Autor: Fuster i Ortells, Joan. 
   Dificultades del momento     
 
 Informaciones.    08/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

DIFICULTADES DEL MOMENTO

Pienso ahora en uu pareado que, si *• no recuerdo mal, puede leerse en algún rincón del Desierto d* Las

Palmas. Este «desierto» —que no tiene nada de tal— es un convento de padres carmelitas situado en la

Plana Alta, cerca de Castellón, y módicamente famoso entre los pueblos vecino por el licor que dichos

reverendos elaboran en su destilería. Quiza para sostener la tradición literaria de la Orden —Juan de

Yepes, Teresa de Avila—, un prior ya olvidado hizo adornar el local y sus dependencias Lpn numerosos

azulejos donde figuran ripios de estilo místico más o menos pintorescos.

Hermanos, una de dos: o callar o hablar de Dios,en la aleluya a que me refería. Y, en efecto, de vez en

cuando, las circunstancias Imponen esta especie de disyuntiva: o hablar de «algo» muy concreto o callar.

«Tertium non datur.» K incluso callar a menudo ya constituye una manera de hacer trampa. Los últimos

días, «en este país», han sido singularmente tenebrosos: sangrientos. ¿Cómo hablar de otra cosa? ¿Y

cómo callar?

Los acontecimientos han dado pie, en los papeles periódicos, a un torrente de declamaciones contra la

violencia. Nunca está de sobra esta literatura, mientras haya alguien que la tea. No creo, sin embargo, que

ello sea suliclente. Por lo contrario: la única posibilidad sincera de abordar el problema —el problema, y

no sólo los hechos que al fin y al cabo no pasan de síntomas, Implicaría sacar a la luz pública los trapos

sucios de fondo. Que es lo que, de momento, parece que se evita. No faltan conjeturas, y algunas no

precisamente descabelladas. Pero hay alguien que se calla: que calla. ¿Por qué? Ese «alguien», que Ignoro

quién es, pero que por oficio o beneficio está en la obligación de hablar, nos condena a los demás a un

silencio Involuntario. Los ciudadanos subalternos, como el lector y como yo, no sabemos salir de una

perplejidad —y a ratos, de una angustia— literalmente venenosa, y no es por ahí que se nos pueden pedir

confianzas y ni siquiera actitudes neutras o expectantes. La palabreja «credibilidad», recién puesta de

moda, hace aguas «u su aplicación inmediata.

Por Joan FUSTER

A uno le gustaría hablar, y no hay de que. Parece que no existe el menor deseo de despejar incógnitas, o,

por lo menos, de que sepamos los datos exactos del asunto, de los diversos •¿asuntos» —«affaires» se

decía an~tes— en trámite, ¿as llamadas a la consabida «serenidad», y la misma «serenidad» general, no

alteran la gravedad latente de la situación. Tras los entierros, los titulares de Prensa —orales o impresos—

nos distraen con anécdotas llamémoslas «políticas» de una mediocridad escandalosa: discursos, reuniones

y todo eso. Como si no hubiese ocurrido nada. Las propias precauciones que hayan podido tomarse para

que no se repitan Jos dramas, por más seguras que lleguen a ser, tampoco convencen. Un mundo de

sospechas confusas ha sustituido a los claros planteamientos de casi anteayer. Porque lo de anteayer, no

meaos cruento, ofrecía e&a ventaja: el maniqueísmo era aitldo. Hoy, cabe temerlo, mucho gato pasa por

liebre. Y alguna liebre por gato, con grave deterioro de su Imagen, dicho sea sin ánimo de ofender a

nadie... En fin...

Un instante de recapacitación permitiría comparaciones «favorables», sin duda. Peor las aguantan en otros

sitios: la Argentina, el UIster o la Italia democristiana, berlingueriana y papal. En todas partes cuecen

habas. ¿Por qué escandalizarse, pues? Es un punto de vista, por descontado. Sólo que estos paralelismos

se prestan a odiosas e inaceptables conclusiones: odiosas e inaceptables por falsas. En la «historia» —es

decir, en la «política»— nada es igual en diferentes tiempo o en diferentes tugares. Podrán reiterarse

determinados esquemas de detalle: el fanatismo, el ingrediente «mercenario», la urgencia reivindicativa

de tal o cual porción de sociedad. Pero eso es secundario. El caso celtibérico "es distinto. Y no por ser

celtibérico, ialto! Ya está bien de bromas americocastristas o sanchezalbornocistas, tan eruditas como

grotescas. «Spain IB different» promulgó el señor Fraga. [Y tanto! «Is dlfferent» España, y lo es

Venezuela, y el Congo, y la China, y Madagascar, y, por supuesto, Inglaterra, Francia, los U.S.A. y las

U.R.S.S. Y Ciempozuelos, y Altafulla» y Benimarfull...

Una consecuencia irónica —o penosa— del episodio es que, Interesadamente, hay quien hace correr la

voz de que la «culpa» es de 1» democracia: mejor dicho, de las supuestas innovaciones democráticas de

la Monarquía. Bien mirado, aún no hemos .salido de la normativa autocrítica precedente ni el

microcosmos de la íclase política» con poder teórico o íactual ha cambiado. Algo ha cambiado, si, y

gracias a Dios, o al diablo, o a quien sea. Un artículo como éste habría sido Impublicable hace cinco, diez,

más años. No es cosa como para agradecer, como quiere el ex ministro Fraga: no se trataría de una

«condescendencia» del Poder, al la hubo; es un «derecho* mío —y d« todo quisque— anterior a cualquier

ley de Prensa y a cualquier Fraga. Pero continúan otros vetos, otras vejaciones, otras alarmas. Ese

mediocre y desgastado «ideal» que es la «democracia liberal», el hórrido «Estado d* Derecho burgués»,

todavía es una peta solicitada al olmo.

Quizá el olmo dé peras. Nunca se sabe. No estará de sobras que el personal devoto invocase a las.

Virgenes y a los santos locales, de probada actividad taumatúrgica. La futura «democracia» hipotética,

naturalmente, no será una balsa de aceite. Lo más probable es que sufra muchas Inclemencias: de sus

enemigos Innatos y de las contradicciones explícitas en su despliegue. Liquidar una dictadura nunca fue

fácil, y menos cuando e&fta operación detergente ha de producirse en un contexto de crisis económica

internacional. Recuérdese lo >jue vino tras la evacuación del general Primo. El panorama que tenemos

por delante no es como para hacerse ilusiones. Tal vez no tardemos en T*T a don Santiago Carrillo de

chaqué, presidiendo la procesión del Corpus en Toledo. De más verdes han madurado. No sería yo quien

se lo wproonase a este señor, ni a nadie. Pero ase «mañana» idílico habrá de superar y desguazar el

embrollo actual. El polvorín inminente está ahí dispuesto. ¿Por qué no se atreven a «denunciarlo»? No

digo «desmontarlo»: sencillamente «denunciarlo», o sea, «describirlo».

Hermanos, una de dos...

Eso.

 

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