Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   Hemos demostrado que sabemos comportarnos como europeos     
 
 Ya.    04/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 26. 

CARTA ABIERTA DE AUGUSTO ASSIÁ

HEMOS DEMOSTRADO QUE SABEMOS COMPORTARNOS COMO EUROPEOS

La capacidad del español para cerrar los ojos o abrirlos, viendo la viga en el ajeno, pero no la paja en el

propio, es uno de los hábitos mas desconcertantes del país . A pesar de los asesinatos y los atentados,

desde que se ha restablecido la Monarquía hay más justicia que antes

Querido director:

Qué es lo que tantas gentes, a las que (y no siempre con desagrado) uno escucha y lee, entienden aquí por

justicia, autoridad y orden, a mí me tiene perplejo.

Desde antiguo, a mí, señor director, me han tenido perplejo estos fenómenos que ocurren en nuestro país.

Y que no ocurren en ningún otro de Europa, por medio de los cuales un grupo impreciso de palabras,

metidas dentro de un envoltorio retórico que impide ver el contenido, se apodera de la razón y la

tolerancia para convertirse en un artefacto sentimental explosivo.

Cuanto más irreal es el contenido del envoltorio, más fuerte el explosivo.

Yo soy, la verdad, más bien afortunado en las reacciones que suelo provocar en mis lectores sólo en las

más raras ocasiones abusivas y que, por lo general, están saturadas de moderación, buen sentido y

perspicacia casi siempre, pero, de modo especial, si no concuerdan con lo que yo dije. Sin embargo,

cuando el otro día escribí sobre la "ikurriña", aunque yo creo que, visto a la luz del estado de ánimo actual

de un europeo cualquiera, ponía las cosas de un modo razonable, solivianté a más lectores que yo me

hubiera podido imaginar jamás. ¿Qué es lo que alegan los lectores?

Si alegaran que no hay más bandera que la roja y gualda nacional y sanseacabó; la cosa tendría su fuerza

lógica. Pero lo que alegan no tiene fuerza en la esfera de la razón y es ilógico.

Según muchos de mis comunicantes, si la "ikurriña" fuera la bandera vasca no habría nada, que objetar a

mi tesis, pero lo que hace mi tesis especialmente antipatriótica es que no es la bandera vasca, sino la del

Partido Nacionalista Vasco; de modo que cuando yo condeno que la insignia de un partido sea colocada al

lado de la nacional cometo un delito de clau~ dicación por lo menos y, quisa, de traición.

Leyendo las enfervorizadas misivas con los enfervorizados adjetivos, uno no puede menos de

preguntarse, señor director: ¿pero es que estas gentes ya se han olvidado totalmente de que hasta hace

sólo unos meses, hasta ayer mismo, y durante los cuarenta años del "glorioso Movimiento nacional", dos

banderas de dos partidos, la de la Comunión Tradicionalista y la de Falange, han ondeado continuamente

a ambos lados de la nacional, sin que nadie se rasgase las vestiduras o, mucho menos, calificase de

traidores a los que entonces nos gobernaban ?

De un régimen autoritario a la convivencia democrática

La capacidad del español para cerrar los ojos o abrirlos según sus deseos o sus aversiones, viendo la viga

en el ajeno pero no la paja en el propio, es quizá uno de los hábitos más desconcertantes del país y quizás

aquel que mas difícil va a hacer el paso desde un régimen autoritario a uno de convivencia democrática.

Lo que pasa con lo que aquí es llamado orden, autoridad y justicia, y la suficiencia, cuando no el gesto de

rectitud, con que tantas gentes se dan ahora el dan de pecho en nombre de las tres cosas, aunque mucho

más importante, es algo similar a lo que pasa con la "ikurriña", querido director.

Ya que un grupo de terroristas profesionales, probablemente reducidísimo, procede a asesinar, asaltar,

secuestrar a toda clase de gentes, lo mismo si se cuentan entre los más altos jerarcas de la vida nacional

que entre abogados, agentes del orden o, sencillamente, custodiadores de bancos, de tiendas o empresas,

toda la reacción que se le ocurre a no pocos españoles, entre ellos muchos de los que se sintieron tan

identificados tanto tiempo con el antiguo régimen, es reprocharle al Gobierno de Su Majestad y a la

Monarquía debilidad en cuanto a la justicia, dejazón en cuanto a la autoridad y timidez en cuanto al

orden.

