Autor: González Muñiz, Antonio José. 
   El sacrosanto derecho a equivocarse     
 
 Ya.    19/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ACOTACIONES^ U* SESIÓN

El sacrosanto derecho a equivocarse

• Datante cuatro horas y cuarenta minutos de sesión, sus señorías estuvieron hablando del asociacionismo

sindical. Reproducción, en vista del éxito obtenido, de muchos argumentos, ya expuestos en la semana

legislativa anterior. Como los grandes razonamientos deben difundirse lo más posible, para lección de las

generaciones, aún volveremos a escuchar en la sala los mismos argumentos conocidos.

Y qué resultado legislativo ´ha tenido tanto decir parlero? Conseguir que la ponencia.—ren los artículos

segundo y tercero—ctimbia-se el vocablo "organizaciones" por "asociaciones" y en el artículo tercero

rebajar el plazo transcurrido desde la presentación de estatutos puin que las asociaciones adquieran

personalidad jurídica y capacidad ap obrar de "treinta días a "veinte días"

Ante tanto decir conocido por reiterado desde que comenzaron las sesiones hizo ayer ocho días, el señoi

Iglesias Selgas estaba UBL tanto confuso, y a primeía hora de la tai de dijo "Es muy difícil escuchar de

oído". ¿Hay, pues, otra manera de escuchar que no sea de oído? El excelente señor procurador ñas sumió

en una confusión. El padre diccionario dice "Escuchar :-#V}>litar ét oído paia oír".

El señor Maqueda Noé (Jlíeiía (Míe1 los trabajadores no, pudiesen afiliarse a mas de una asociación

profesional. El señor Esperabé de Arteaga sostuvo que como exme el pluriempleo tendrán que afiliarse a

una, o a dos, o a tres "Pero es que yo parto de una profesión muy bien remunerada", replicó fel señor

Maqueda Noe, es decir, tenía su punto de arranque en una utopia Como era un horizonte utópico, no logró

su intención

Algunas señorias volvieion—¡oy los recuerdos—SMS voces argumentales al pasado. Las señorías

sindicales están muy valientes " Los que vengan o los que ahí están no van a enseñarnos nada, sabremos

defendernos" Tiernos escuchado Bien Peto Colton sentencia. "Volver la vista «tías es una cosa y marchar

Inma atias otto," Algunas señoiias volvían Irt vista at>as y sus palabtas, acto seguido, las hacia retroceden

en €1 tiempo.

iY qué afán de complica! lo sencillo acaso poi pa^ai la tarde hablando´ Esto sucedió en el articulo -

egundo—comenzó a discutirse el viernes -a mediodía y se continuó ayer hasta mediada la tarde y algo

más—, donde los señores Esperabé de Arteaga y Fernandez Sordo tuvieron palabras llenas de razón "Este

artículo—vimeion a decir ambos—debiera pasar sin discusión."

óQtié es, en íesumen, esta ley? El señor Esperabé de Arteaga, antes de" responder a la pregunta cjxie

hace, pide indulgencia por lo que va a añadir a continuación; no quiere molestai a nadie; no desea irritar a

ninguna señoría; no se piopone ieVantai una polémica. Esta dispuesto, nada mas, a que no se desvio la

atención del fin primordial del proyecto de ley.

>,(¿ue es esta ley " Esta ley—define el señor Esperabé de Arteaga—es pata sustituir la Central Nacional

Sindicalista y el Sindicato único y vertical pot las centrales obreras paia que salgan df las catacumbas en

que se encuentran y &us líderes de la cárcel" Rumo-/es en la sala Y esta afirmación del procurador

familiar poi Salamanca "Si, señores del iumo), es solo pata e&o"

Nadie se atrevió después a llevarle Ma contraria, pese a la maieja dilla fonética de los rumores levantados

vA que, pues, queier ponei tantos condicionamientos en el piecepto tanto decir detalladamente lo que,

deberán hacer las asociaciones sindicales que es,ta ley va a legalizar ¿Quienes somos nosotros poi hacer

esto? Estas preguntas nacen en la boca ctel señor Fernández Sordo

"Lo Internó de cada asociación—insiste el señor Fernández Sordo— no sera mas que !p que lo»

empresarios trabajadores crean conveniente. ¿A qué deciilo aquí nosotros´ El deiecho a equivocarse es

para mí sacrosanto; así que no pongamos en la ley limitaciones"; En uso del sacrosanto derecho a

equivocarse cada señoría, dijo después lo que mas conveniente creyó. La ponencia, en un gesto de

humildad, dijo que como no creía estar equívoca, mantenía el texto.

Otras muchas magnificas intervenciones hemos escuchado durante las cuatro horas y cuarenta minutos de

sesión. Intervenciones magníficas oídas que no caben en este comentario y que obligarían o, escribir un

libro. Pero os lo digo para que sepáis q_un sus señorías son largas de lengua y cortas de hechos.

A. J. G. M.

 

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