Autor: Falcó, Enrique. 
   La regulación de precios de los productos agrícolas     
 
   04/03/1964.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA REGULACIÓN DE PRECIOS DE LOS PRODUCTOS AGRÍCOLAS

Se leen en la actualidad numerosos artículos en torno al problema agrícola, cuya importancia y gravedad es de todos conocida, y que requiere con urgencia una solución satisfactoria. Se proponen diversas soluciones para reformar la estructura agraria de nuestro país desde puntos de vista técnicos y jurídicos a fin de lograr, en este ramo de producción, empresas con los medios y la solvencia de las empresas industriales. Las cooperativas y la concentración de propiedades, en este momento se podría decir están de moda, y se recomiendan para casi todas las especialidades agrícolas.

Pero dentro de esta profusión de opiniones autorizadísimas, que sin duda se deben estudiar con detenimiento y en muchos casos aplicar en un futuro inmediato, se observa la ausencia casi total del empresario actual que con medios importantes desarrolle ya el negocio agrícola dentro de las estructuras a las que se idealizan como meta futura. Los problemas con que tiene que luchar ahora son, en realidad, los que afectarán a la mayoría de los empresarios agrícolas en el porvenir.

Por este motivo escribo estas líneas, esperando se animen otros empresarios agrícolas a dar también su opinión, que debe ser imprescindible por las razones expuestas.

La dificultad actual de las empresas agrícolas proviene de la estabilización, e incluso en muchos casos descenso, de precios de los productos agrícolas mientras, por el contrario, han aumentado muy considerablemente los precios de los elementos de producción.

La financiación en el campo es tal vez hoy día el problema más importante con que nos encontramos.

Conocido es de todos la bajísima rentabilidad del campo que no sobrepasa más que en cultivos muy especializados el 2 por 100 del capital. El capital circulante es elevadísimo y el dinero proporcionado por los Bancos, sumados todos sus gastos, está a un rédito que sobrepasa el8 por 100. Por otra parte, el Banco de Cré-dito_ Agrícola, que proporciona dinero en mejores condiciones, sólo lo hace para inversiones y nunca para capital de rotación. Los créditos hipotecarios proporcionan dinero en condiciones aceptables respecto al tiempo de su amortización, Pero a un interés altísimo, ya que se paga el 6,5 por 100 de interés y una comisión del 0,60, lo que supone, por lo tanto, un 7,10 por 100, al que hay que añadir todavía los gastos de constitución. Parece imprescindible, por lo tanto, revisar esta política económica, ya que obtener capital a un rédito de más de cuatro veces lo que se puede obtener, es motivo cierto de un retraimiento general del negocio agrícola.

Para la estabilidad empresarial es necesario conseguir una regulación de precios de sus productos, pues para una política económica sana no basta el "parche" que soluciona temporalmente la situación, pero no ofrece ninguna continuidad. Así ocurre en el ganado de cerda, donde es fácil demostrar que el precio de garantía de Comisaría a los ganaderos es un precio escasamente de coste, mantenido además únicamente por una temporada, en este caso hasta el 15 de marzo, olvidando que el negocio ganadero es continuo, como continua es la proliferación de las especies. En la actualidad son muchos los ganaderos que tienen solicitadas entrada de su ganado en los mataderos sin esperanza de matar su ganado en el plazo y con la incertidumbre de su valor posterior.

Hace pocos días se ha publicado, como información de la Dirección General de Aduanas, el déficit de 72.440 millones de pesetas en el Comercio Exterior durante el pasado año. Uno de los puntos que más hacen pensar es el aumento del 23,7 por 100 que han experimentado las importaciones. Así como los 26.822 millones de productos alimenticios importados con un incremento de 7.838 millones sobre el año anterior. La política de importaciones lógicamente debería ir sincronizada con la de producción nacional, ya que debe servir para mantener unos precios estables que sean justos para productor y consumidor y nunca para su desequilibrio. No debemos olvidar que la agricultura y la ganadería son negocios subvencionados en muchísimos países de igual forma que se sostienen muchos servicios, ya que se consideran una necesidad nacional de primerísima importancia.

Para los agricultores entraña gran dificultad la elección de cultivos por su bajísima rentabilidad. La remolacha, el algodón, menos en algunas zonas privilegiadas; las patatas, la aceituna y la uva, son cultivos bases de nuestra agricultura, cuyos precios actuales son casi los mismos que hace unos años.

Se inicia en estos momentos el Plan de Desarrollo en el que se anuncian 69.000 millones destinados a la agricultura, que resaltan la importancia dada a este sector que, con un 25 por 100 de la renta nacional, mantiene un 42 por loo de la población. Para la marcha feliz de esta nueva etapa que comenzamos, parece imprescindible el resurgir del campo de las circunstancias actuales; pero para esto se exigen soluciones inmediatas que todos esperamos.-Enrique FALCO.

 

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