Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   La segunda línea de defensa     
 
 ABC.    21/09/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

21-09-1976

APUNTE POLÍTICO

LA SEGUNDA LINEA DE DEFENSA

Por José María RUIZ GALLARDON

Todos ustedes conocen ya el no rotundo de la Platajunta al proyecto del Gobierno de celebrar elecciones

en la próxima primavera. Los editoriales de ABC y de «Ya» del domingo último vienen a poner las cosas

en su punto. ¿Qué alternativa ofrece ese sector de la oposición? ¿Por qué se oponen a la celebración de las

elecciones? No hay respuesta válida por ahora. Por eso se rechaza desde ambos órganos de opinión los

maximalismos platajunteros.

Pero hay otro tema. «El País» aludía el sábado, a propósito de las próximas elecciones, a la vieja y

conocida frase de que «quien hace la ley hace la trampa». Esta simple sospecha de manipulación torticera

es el nuevo pico con que se quiere, desde las áreas de la oposición, socavar el prestigio democrático de un

Gobierno electoralmente imparcial. También «Cambio16» echa leña al fuego en esta segunda línea de

defensa —la primera, que el Gobierno no convocaría elecciones libres, la tiene perdida— de la oposición.

Habla de «cartas marcadas» y de «quitársenos por debajo de la mesa con una pata lo que se nos dio con

una mano».

Nada hay que permita dudar de la rectitud de intenciones y de la imparcialidad democrática del Gobierno

bajo el Imperio de la Ley. ¡Pues estaría bueno que el Gobierno se saltara las normas a la torera! Para

deshacer equívocos es recomendable que los suspicaces —en el fondo porque temen fundadamente que

van a perder las elecciones que han de celebrarse sin trampa ni cartón— leyeran el preámbulo del

proyecto de ley para la Reforma Política. Allí donde dice: «es asimismo condición esencial de la

democracia que las diversas corrientes políticas acepten como axioma que su auténtica fuerza no es otra

que la que se derive del número de ciudadanos que las apoyan a través de los votos. Por ello es obvio,

dentro de una concepción democrática, que en las actuales circunstancias no se pueden reconocer o

suponer como propias del pueblo aquellas actitudes que no hayan sido verificadas y contrastadas en las

urnas».

Si la oposición quiere ser consecuente consigo misma —lo cual no es fácil, dada la inconsecuencia entre

propósitos no confesados y expresiones conferidas—, lo que debería hacer es prepararse para las

elecciones. No hablar de trampas cuando nada indica que se vayan a producir. Y, en cualquier caso,

ofrecer algo más que un «no» sistemático y por que sí. Con revanchismos se pueden organizar algaradas

pero difícilmente se ganan elecciones y, más difícilmente aún, se gobierna aceptablemente.

J. M. R. G.

 

< Volver