Autor: Sentís, Carlos. 
   La defensa de los ofendidos     
 
 Informaciones.    15/02/1977.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

La defensa de los ofendidos

Por Carlos SENTÍS

TODOS nos admiramos ´Je que los portugueses hayan transitado durante más de dos

años por un período

político controvertido y revolucionario sin que hayan quedado tendidas en el

suelo más allá de tres o

cuatro personas.

•Es que loa portugueses son muy blandos, se ha dicho por ahí.

¿Blandos? Dialogantes y sosegados para la política sí que son. Que no blandos.

De eso, nada. ¿Cómo se

puede llamar «blandos» a quienes han descubierto, conquistado y colonizado

continentes. Islas y mares?

Son, por el contrario, lanzados y valientes. Sobre los años cuarenta, pasé una

larga temporada en Lisboa y

recuerdo haber visto más de una vez cómo resolvían los automovilistas, taxistas

o no, sus querellas de

tránsito: sin mediar palabra, sin insultarse ni perder tiempo, se liaban a

tortas Tras lo cual, volvían a sus

vehículos y continuaban su marcha,

El español, tanto más violento en políica, quizá no es tan de armas tomar en a

esfera del cotidiano vivir.

Ahora mismo acabo de leer en algunos de nuestros periódicos lo ocurrido en la

localidad portuguesa de

Longrovia: indignados porque la Policía había puesto 8n libertad a dos

violadores de dos chicas

estudiantes, la población de Longrovia —«Fuenteovejuna. señor»— linchó a uno de

ellos. No pudieron

con el segundo porque la Guardia Nacional local pudo recibir refuerzos de las

poblaciones inmediatas y

disparar tiros al aire, como aviso previo. Y eí despacho de la agencia que

reportaba el hecho, terminaba

textualmente asi: E! año pasado un mestizo acusado de robo fue linchado en

Lisboa durante los

funerales d& dos trabajadores que habían sido asesinados y despojados da sus

salarios.»

No es cuestión de justificar la ley de Lynch, que tanto ha servido para atacar a

los americanos, como si

solamente en los Estados Unidos se hubiera practicado la ejecución inmediata de

un criminal hallado

«Infraganti». En todos los países o territorios mal dotados de servicios

policíacos y montajes Jurídicos ha

solido practicarse este cruel y tan equivocado procedimiento. Además en él cabe

a menudo el error

Irreparable. El Juez Lynch autorizó este método de hecho conocidísimo en Europa,

en el siglo XVII,

cuando Norteamérica no era Independiente y en Virginia estaba ta «frontera que

en épocas más modernas

se situó en el Oeste Lo peor es que semejantes maneras de tomar» IB Justicia por

su cuenta se prodigan

donde hay todavía menos explicación. En nuestro mismo siglo ha sido el

linchamiento bastante corriente

en los Estados sureños de la Unión Americana contra negros no siempre culpables

de violaciones u otros

delitos da carácter mayor. En el «Far West» no se había asentado la autoridad

judicial o policíaca; en

Alabama o Georgia ya era otro cantar...

Dios nos libre de la justicia tomada por mano, porque de ella es el reino de´

abuso, del error y de la

venganza tantas veces desproporcionada.

Mas. ¿qué hacer cuando no actúa, fracasa ¿t no son eficaces la Policía y los

Jueces encargados de hacerla

respetar? Toda carencia —por unas u otras razones— conlleva el fatal paso hacia

la acción directa de los

desesperados ciudadanos, Se vuelve, así, por caminos de defensa propia y hasta a

veces explicable a la

ley de la selva.

En semejante situación se está viviendo en estos mismos momentos en ciertas

partes de Italia. Aldo

Moro acaba de decir en Madrid, a donde fue para asistir aí congreso" de los

partidos demócrata cristianos,

que se reformará (a Policía y la judicatura italianas para hacer frente de

manera más eficaz a fa, oleada de

secuestros y terrorismo en general que se abaten sobre la península. Bien;

esperemos los resultados. Pero

mientras éstos no lleguen, la tentación de! ciudadano a tomarse la justicia por

su cuenta será muy grande

y progresiva.

Las crónicas más recientes nos han hablado de un señor de Palermo al cual le

raptaron a «u esposa,

bastante más joven que él. Pagó el rescate. Pero bien se lo cobró más tarde. En

su misma Sicilia contrató

una banda conectada de algún modo con un hermano suyo, para que practicara les

pesquisas necesarias y

obrara «en consecuencia». Resultado: seis muertos, uno 8 uno y por su orden.

Localizado el primero, se le

hizo hablar por procedimientos feroces que le costaron la vida Obtenida la

información, fueron a por

ellos en tiempos y lugares separados Los «Justicieros terminaron la labor. Pero

el marido vengador no ha

conocido eí reposo. La Policía, también siguiendo e´ hilo hasta el ovillo, dio

con á! y ahora está,

naturalmente, en la cárcel. Desde su celda proclama: «Si todo el mundo hiciera

como yo, pronto se

acabarían los secuestros en Italia.

