Latifundios     
 
 Pueblo.    13/06/1961.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

L A T I F U N D I O S

El Ministerio de Agricultura ha publicado una estadística de las provincias que tienen mayor

proporción de latifundios. Estos datos nos mueven a insistir sobre un tema que frecuentemente aflora en

estas páginas. El latifundio es un grave lastre de nuestra agricultura y necesita, al igual que el

minifundio, enérgicas medidas de corrección, si pretendemos lograr unas estructuras agrarias adecuadas a

las exigencias del desarrollo económico y, sobre todo, a los imperativos de la justicia social. En ocho

provincias españolas más de la cuarta parte de la superficie pertenece a fincas de extensión superior a las

250 hectáreas. Por orden de prioridad en esta lamentable situación son las siguientes:

Número de Número de Tanto por 100

Provincias latifundios de la extensión latifundios provincial

Badajoz ......... 1.622 45,1

Sevilla ............ 970 43,3

Cáceres............ 1.336 42

Cádiz ............ 533 41,9

Huelva ............ 498 30,2

Córdoba ......... 771 32

Toledo ............ 567 27

Albacete ......... 644 26.3

Con latifundios que ocupen parte de la extensión del país, en total menos de la cuarta pero

signifiquen una proporción importante, están Granada, con el 18,7 por 100; Jaén, con el 18; Salamanca,

con el 17,5, y Ciudad Real, con el 13,9.

Según datos de 1957, que no habrán variado en forma apreciable, en España, el 32 por 100 de la

superficie cultivada, corresponde a fincas superiores a las 250 hectáreas. Resulta interesante comparar

esta estructura de la propiedad con la de otros países occidentales. En Francia, país de una agricultura

envidiable, los latifundios sólo suponen el 3,2 de la superficie cultivada, considerando como tales a las

fincas superiores a las 300 hectáreas, ya que el límite de 250 parece privativo de España. En Italia, país

que está realizando un importante esfuerzo para borrar las diferencias regionales, las fincas superiores a

las 100 hectáreas suponen el 26 por 100 de la superficie cultivable, es decir, menos que en España, las

mayores, de 250. Y estas fincas superiores a 100 hectáreas, que aquí, comparadas con otras, nos parecen

normales, sólo suponen el 10,9 por 100 de la superficie de Inglaterra y el 5,2 de Alemania. Compare el

lector el diferente nivel de desarrollo logrado por estos países y saque las consecuencias, no olvidando

que la extensión de 250 hectáreas es el limite mínimo elegido para definir el latifundio. Respecto al

máximo, no hay tope, y, según nuestros datos, en España existe más de un millar de fincas con extensión

superior al millar de hectáreas.

La inquietud por el problema del latifundio no pudo estar ausente del I Congreso Sindical. En las

discusiones, los congresistas hablaron ampliamente sobre el tema. El señor Cerda señaló que sólo en una

provincia hay 600 fincas, cada una de las cuales supera las 2.500 hectáreas. Y recordó que en Andalucía,

región con las mejores tierras de España, es donde los trabajadores agrícolas llevan peor vida (recordemos

nosotros que la situación del campo andaluz ha inspirado una reciente pastoral del obispo de Málaga en la

que observó que "ni el concepto feudal ni el señorial de otros tiempos puede mantenerse en los tiempos

actuales".

Por su parte, el señor Espinosa preguntó en réplica a otro congresista: "¿Dar mas oportunidades a los

propietarios? ¿Más oportunidades en 1961, después de todas las que se les han dado desde 1939? Quien

en 1961 no esté en línea, es que ha perdido el tiempo y dañado, de paso, los intereses generales. Hay que

llegar a una profunda reforma agraria en función de las necesidades del pueblo español y ha de mostrarse

una voluntad decidida de llevarla a cabo. Lo venimos pidiendo desde 1934."

La forma en que muchos propietarios han perdido el tiempo en orden a la justicia social, aunque lo hayan

ganado más de lo debido en otro, la ha puesto de manifiesto el propio Caudillo al hablar en Córdoba, tras

su viaje por Andalucía, de las «diferencias irritantes» que había podido descubrir.

Estos hechos confirman la razón del I Congreso Sindical al propugnar en sus criterios para el desarrollo

económico de España la reforma agraria, que lleva implicada la transformación de «las condiciones del

latifundio y del minifundio que existen en nuestro país, y el asentamiento de colonos».

Esperamos, por ello, que. sin demora, se adopten medidas que prueben el decidido propósito de satisfacer

las peticiones del I Congreso Sindical, y de acabar con un mal de la agricultura endémico en nuestro país

y característico de países subdesarrollados.

 

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