Autor: García San Miguel, Luis. 
 La socialdemocracia, a la vista (II). 
 Las palabras y los hechos     
 
 Diario 16.    22/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

La socialdemocracia, a la vista (II)

Las palabras y los hechos

Sí, en vez de fijarnos en los programas, como hacíamos en el artículo anterior, nos fijamos en la praxis, en

lo que los partidos hacen realmente, las diferencias entre socialdemocracia, socialismo y comunismo se

difuminan bastante. Pues es lo cierto que, en la práctica, ninguno de los tres es revolucionario, al menos

en el Occidente desarrollado, que es al que me refiero ahora.

En efecto, los comunistas vienen preconizando, desde la época de Marx, la llegada ´´inexorable" de la

revolución. Algunos no se limitaban a considerarla "necesaria", sino también inmediata. Ahora parece que

el ardor revolucionario ha disminuido un tanto y, aunque se la sigue considerando "segura", ya no se la

considera próxima. Uno no sabe si emocionarse o sorprenderse ante la fe de estos profetas que anuncian,

desde hace un siglo no se pierda de vista que siga refiriéndome al Occidente desarrollado), un "paraíso"

que no acaba de llegar. Desde luego que el que la revolución no se haya producido todavía no significa

que no pueda producirse en el futuro, pero sí significa que es muy difícil que llegue. Ya van siendo

muchos y muy ilustres los revolucionarios que fracasaron en el empeño.

Democracia autogestionada

La suerte revolucionaria de los socialistas no ha sido mejor. Su revolución, esto es, la llegada dé una

democràcia autogestionada, es una idea muy noble a mí, al menos, me lo parece!, pero que, hasta ahora,

no se ha realizado en ninguna parte. Los embriones de autogestión que existen o están sofocados por la

estructura capitalista en que se inserían (Israel) o coexisten, en el plano político, con una dictadura

Yugoslavia y Argelia). Por eso parece derrochar optimismo Felipe González cuando escribe que "en una

sociedad moderna, industrializada, con una constitución democrática que permita el acceso al Poder,

mediante el crecimiento de la conciencia popular expresado en el voto, la alternativa socialista... es

perfectamente realibable" ´´´Qué es el socialismo", Editorial La Gaya Ciencia, 1976. página 20 .

Los comunistas tienen, al menos, en su hoja de servicios revolucionaria el haber hecho la revolución en

medio mundo subdesarrollado). Los socialistas no han hecho la suya en ninguna parte. Su expediente

revolucionario está, por ahora, en blanco.

En definitiva, lo que comunistas y socialistes hacen, en el Occidente desarrollado, no difiere

sustancialmenle de lo que hacen los socialdemócratas. Cabría deeir, quizá exagerando un poco, que, en

realidad, hay dos socialdemocracias: una. la de los que son socialdemócratas sin mala conciencia porque

creen que eso es lo mejor que pueden ser. y otra, la de los que son socialdemócratas sin saberlo, con mala

conciencia, sin reconocerse como tales. En este punto parecen tener razón los ácratas, cuando dicen que

todos los partidos de izquierda occidentales son una parte del establishment, son conservadores.

Mayor participación

Lo que, de hecho, pueden conseguir los partidos de izquierda en el Occidente desarrollado es una

participación mayor en el pastel, sin sustituir al cocinero. Y. en este terreno, la ventaja de los

socialdemócratas es evidente: no asustan al electorado anunciando una revolución que no van a hacer y

que les restaría votos. Participan en el Poder, a condición de no traspasar ciertos límites. Pero los otros

tampoco los traspasan y no participan en el Poder. Y no se trata de participar por participar, sino de que,

cuando no se participa, se encuentran muchas dificultades para defender los intereses que se representan.

Los socialdemócratas se dedican, en suma, no a anunciar el paraíso como hacen socialistas y comunistas,

sino a hacer algo más confortable este "valle de lágrimas".

Pero vamos a suponer que la revolución, aunque difícil, es posible. Parece claro que esa revolución sería

comunista y no socialista. Porque no se ve otro procedimiento para subvertir el orden establecido en el

Occidente que el predominio bélico de los países comunistas sobre los occidentales. Y, por el momento,

no cabe ni soñar con que los comunistas vencedores fueran a implantar la autogestión.

Ahora bien, ¿es el comunismo burocrático superior al capitalismo democrático? A mí juicio no lo es ni en

el orden político, porque elimina la poca o mucha libertad que existe en el Occidente, ni en el económico,

porque, aunque quizá reparta algo mejor, produce menos y la relación producción-reparto le es

desfavorable. O, para decirlo con un ejemplo: parece preferible una situación en la que unos vayan en

Rolls y otros en Seiscientos, que otra en la que todo el mundo vaya en bicicleta o... a pie.

La transformación del capitalismo habrá de hacerse, en resumen, gradualmente, desde el propio

capitalismo sin pasar por el comunismo, y habrá de tener por meta la democratización interna de las

instituciones, especialmente de la empresa. Habrá que avanzar lo que se pueda en dirección a la

autogestión, teniendo muy en cuenta, desde luego, que lo que puede avanzarse no es mucho y que sí se va

más allá de lo que las circunstancias permiten, en voz de avanzar se retrocede.

Luis C. San Miguel

 

< Volver