En Francia, en proporción menor y menos al estilo del neorrealismo de película

de Rosellíni, también

acaba de ocurrir un hecho que sirve de buen ejemplo a nuestro aserto: modesto y

solitario, un pequeño

burgués habla visto cómo, sin detención ninguna, hablan, ios ladrones, visitado

y robado su casa una y

otra vez. Desesperado, conectó a un transistor de muy buena marca un artefacto

explosivo Para cubrirse

de futuras inculpaciones. puso al mismo tiempo, en la verja de su modesto

pabellón, un letrero.

En lugar de avisar que había un chien méchant» o perro mordedor, escribió

simplemente: «Peligro de

muerte», como en los cables de alta tensión. Loa ladrones volvieron a las

andadas. Del letrero. ni caso. El

resultado no se hizo esperar; una vez en el salón, uno de los dos ladrones se

acercó rápidamente al

transistor y. para probarlo, le dio al botón. Un estallido le mató en ei acto y

malhirió a su compañero.

También el pequeño burgués del transistor ha sido inculpado por el juez., ante

la indignación y el

escándalo dsl vecindario, que había aplaudido sin retención su trampa tendida.

La vista da \s causa está

pendiente y, entretanto, la discusión es muy viva en el departamento donde

ocurrió el hecho, e Incluso en

toda Francia. Ei propietario dice y repite que él ya avisó que había peligro de

muerte si se entraba en su

casa. «El que avisa no es traidor». El juez, sin embargo, aduce que la represión

montada por e´

propietario estaba en desproporción con e! delito que intentaba castigar

SI no estuvieran tan hartos, en Francia, de (a creciente delincuencia,

especialmente juvenil, el tema no se

hubiera hecho tan polémico ni hubiera trascendido más allá de! vecindario de una

pequeña población.

Ahora abundan los que aprueban aí autor de la trampa, aunque pudiera ser, como

fue, mortal. L*

reacción, en casos semejantes, es mayor en Francia que en Italia. Hace un par de

semanas. en una

encuesta pública llevada e término antes det Juicio de Patrick Henri, autor del

secuestro y asesinato de un

niño de pocos años, el 60 por 100 de ios interrogados se declaró favorable a la

pena de muerte qua

automáticamente deberla aplicarse —dijeron muchos. como eco a lo que apuntó un

día el ministro del

Interior— a todos los secuestradores y asesinos de niños. Tanta fue ia que se

armó, que justamente por lo

que algunos magistrados consideraron una inadmisible presión de !a opinión

pública sobre la justicia, el

joven asesino, Patrick Henri, vio su pena reducida a cadena perpetua (hoy. con

buena conducta, de quince

a veinte sitos), en lugar de la guillotina, actualmente enmohecida.

Mucho antes de estos ejemplos tan feroces y tan mortales franco-italianos que

acabo d« citar, recuerdo w

produjo en Inglaterra otro caso similar, aunque no trágico, porque no hubo

muerte de hombre y porque,

hace doce o quince años, la delincuencia no se había lanzado por la pendiente

vertiginosa de la «Naranja

mecánica.. El «Bircoleur» de esta previa venganza, un Inglés muy típico y de

tranquilo vivir, Instaló un

simple fuelle apoyado en el interior de la puerta de la caja de caudales de su

despacho u oficina. E!

ladrón* después de conseguir abrirla, no vio nada. No tuvo tiempo. El fuelle o

resorte disparó sobre su

cara un objeto contundente de hierro, a consecuencia de lo cual perdió un ojo.

Quizá, en este caso, al juez

no hubiera intervenido «motu propío» porque nadie falleció. Pero sí lo hizo a

Instancia de parte: el ladrón

puso un pleito al robado y pidió una indemnización proporcionada a su parcial

invalidez para e) trabajo.

¿Qué trabajo? Ei juez falló en su favor, aunque rebajó la cuantía da !a

indemnización reclamada. Ei juez

también hizo el consabido razonamiento: ta pena, la represión, debe estar en

proporción al .delito

cometido. El señor Inglés recurrió y dijo: «De haberme robado lo que había en la

caja también me hubiera costado a mí "un ojo de la cara".No le valió ef

argumento de Talión, por que 41 no habla sido

todavía robado. Ei «más vale prevenir que curar» no funcionó en favor de! de la

caja dos veces fuerte.

Gracioso, en lo humano y en lo jurídico, el hecho. Producto, sin embargo, de

otros tiempos de tantos

menos delitos Ahora, sobre todo los de sangre, empiezan a enfurecer a (os

pacíficos ciudadanos de íos

lugares más castigados por ellos. En Nueva York la población aplaude cuando

alguien da lo que se llama

su merecido» a un criminal. No mucho más de un 10 por 100 detiene la Policía

cuando son crímenes

menores. No son bastantes tos defensores del orden hoy existentes.

«Necesitaríamos —dijo el entonces

alcalde Lindsay— bastante más del doble de la dotación de que disponemos.» Algo

de eso reflejaba una

violenta película bastante desagradable; «Taxi driver».

Loa criminales disponen de medios técnicos hasta hace poco insospechados Los

robos de Bancos en

Francia, como el mismo recientísimo robo de una joyería en Barcelona, demuestran

el utillaje de quienes

pueden (legar a las cajas de caudales perforando los techos de! •Rififí»; las

paredes, como en Barcelona, o

el subsuelo, como en Niza.

Se ha dicho que cuando se inventa una nueva arma surge en seguida el escudo

contra ella. Hoy la

sociedad no está bastante escudada.

 

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