Autor: Lluch, Camilo. 
   Prejuicios sobre las Reforma Fiscal     
 
 Ya.    21/04/1977.  Página: 35. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

21-IV-77

Pag. 35 ya

PAGINAS

ESPECÍALES

DE

ECONOMÍA y SOCIEDAD

PREJUICIOS SOBRE LA REFORMA FISCAL

El ciudadano español padece una especial alergia al pago de Impuestos. Repele instintivamente cualquier

recomendación que le incite al cumplimiento de sus deberes fiscales. Teme más a los tributos que al

granizo y a las crisis económicas. Llega a considerar un timbre de honor la defraudación al Fisco y

califica de tonto al que declara sus verdaderos ingresos o beneficios. Ante esta realidad incontestable,

¿puede extrañar a alguien que los españoles tengan una verdadera aprensión al tema de la reforma fiscal?

Identifican la reforma con el pago de más impuestos y tienen muy buenos motivos para ello.

AFECTIVAMENTE, las sucesivas reformas fiscales que se han hecho en España, desde que en 1845

Mon y Santillán establecieron las bases del cuadro impositivo que con simples retoques y adiciones ha

perdurado hasta hoy, han tenido todos una exclusiva finalidad recaudatoria. La insuficiencia crónica de

nuestros tributos para financian al sector publico ha originado una preocupación obsesiva de los ministros

de Hacienda por el aumento de las cifras de recaudación, descuidando los otros objetivos fiscales, tales

como la justicia en el reparto de la carga tributaria y la tecnificacíón de la imposición. Da ahí que al

conglomerado de tributos actual no se le pueda denominar "sistema fiscal" sin violentar el significado de

las palabras y también que el mero anuncio d e una reforma fiscal se equiparé a una elevación indiscri-

minada de la tributación.

Por otro lado, nuestros impuestos son injustos o ineficientes. No tratan igual lo que es igual, ni desigual,

lo que es desigual. Discriminan en contra de las rentas del trabajo, cuya base imponible es conocida

perfectamente, y a favor de las rentas del capital y de la, empresa, que disponen de abundantes medios de

evasión. Penalizan a las pequeñas empresas, que operan en un marco de competencia en el que no pueden

trasladar los impuestos hacia sus clientes. Y dejan sin gravar los patrimonios, lo que beneficia

indudablemente a la minoría más rica del pais. Peror además de injustos, los tributos españoles son

gravemente ineficientes. Alientan la inflación, carecen de flexibilidad para adaptarse a los cambios

coyunturales, perturban la óptima asignación de loa recursos productivos, refuerzan, los desequilibrios

sectoriales y regionales, castigan al ahorro y distorsionan la Inversión. En suma, no contribuyen al

crecimiento con estabilidad de la economía española, sino todo lo contrario.

FINALMENTE, la ausencia de un control democrático del gasto público y el alejamiento de

sus unidades de decisión respecto de los administrados han creado un clima de recelo y de desconfianza

que ha contribuido a reforzar la prevención hispánica frente a los impuestos. No ve el ciudadano ninguna

relación entre el pago de los tributos y la satisfacción de las auténticas necesidades colectivas. Considera

el Tesoro como un pozo sin fondo, en el que desaparece una parte de su renta sin dar fruto para él y los

suyos. Y corrobora esa sensación su contacto con la Administración, cuya ineficiencia y deshumanización

le reafirman en su actitud.

Creo que, en general, ni los políticos ni l os economistas valoran adecuadamente la resistencia atávica del

español hacia los impuestos. La mejor ley de reforma fiscal fracasará si no se educa previamente al

ciudadano. Y no basta con que la norma sea democráticamente aprobada y que posea un alto rigor

técnico, si luego no tenemos una administración tributarla capas de aplicarla. Hay que mentalizar al

contribuyente y mejorar la gestión Impositiva para que la reforma fiscal sea algo más que un nombre o

una consigna electoral.

CIERTAMENTE existe un amplio consenso entre los grupos políticos sobre las líneas maestras de la

necesaria e inaplazable reforma fiscal, lo cual es reconfortante y esperanzador. Pero las opiniones sobre la

amplitud del sector público, la composición del gasto y su distribución espacial son tan divergentes que

va a resultar bastante difícil ponerlas de acuerdo en un marco democrático. Además, el hecho de

encontrarnos en la sima de la mayor crisis económica de la posguerra agrava los problemas que plantea

toda reforma del cuadro impositivo, porque en este caso se mezclan cuestiones coyunturales con otras

estructurales, lo que complica la discusión y agudiza las tensiones entre grupos, sectores y re. giones. No

se olvide que un sistema fiscal es el trasunto de la vida política, económica y social de una comunidad.

Decía Schumpeter que si le daban la historia fiscal de un país podía descifrar fácilmente su historia

política y social.

Por eso considero que algunas propuestas políticas sobre la duplicación inmediata de la dimensión del

sector público español rayan en lo utópico. Descuidan el efecto negativo de la resistencia de los

contribuyentes al pago de los impuestos, por muy democráticos y perfectos que sean éstos. Suponen que

el mero cambio político eliminará radicalmente la prevención de los españoles hacia el Fisco. Ignoran la

notable duración de. los hábitos sociales y el enorme peso de los prejuicios. Pecan, en fin, de un

irresponsable optimismo sobre la. posibilidad, de reformar las estructuras mentales en breve plazo y sin

traumas, olvidando las provechosas enseñanzas que la Historia nos ofrece.

PERO no menos utópicas son las recomendaciones de algunos economistas que, basándose en el bajo

nivel de la presión fiscal española, proponen elevarla, hasta la cifra media europea en un plazo de tres o

cuatro años. Estiman que los sistemas fiscales son trasplantables sin dificultades de. un país a otro.

Implántense los tributos europeos y tendremos "ipso facto", dicen, una recaudación similar a la de tales

países, Evidentemente, las cosas no son tan simples porque la perfección técnica de un sistema fiscal no

garantiza su eficiente funcionamiento ni la aprobación democrática del mismo asegura su efectiva

aceptación por la sociedad. Debemos huir, pues, del peligro de confundir los deseos con las realidades, en

especial en materia tributaria en la que tanta importancia tiene la psicología social. En tres próximos

artículos analizaremos los requisitos que debe reunir la, reforma fiscal para que no quede, una vez más, en

el capítulo de los deseos frustrados. Está en juego nada menos que el porvenir democrático de España.

Camilo LLUCH

 

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