incide en la libertad de los demás

o rompe el orden jurídico, entonces la autoridad ha de aplicarse sin remilgos ni ambigüedades.

Las huelgas de claro tinte político casi diríamos que exclusivamente político— acaecidas en el país vasco

son, en sí mismas, reprobables. Los actos de los piquetes de huelga, impidiendo que muchos trabajadores

ejerciten su derecho al trabajo, son pura y simplemente delictivos. Una actitud de inhibición de la

autoridad ante el delito es intolerable en un Estado de Derecho. La dialéctica de la subversión es muy

simple: se busca un pretexto, se propone una alteración del orden y de las libertades de los demás, se

magnifica la algarada y, si hay lugar a ello, si la autoridad cumple con su deber de restablecer el respeto

debido a las libertades de los demás, se le acusa de intolerante, represiva e ilegítima. Hay que terminar

con el abuso del derecho que supone esa dialéctica. Por el convencimiento, por la razón y si hubiere lugar

por el ejercicio pleno de la autoridad Entre la supuesta libertad de los alborotadores para alborotar y la de

los ciudadanos para no ser impedidos en el ejercicio legítimo y ordenado de su derecho al trabajo —y no

sólo al trabajo—, no hay duda posible en la elección. El derecho, y la autoridad que lo respalda, está con

la libertad de los últimos y contra el abuso de los primeros. Únicos responsables de cuanto pueda ocurrir.

J. M. R. G.

 

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