Autor: Núñez Ladevéze, Luis. 
   Fascismo y comunismo     
 
 Diario 16.    11/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Fascismo y comunismo

Luis Ñuñez Ladevéze

Alguien podría argüir con aparentes visos de razonabílidad que si se le concede al comunismo, en tanto

ideología y en tanto estrategia, una capacidad de cambio y de atemperamiento a las nuevas circunstancias

de la sociedad posindustriál, habría que ofrecer al fascismo una oportunidad similar. Esta argumentación

es, sin embargo, falaz, por, que no se adapta ni a los hechos, es decir, a los signos detectables que

permitan presumir tan hipotética evolución, ni a las motivaciones profundas que pudieran impulsarlos.

Comencemos con las motivaciones. El comunismo, como ideología, no sólo ha sobrevivido

victoriosamente después de la segunda guerra mundial, sino que además se ha consolidado empíricamente

en las democracias formales. Y en aquellas que, como Estados Unidos, no ha conseguido estabilizarse,

carece de fuerza y en la práctica no ofrece ninguna alternativa real. El comunismo ha venido a convertirse

de este modo en parte "del establecimiento aunque sea un stablishment disidente de la sociedad

avanzada. Mientras que el fascismo, fulminado por el conflicto bélico y desechado por la conciencia

popular y la generalización de la opinión, se ha retraído a una ideología resentida cuya autodefensa, como

los niños acomplejados, sólo encuentra campo de expansión en la agresividad.

Una imagen nueva

Las motivaciones pueden explicar los hechos. El comunismo, y el caso español puede ser sintomático,

consciente de su viabilidad social y de su fuerza objetiva, ha modificado sus aspiraciones y métodos. Ha

dejado de ser una ideología resentida y radicalmente reivindicadora, para atemperar su léxico, su discurso

semántico, su actitud y su discíplina. Trata de ofrecer una imagen nueva, templada y tranquila, insistiendo

más, en la oposición de los principios que en el enfrentamiento táctico.

Al contrario, el fascismo ha aguzado su resentimiento al quedar excluido del campo de la opinión, con lo

que ha afilado su semántica, radicalizado sus actitudes y extremado su táctica. Los hechos prueban

diariamente que la violencia, sea o no sea disciplinada; la amenaza, esté o no esté controlada; la

provocación, sea o no más aparente que real, procede de la extrema derecha fascista. Los hechos y los

vocabularios empleados desmienten, pues, la posibilidad de una moderación del fascismo, cuya

incapacidad para el diálogo va unida a un inevitable repliegue histórico. Su propia impotencia para

adaptarse a las circunstancias de la sociedad avanzada suscita su agresividad latente, y el recurso casi

habitual a la coacción física o a la exaltación semántica como método de imponer sus convicciones

denuncia su incapacidad por considerar otra posibilidad de expresión ante la opinión publica. De otro

modo quedaría sepultado en la ignorancia o en la indiferencia.

Una opción de izquierda

Algunos ataques al socialismo procedentes de la derecha de la autoritaria y no muy civilizada

todavía toman como fundamento su proximidad al comunismo. Más bien, pienso yo, habría que

diagnosticar un movimiento contrario: el acercamiento, en todo caso, del comunismo dogmático hacia

posiciones tradicionalmente socialistas. Parece claro que trata de imponerse en Occidente un tipo de

opción de izquierda más uniforme y común que permita su presencia activa y eficaz en el juego

democrático. Por la derecha el fascismo queda, por sus métodos y su actitud, excluido de una posible

alianza. En definitiva, el comunismo está acabando de aceptar, su puesto como alternativa parlamentaría,

mientras que el fascismo acepta, conscientemente a no pero no resignadamente, su exclusión del juego.

 

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