El demócrata Rodó     
 
 Diario 16.    16/02/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

El demócrata Rodó

Algunos que por aquí tuvieron la patente de hablar sin poder ser replicados, de

hacer pasar como dogmas indiscutibles sus medias verdades y sus enormes

mentiras, no se han dado cuenta de que su pontificado ha tocado fin. Tal es el

caso del que se auto-bautizó como "hombre del milagro español", Laureano López

Rodó, que en su reciente intervención en la TVE nos hizo un nuevo alarde dé los

viejos sofismas con que antes nos gobernaba.

Ante el tema del reconocimiento del PCE, pedido por todos los demócratas,

incluidos los que están a muchos años luz de los comunistas, López Rodó insiste

en la conocida oposición al reconocimiento de Alianza Popular y nos sale con el

argumento de que allí donde han llegado al Poder los comunistas se ha acabado la

democracia. Bueno. ¿Es que se creen López Rodó y sus colegas que todos los que

piden el reconocimiento del PCE le quieren dar el gobierno? Quienes estiman

imprescindible un PCE legalizado lo hacen como lógica consecuencia de sus

convicciones democráticas. Quien no las tiene no lo puede entender. Y lo mismo

harían en el caso de que los budas de Alianza Popular fueran "deslegalizados",

hipótesis que, aunque divertida, no sería plenamente democrática.

Lo que está claro es que la situación legal de estos franquistas no se basa en

sus servicios a la democracia y a la convivencia pacífica entre los españoles.

Son muchísimos los que aun pidiendo el reconocimiento legal de todos los

partidos sienten tanta alergia por un gobierno controlado por los comunistas

como la que sentían por la dictadura a la que servían López y sus amigos. Una

cosa es reconocer y otra entregar el Gobierno. En las democracias hay unas

luchas políticas que se resuelven en las elecciones. Y los comunistas deben

participar, pero no es probable que venzan. Y en eso también se parecen a los de

Alianza Popular.

Posiciones como éstas demuestran lo improvisado del revoco democrático que se

han dado López y Cía y sus absoluta ignorancia del espíritu y mecanismo de una

democracia. Y olvidan, además, que a la hora de precaverse de los enemigos de la

democracia aquí lo primero sigue siendo evitar que ellos vuelvan al Poder. Su fe

democrática ya nos la mostraron abundantemente durante sus mandarinato. Puede

que los comunistas aniquilen la democracia, pero de lo que estamos plenamente

seguros los españoles es de que los lópeces baten todos los récords de

persecución de demócratas. Ahora que se habla tanto otra vez de milagros,

pueden aceptarse prodigios diversos pero cuesta trabajo admitir el de la

conversión de los dictadores en demócratas.

 

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