Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
 Carta de Augusto Assía. 
 La odisea de tres ganaderos gallegos que pretendían importar novillas francesas  :   
 Se les niega el permiso cuando habían contraído deudas para instalar establos y comprar praderas. 
 Ya.    17/03/1967.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Carta de Augusto Assía

La odisea de tres ganaderos gallegos que pretendían importar novillas francesas

Se les niega el permiso cuando habían contraído deudas para instalar establos y comprar praderas

"Querido director: De las contradicciones, refriegas, polémicas que agitan a la inmensa mayoría de los

países en este momento de transformación por que atraviesa el mundo, le hablo a usted todos los días y no

voy a hablarle aquí hoy.

Me refiero, de momento, a algo mucho más concreto, menos baladí y más inquietante, como es el hecho,

no ya de que unos ministerios dicten disposiciones y den órdenes que contradicen las de otros sobre temas

concretos y administrativos que afectan a la coherente marcha del país, sino que un solo ministerio pueda

contradecirse a sí mismo y darle a un problema, en uno de sus departamentos, trato opuesto al que le da a

otro.

Quizá debido a que han visto cómo, probablemente por casualidad, después de una carta mía a usted, la

Central de Correos de Madrid se transformaba de un escenario galdosiano en una estampa acorde con la

de cualquier otra oficina europea, muchos de sus lectores han adoptado la costumbre de acudir a mí con

sus observaciones o sus experiencias para pedirme que se las comunique a usted, cosa que, claro está,

aunque sólo fuera por razones de tiempo y espacio, no siempre me es dado hacer.

Unos labradores gallegos me dan cuenta hoy de un caso que, por la solvencia de mis comunicantes, por la

significación de lo que les ha ocurrido y porque quizá no sean ellos las únicas víctimas, sino que haya

otras, no me atrevo a dejar de poner en conocimiento de usted, señor director, pensando que quizá con la

publicidad encuentre remedio.

USTED conoce, y para qué voy a hablarle yo de ello, la ex célente disposición que para aumentar la

producción de carne y disminuir la sangría que, en divisas, supone la importación de toda, clase de sus

productos dictó hará unos dos años el Gobierno.

Yo tengo cierta experiencia de ello debido a que yo mismo me acogí, para una finca de mi mujer, a sus

beneficios, y puedo decirle que pocas disposiciones de los últimos años despertaron tantas esperanzas en

el campo del norte de España y aún menos fueron puestas en ejecución con más eficacia y menos

burocratismo.

Ha sido un placer contemplar cómo lo mismo en Madrid que al menos en la provincia de La Coruña,

funcionarios que igual por lo que se refiere a los de arriba que a los de abajo actuaban con un amor a su

obra y un menosprecio del papeleo que no podía menos de calentarle a uno el corazón y reverdecerle la

ilusión sobre las posibilidades que aún pueda ofrecer la vieja piel de toro.

Para contribuir al aumento de la cabana nacional y su mejora, la acción concertada ha facilitado créditos a

los labradores y, por cierto, en condiciones no demasiado onerosas, a fin de que pudieran mejorar sus

instalaciones, extender sus praderas, hacer establos y, sobre todo, adquirir ganado de engorde.

Complemento de la acción concertada era la orden ministerial de 29 de julio de 1959 por la cual fue

liberalizada la importación de ganado de razas selectas para la reproducción.

Los tres labradores gallegos de que hablo se han acogido a la acción concertada y ésta le ha dado sus

créditos puntual y exactamente.

Los tres hicieron sus establos, extendieron sus praderas, mejoraron sus instalaciones, y en el mes de enero

último consideraron llegado el momento de pasar a la etapa definitiva, hacia la cual se habían encaminado

todos sus trabajos y todos sus objetivos: adquirir el ganado.

Después de vacilaciones y consultas decidieron, debido a las características de sus fincas, a favor de la

raza parda suiza y el sector de ésta adoptado en Francia. Presentándose, con decisión gallega, en París, los

tres labradores paisanos míos recorrieron durante tres días numerosas granjas de Limoges y Las Ardenas

hasta adquirir en condiciones bastante buenas, debido a subvenciones del Gobierno francés, setenta y

tantas novillas preñadas.

CUANDO mis animados paisanos. regresando de París a Madrid, se presentaron en la Dirección General

de Ganadería para pedir el permiso de importación, que interpretaban, con arreglo a las disposiciones

vigentes, sólo como un puro trámite, se encontraron con que la "central" de la Suiza parda no está en

Madrid, sino en León. "No se apuren ustedes, es cuestión de un par de días; enviaremos la instancia a

León y vendrá aprobada en seguida", les dijo el funcionario de la Dirección General de Ganadería, y, tan

bueno como su palabra, el funcionario tenía en efecto a los pocos días devuelta de León e informada con

todos los pronunciamientos favorables la solicitud.

Desde entonces han pasado mas de dos meses, algunas de las novillas han parido mientras esperan su

traslado a La Coruña, la cuenta de su manutención ha subido de día en día y los tres labradores han ido de

Poncio a Pilatos escuchando lo mismo en Pilatos que en Poncio la palabra española por excelencia

"mañana" hasta que "ayer alguien les ha arrebatado las últimas y engañosas esperanzas "descubriéndoles"

que probablemente las novillas no sólo tendrían todas su primer parto en Francia, sino que llegarían a

abuelas antes de que pudieran ver los verdes campos de la provincia de La Coruña.

"Lo que pasa es que — pero no se lo digan a nadie—hemos decidido no dejar entrar ningún ganado de

Francia debido a que los franceses no dejan entrar carne de cordero española en su país, alegando que

aquí hay epidemias de glosopeda y pernemonia", le fue contado a los labradores gallegos en el ministerio

de Agricultura, y a su vez, los labradores gallegos se preguntan: Si no podemos importar las vacas que

necesitamos, ¿qué hacemos nosotros con los establos, con las praderas y con las instalaciones que hemos

construido para las vacas? ¿Quién va a amortizar y pagar los réditos de los empréstitos que nos hizo el

Banco de Crédito Agrícola? Y sobre todo, ¿qué objeto tiene que el Gobierno invierta, para producir carne,

miles de millones de pesetas en créditos que se quedan convertidos en edificios vacíos, máquinas paradas

y praderas desiertas?

"Bueno, pero al menos, ¿quién os quita el champán que os tomasteis en París y la noche de la Place

Pigalle?", dijo uno de los que escuchaba a mi lado las espeluznantes, las atroces cuitas de los tres

labradores gallegos, echando a donde, al parecer, los españoles só1o pueden echar sus tragedias y sus iras:

a broma.

Muchas gracias, señor director, y disponga de su seguro servidor, AUGUSTO ASSIA."

 

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