Autor: López- Bravo de Castro, Gregorio. 
   Marxismo o libertad     
 
 ABC.    13/03/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

MARXISMO O LIBERTAD

AUNQUE la doctrina marxista afirma que «e/ capitalismo perecerá víctima de sus propias

contradicciones», estamos hoy todavía, en eí último cuarto de siglo veinte, a la espera de que se produzca

el modelo socialista en el que depositar una esperanza.

Más bien al contrario, parece que el sistema económico occidental ha sobrevivido grandes crisis y

mayores guerras, y ha conseguido transformarse, sin haber tenido, salvo en casos de extrema gravedad,

que renunciar a esa facultad indeclinable del hombre que se llama libertad.

Sí de una carrera se tratase, a ¡uzgar por los ´Signos externos, estaría claro quién iba ganando. Pero, ya

que la renta per cápita y el nivel de vida parecen símbolos excesivamente materiales de una realidad que

no es posible disfrazar, podemos acudir a los •signos internos» donde el combate, en pleno fragor, erróla

en estos momentos fuces reveladoras.

Para España, que se busca hoy a si misma en una sociedad pluralista y libre, la solución totalitaria de

cualquier signo no puede convenirse en una tentación. Gracias a que el régimen del general Franco no

sucumbió a la seducción totalitaria en lo económico en uno de los momentos más lúcidos de su historia,

está siendo y será sin duda viable, después del milagro económico de los años sesenta, el milagro político

de los últimos setentas que tanto está comenzando a asombrar más allá de nuestras fronteras.

Después de conquistado un nivel económico que por si sólo ha facilitado y hecho viable el progreso hacia

otros horizontes de igualdad y de oportunidad, la voluntad inequívoca de la gran mayoría del pueblo

español parece dispuesta a pagar —como amplisimamente demostró en el referéndum para la reforma

política— el alto precio de ese bien superior, que se llama libertad.

No parees, sin embargo, que este máximo expórteme de ía nobleza de/ hombre que es la libertad esté

mereciendo la debida consideración por parte de gobernantes de Ideologías afines a las de ciertos

políticos que en esta España nuestra levantan —ver bal mente— la libertad como bandera.

Cualquiera que haya leído con detenimiento el texto de la llamada «Carta 77, declarada ilegal por las

autoridades comunistas checoslovacas, puede darse cuenta de la terrible sima que separa las palabras de la

realidad en la dialéctica marxista. y hasía qué punto de enmascaramiento puede llegar el comunismo

internacional —¿o deberíamos decir el eurocomunismo?— para conseguir mejorar sus condiciones de

actuación en aras de un más efectivo logro de sus Irrenunciables fines.

Efectivamente, el fraternal y armonioso ´espíritu de Helsinki; refleiado en el texto del Acta Final de la

Conferencia de la capital de Finlandia, de 1 de agosto de 1975. a cuya firma no faltó dentro del

ámbito europeo, sino Albania, queda prácticamente írreconocibíe por (as noticias que nos llegan tanto de

Checoslovaquia como de la URSS y de otros países del este europeo que suscribieron asimismo el famoso

documento sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa y que parecen haberse olvidado ya de tan

recientes compromisos.

Recordaremos que el séptimo de sus principios del respeto de los derechos humanos y de las libertades

fundamentales, incluida la libertad de pensamiento, conciencia, religión o creencia, constituía un canto a

la libertad como fundamento inexcusable para la convivencia de los pueblos y. también, el acatamiento

explícito de los postulados contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El texto de ía «Carta 77, respaldado por la autoridad moral e intelectual de sus cuatrocientos firmantes, es

una denuncia de la sistemática violación de los derechos humanos y de las libertades democráticas en

Checoslovaquia. Su misma difusión clandestina supone que en dicho país no se aplica el principio de la

libre circulación de ideas y personas que esté enraizado en lo más profundo del sistema de convivencia

del llamado mundo occidental y del que son rroscritoe tos países que sucumben a la tentación del paraíso

socialista. Pero una denuncia mayor de dicha violación la constituye la persecución a que están

sometiendo a sus autores ¡as autoridades checas, ai igual que el recrudecimiento de la represión de los

disidentes en Rumania y en la URSS, donde las últimas estimaciones arrojan ía cifra de diez mil presos

políticos para los que las voces que piden amnistía en otras latitudes no parecen tener el menor de los

recuerdos.

Todas estas consideraciones, tan actuales, tan al tilo de /os ú/íímos acontecímientos. nos llevan como de

la mano a analizar el fundamento mismo de ese bien indeclinable que es la libertad, no como privilegio de

escogidos o iniciados, sino como derecho natural de todos los hombres, en cuya base nos encontramos

con tres ingredientes sin los que se nos antoja que la verdadera libertad no puede existir, igualad, derecho

y deber.

La igualdad adquiere un sentido pleno solamente en el mutuo reconocimiento del derecho a la libertad.

Aquéllos que pretenden el establecimiento de la igualdad por vías revolucionarias, tomando la revancha

como meta, están negando en su raíz la misma idea de igualdad. De aquí hay sólo un paso a la negación o

privación de las libertades públicas, como única forma conocida de mantener la dictadura, que nunca es

´del» pueblo propiamente dicho sino para el pueblo.

La libertad aumenta en la misma medida en que la legitimidad democrática se encarne en el orden

político, es decir, en cuanto esa legitimidad esté basada en un régimen de libertades públicas. Sólo en este

clima prosperará la educación cívica que hará viable el alumbramiento de nuevos talentos para la vida

pública y el mejor conocimiento de los problemas de la colectividad.

No puede existir lucha entre los conceptos de igualdad y libertad, si ambos se concillan dentro de la esfera

del Derecho. Todo aquél que valora de verdad la libertad aprecia ios limites de la misma, su inserción en

un orden de valores claros, ya que en gran medida las libertades públicas dependen de un orden legal y

constitucional que trace de forma inequívoca los límites y organice los procedimientos de defensa de las

violaciones, que serán tanto más posibles y previsibles precisamente en virtud de la existencia de esa

libertad. No en vano se ha dicho que la idea del Derecho es la noción de virtud introducida en el mundo

de las libertades.

Parece obvio que la libertad encuentra su perfección dentro de un orden que la hará efectiva. La creación

de dicho orden está dentro de la esfera del Derecho. Seria caer en una trampa pensar que se puede gozar

sin más del derecho a la independencia y a la igualdad sin asumir al propio tiempo los deberes que la

proyección comunitaria de la libertad impone, es decir, los deberes que dimanan del derecho de

ciudadanía.

A la idea primitiva de la libertad como independencia, sin contenido moral, Grecia añadió la idea del

deber de la ciudadanía y de la libertad pública. £1 ciudadano se debería a la ciudad y su libertad se

proyectaría en la participación en el gobierno de la misma.

El humanismo cristiano supo conciliar estas conquistas con la idea de una libertad que ennoblece 01

hombre por cuanto supera todos los bienes naturales revelando su naturaleza espiritual. Es asi como

aparece la idea de libertad no sólo como derecho, sino como la forma más completa del deber: obligación,

respeto de si mismo, de los otros, de la ciudad y de Dios,

Gregorio LÓPEZ BRAVO

 

< Volver