La devaluación, a debate. 
 El "duelo" Pradoes Arrarte-Funes Robert terminó en tablas  :   
 La disparidad de criterios fue mucho más allá: el primero, partidario de un plan de estabilización "monumental", y el segundo porpone un programa expansionista. 
 Ya.    16/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

El "duelo" Prados Arrarte-Funes Robert terminó en tablas

La disparidad de criterios fue mucho más allá: el primero, partidario de un plan de estabilización

«monumental», y el segundo propone un programa expansionista

En tablas finalizó ayer el "duelo"entre los economistas don Jesús Prados Arrarte y don Manuel Funes

Robert, que se presentaron ante un nutrido auditorio con sus correspondientes argumentos acerca de la

conveniencia o no de devaluar la peseta. El coloquio-debate, que fue organizado por el Forex Club

Español, constituyó un exponento mus de la división existente entre los economistas del país—los

numerosos economistas y analistas financieros de la banca asistentes demostraron en el coloquio que

tampoco estaban de acuerdo—a la hora de aportar soluciones a la crisis económica española.

AI margen del duelo devaluátorio —el señor Prados Arrarte se ratificó en su criterio de devaluar sin

condiciones y el señor Funes reiteró la importancia de no hacerlo—, la disparidad de criterios fue tan

grande, que mientras el primero de los ponentes aseguraba que la problemática económica del país

requería "un plan de estabilización monumental", el segundo era partidario de un plan de expansión que

atajara la situación deflacionaria que, a su juicio, caracteriza al país.

La corta historia de un "careo" que no podía acabar de otra forma se había iniciado poco antes de

comenzar el coloquio. El señor Prados Arrarte aseguraba ante las cámaras de Televisión Española que

"después de quince años en que no ha habido libros, es natural que los economistas españoles no sepan

mucho de estas cosas" (economía).

Minutos después, el moderador, don Luis Ángel de la Viuda, cedía la palabra al catedrático de la

Complutense. Entre los argumentos de -éste para justificar !a devaluación de la peseta citó uno muy

simple pero a la vez, y a su juicio, revelador: si la oferta de pesetas es gigantesca (debido a las masivas

importaciones y cuantía de las partidas de pasivo de la balanza de pagos), y la demanda escasa

(contribuyen el turismo, los fletes y las exportaciones), se produce en sí un desequilibrio en la oferta y la

demanda, que por lógica debe hacer bajar el precio (tipo de cambio) de la peseta. "Sin embargo—añade el

profesor Prados Arrarte—, la ley de la oferta y la demanda no puede actuar con toda su lógica, porque el

Gobierno mantiene artificialmente por encima de su nivel real la peseta. Ello obliga a mantener un

endeudamiento de once mil millones de dólares—de ellos, seis mil millones son del sector público—, que

por alcanzar, probablemente, en 1977 los quince mil millones, están llegando al límite de lo que España

puede endeudarse. Italia, por ejemplo, ha llegado a endeudarse en 17.000 millones de dólares y el Fondo

Monetario Internacional ha tenido que intervenir poniendo condiciones". Puso, asimismo, el señor Prados

el ejemplo de cómo Gran Bretaña en los años treinta, con millón y medio de parados y la libra

sobrevaluada. se concíenzó unánimemente en la necesidad de devaluar. La aplicación de la medida la

colocaría en una situación mucho menos desfavorable que otros países.

El señor Funes, por su parte, afirmó que, en efecto, la devaluación es una medida eficaz contra una

previsible enfermad de la balanza de pagos, pero que este mal no existe, "y aun si existiera—añadió—, no

sólo no resolvería el problema, sino que agravaría otros que tiene el país". Reiteró más tarde el señor

Funes su conocida tesis de que España está actualmente en proceso de quema de excedentes

anteriormente acumulados: durante 1971, 1972 y 1973 las reservas de divisas aumentaron a un ritmo de

1.500 millones de dólares anuales—ciento treinta expertos del Fondo Monetario afirmaban en diciembre

de 1973 que España era la sexta del mundo por sus reservas—, y es a partir de 1973 precisamente, con el

comienzo de la crisis energética, cuando se empiezan a perder reservas, pero a un ritmo tres veces menor

que el que marcó el proceso de acumulación.

 

< Volver