Autor: Saiz, José Ramón. 
   La partiditis se acaba     
 
 Pueblo.    12/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

[LA PARTIDITIS

SE ACABA 1977

CUANDO se inauguró la nueva etapa monárquica, existían en España casi medio millar de pequeños

partidos o grupúsculos. En general, el régimen autoritario de los últimos cuarenta años, había dejado

minimizada a una oposición que estaba acostumbrada a la clandestinidad, sin coordinación entre sus

líderes, sólo iniciada con la constitución en París, en el verano de 1973, de la llamada Junta Democrática..

Por tanto, todos o casi todos los políticos de la oposición tradicional, han estado más o menos

esterilizados, viviendo durante las últimas décadas en el mundo irreal de la clandestinidad, si bien, en

algunas ocasiones, superaron esas dificultades. como el caso concreto, que significó un gran impacto para

Fraga, entonces vicepresidente del Gobierno de Arias, como fue la constitución de la felizmente

desaparecida Coordinación Democrática.

• Por entonces, escribíamos con frecuencia sobre la llamada locura de. la «partiditis», ya que no pasaba un

día —de aquellos de tolerancia progresiva—, sin que algún político anunciara la constitución de un nuevo

partido, escondido tras unas siglas, la mayoría de las veces difíciles de completar. Y así, se llegó a decir

sobre ciertos grupos, que en el caso de que se convocara el congreso del partido, los asistentes, líder

incluido cabían en un taxi y todavía sobraban plazas.

Sin embargo, después de los últimos meses, la situación de siglas se ha ido clarificando.

Afortunadamente, la enfermedad de la partiditis tenía un remedio eficaz y sencillo: las urnas. De esta

forma hemos visto, según se acercaban las elecciones, cómo los grupos que no son nada, desaparecían;

otros, terminarían por fusionarse o también desapareciendo y sólo los que ofrecían algún contenido.

avalado por su tradición, han conseguido sobrevivir.

Pero, paradójicamente, aún seguimos asistiendo a esa otra, llamémosla infección de la enfermedad de la

partiditis: las escisiones. Estas divisiones de partidos no son , empujadas por la basa — ya que,

posiblemente, apenas existía — _ ni siquiera poseen contenido ideológico, sino que vienen siendo no

pocas veces decisiones de fulano de tal o menganito de cual. Y ha ocurrido, que escisiones de ocho o diez

personas para formar un nuevo partido, sólo tienen la gracia de dejar debilitado en un cincuenta o setenta

por ciento al partido, original, Cosas de la transición.

| Felizmente, esto se acaba y llegan los partidos o coaliciones sólidas, fuertes y coherentes, capaces de

ofrecer opciones al electorado para que éste decida libremente con su voto. Por eso, ya es hora de que

esos cinco o seis grandes partidos se den definitivamente de alta y desaparezca ese festival al que hemos

ido asistiendo y que se confirmaba en cada celebración del Consejo de Ministros cuando se aprobaban los

partidos de este líder, aquél de más allá y que todos so llamaban «popular, «social» y «democrático».

Bien venidas, pues, las urnas, para acabar con la partiditis y la transición.

José Ramón SAIZ

 

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