Naturalmente que los asesinatos, los secuestros y los asaltos son todo menos cosas agradablesj y basta con

escuchar por la televisión al presidente o hablar con cualquiera de los ministros para descubrir que no es

el Gobierno quien menos percibe la angustia de la situación.

Qué es, empero, lo que quieren los adoradores del orden, de la justicia y de la autoridad que haga el

Gobierno ante la explosión terrorista,? ¡Lo que quieren nuestros adoradores de las tres cosas es que salgan

Adolfo Suárez, Alfonso Osario y Martín Villa por las calles de Madrid, pistola al cinto, disparando sobre

el que se les ponga delante f ¿Qué otra cosa puede hacer el Gobierno de su Majestad si, empleando todos

los resortes, todos los instrumentos policiacos que ha heredado del antiguo régimen, no ha podido detener

todavía a ningún terrorista

¿O es que aquello por lo que abogan nuestros tronantes profetas es por la resurrección de la ley de Fugas?

¿Para estrangular el terror del breve grupo de terroristas lo que quieren los profetas tronantes es que el

Gobierno de Su Majestad restablezca aquí el terror en masa con que, durante la guerra civil, dominamos,

cada bando, nuestras respectivas zonas y que, aún ahora, le pone la carne de gallina, cuando hablan del

comunista, a nuestros santos varones del orden} la justicia y la autoridad

A mí, señor director, me tiene tan alarmado que no puede tenerme más el terrorismo a pesar de, como ya

he dicho en otra ocasión, sus pequeñas dimensiones (pero un terrorista es un terrorista de más).

Hay más justicia que antes

Ahora bien, el hecho de que porque haya aquí terrorismo, coma lo hay en Inglaterra, en Alemania o en

Italia, haya que suponer que el Gobierno de Su Majestad carece de energía, me parece exagerado, como

me parece exagerado lo que quieren los adeptos de la energía, lo que, al parecer, es que fusilen a alguien.

Pero si la Policía, de cuya destreza es absurdo dudar, y que no la ha forjado la Monarquía, sino que la ha

heredado del régimen anterior, no ha podido, a pesar de sus esfuerzas, detener a uno solo de los

terroristas, ¡a quién quieren los "duros" que el Gobierno mande fusilar

Aunque soy, como todo ciudadano, partidario del orden, de la justicia y de la autoridad, yo no soy un

hincha de ninguna de las tres cosas; pero si lo fuera, aún me sentiría más identificado de lo que me siento

con la Monarquía y su Gobierno, querido director.

La, razón es sencilla,

A pesar de todo, a pesar de los asesinatos, de los secuestros y de los atentados, la verdad de verdades es

que, aquí, desde que ha sido restablecida la Monarquía, hay más justicia que. antes y, aunque tengamos

todavía mucho que hacer en este aspecto, no es poco lo que hemos hecho ya suprimiendo algunas de las

jurisdicciones especiales y devolviéndoles a los jueces muchas de sus prerrogativas. Tenemos más orden

porque, aun teniendo más libertad, no nos respetamos menos que antes y. excepto la que aplican los

terroristas contra todos nosotros, pocas veces, en un periodo de transición, han hecho menos uso de la

violencia unos españoles contra otros. Tenemos más autoridad porque, al menos en nuestra vida

cotidiana, hemos demostrado que no precisamos de una dictadura para saber comportarnos como

europeos.

Si algunos españoles dudan de todo esto, consulte usted el testimonio objetivo de un europeo cualquiera y

pregúntele qué España le parece mejor y le inspira a usted más simpatia, ésta o aquélla. Los extranjeros

no se dejan impresionar por los campos imprecisos de palabras que aquí nos gusta envolver en retórica y

ponerles un rótulo diciendo "explosivo", ni por el embudo con que nos gusta ver las cosas, el ancho para

nosotros y el estrecho para los otros.

De usted amigo y servidor,

Augusto ASSIA

 

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