La viticultura y el desarrollo económico     
 
 Pueblo.    02/02/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA VITICULTURA Y EL DESARROLLO ECONÓMICO

LA importancia económica de la producción vitícola en España es bien conocida. Las dificultades con

que tropieza también, y de ellas nos lientos ocúpalo varias veces. El problema no es sólo español. Cada

vez resulta más manifiesto el paralelismo de los problemas económicos de los diversos países,

especialmente de los de una misma zona geográfica o estructuras similares. En la segunda parte del

informe Rueff Armand sobre los obstáculos que se oponen a la expansión económica en Francia, aparece

un capítulo dedicado a la viticultura. En él se dice.

"Por el número de personas que la practican —existe millón y medio de declarantes en la contribución

indirecta—, por su localización en ciertas regiones altamente especializadas y por la cantidad de agentes

económicos que intervienen, tanto en el estadio de producción como de la comercialización, la viticultura

ocupa un lugar importante en la economía francesa. Ahora bien, desde hace más de medio siglo, el viñedo

francés está en crisis."

Como se ve, el planteamiento podía servir perfectamente para nuestra viticultura. En Francia atribuyen la

situación, primeramente, a causas de orden técnico: los azares meteorológicos que hacen ilusorios cálculo

y previsión económica; la duración del proceso productivo y el carácter "perenne" de la producción, que

hacen imposible un ajuste preciso a las necesidades, y, por último, la infinita diversidad de las

condiciones técnicas de producción, tierras, climas, cepas, etc...., hacen del vino un producto poco

homogéneo, que no se presta a las reglas de una sana competencia ni a la disciplina indispensable de la

intervención estatal.

Quizá por ello las minuciosas reglamentaciones que los gobernantes franceses han dictado durante los

últimos treinta años no han dado el fruto apetecido. En cambio, hacen preguntarse al Comité Rueff

Armand hasta qué punto el estatuto vitícola, con las medidas proteccionistas adoptadas, constituye un

obstáculo a la expansión económica. Por otra parte, las exigencias de la Comunidad Económica Europea

no permiten mantener el "statu quo", aunque sólo sea por la amenaza que supone la viticultura italiana. La

complejidad del problema no ha permitido al Comité hacer más que un estudio de conjunto y trazar

directrices generales.

Respecto al mercado interior, observa que es difícil prever cuál será el consumo francés de vino en los

diez o veinte años próximos. El procedimiento empicado en otros productos consistente en admitir que la

actitud del consumo evolucionará de la misma manera que en los países de más alto nivel de vida, no es

valido para el vino. Obsérvese que en España o Italia se consume más vino por habitante que en países

más desarrollados. De todas formas, puede aceptarse que la elevación del nivel de vida y el crecimiento

de la población provoquen una demanda mayor de vino, especialmente de calidad, al menos en las

familias de rentas inferiores. En cambio, el estado de ánimo de las nuevas generaciones jugará en sentido

inverso. En Francia lo atribuyen a la campaña antialcohólica desarrollada desde hace cinco años. Pero en

España, sin necesidad de tal campaña, es apreciable el menor interés de las nuevas generaciones por el

vino, igual en el bar que en la mesa. Si se compensen, parece razonable prever que en el futuro se

mantendrá estable el consumo interior.

Las perspectivas del mercado exterior para Francia no son mejores. La autonomía de las antiguas colonias

hace temer una disminución de las compras de vino francés. En cuanto a los restantes países, parece que

al vino francés no le queda más salida que el Mercado Común. En Alemania y el Benelux, el consumo de

vino por habitante crece constantamente. Continuará así, a no ser que los Gobiernos tomen medidas

restrictivas para proteger sus producciones, en especial la cerveza. Pero el mayor riesgo en este mercado

procede de Italia. Escribe el Comité: "Ninguna legislación restrictiva viene a frenar (en Italia) la extensión

de las superficie cultivadas, ni el incremento de la producción y la productividad, ni el descenso de los

precios dé coste. Sin duda, esta libertad no actúa sin perjuicio de la calidad y, por consiguiente, de la

reputación de los vinos exportados, lo que, por el contrario, Incrementa la potencia competitiva de los

viñedos franceses, de calidad más segura y regular; pero el viñedo italiano seguirá siendo un competidor

muy peligroso, que se esforzará además por introducirse en el mercado francés." Además, el vino francés

sufrirá la competencia de los producidos a mejor precio en otros países mediterráneos, de los que cita a

Grecia, Túnez y Marruecos (¿por qué no España?). Por todo ello parece imprudente fundar la política

vitícola en un incremento notable de las exportaciones en años próximos, y se considera que debe ser

mantenido para el período 1965-75 la actual producción de 72 millones de hectólitros, con posibilidad de

incrementarla en cuatro o cinco millones si aumentan las exportaciones y no aumenta la presencia del

vino italiano.

En cuanto a las estructuras y condiciones de explotación, considera el Comité que en la actualidad no dan

el rendimiento máximo ni del trabajo, ni del capital, ni de las posibilidades técnicas. Muchos viticultores

obtienen una productividad baja, un precio de coste elevado y, por tanto, un ingreso insuficiente. El

rendimiento medio del viñedo francés es de 40 hectolitros por hectárea, y se considera que puede elevarse

a 60 e incluso a 70. Propone el Comité las siguientes medidas: mayor libertad, que permita una mejora del

rendimiento, sin perjudicar la calidad; facilitar el replantado de cepas, para favorecer la agrupación de vi-

ñedos en las regiones de mejores rendimientos; difundir métodos adecuados para incrementar los

rendimientos; fijar las dimensiones mínimas de una explotación económica sana.

Como se ve, un interesante estudio basado en las experiencias de un país viticultor como Francia, que

sería conveniente aprovechar en 1a parte que nos afecte.

 

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