Autor: C. R.. 
   Los procuradores     
 
 Arriba.    28/11/1976.  Páginas: 3. Párrafos: 15. 

LOS EPISODIOS NACIONALES DE

Carmen RIGALT

El bar de las Cortes; Cotilleo de la gente inactiva, corre-ve-y-dile de rumores intencionados, enchufismo y

favores. Es como ya mercadillo.

EL Procurador es un tio que, por definición, se paso la vida procurando o haciendo que procure

Eí Procurador en Cortes concretamente —v a m os a dejarnos de rodeos—. de puro procurador, es

como un padre Ero como un podre de lo Patrio. Porque ahora, desde que saltaron o )a palestra las

debilidades de la vida moderna, se han puesto en entredicho muchas "paternidades. El Procurador,

procuro, y luego, a quien San Antonio se Ja dé, San Pedro se lo bendigo Luego, a votar y

marchando, que es gerundio.

DE UAS COPAS Y OTRAS DEBILIDADES

Estamos en ias Cortes Primero hay que hacer un poco el paleto delante de tos leones, a ver si son tan

fieros como los pintan. Tienen que serlo, porque están paridos.

Un par de muertes toan cincuenta días está dentro Je los límites normales y lo único que prueba es que los

procuradores se van haciendo viejecitos geééPere a los progres les hacen el feo. Claro que los

Procuradores progres se pueden contar con tos dedos de la mano derecha por cañones de Ja guerra de

África. El león avisa, y el que avisa no es traidor. Nos espera un mundo de sorpresas, así que no vendría

mal pasarse por el bar o recuperar fuerzas.

El bar de las Cortes, es toda una institución, Alíí recala el funcionario para tomar café, hacen antesala los

políticos que quieren ver al señor Presidente; se cuece el cotilleo de la gente inactiva; lo puesta a punto de

los que llegan de provincias y están «in albis»; el corre-ve-y-dile de los rumores intencionados. En los

días de Comisiones y Plenos, el bar parece un mercadillo. Ei enchufismo, los favores, van qué vuelan. Se

sabe de un político que en cierta ocasión le compró una recomendación a otro político a cambio de un

hermoso ejemplar de toro bravo. También el bar ha sido testigo de algunas anécdotas sonadas. Se

recuerda, por ejemplo, una bronca entre Molina Jiménez y Fidel Carozo, que fue la mar de sonada. En el

bar se sabe todo. Parece un gallinero. D»cen algunos Procuradores, para justificarse, que esto es debido a

tes malas condiciones acústicas del local. Ya.

Entre ef bar y el salón de sesiones están los pasillos, los célebres, históricos, pasillos. Por los pasillos no

sólo se pasa, sino que se aprovecha pora hacer un aparte con un amigúete, sobar a un Ministro o,

simplemente, para ver la procesión. En el pasillo, tos tapones dan mucho de sí; circunstancia que algunos

periodistas utilizan como fuente de noticias. Otro punto estratégico iwo iniuiiim-dores son las cabinas

telefónicas, donde es relativamente fácil enterarse de cualquier conversación, pues con el follón reinante

se impone hablar a grito pelado.

Pero un político no hace Cortes, como un árbol no nace bosque, así que un día normal y corriente, por

cada Procurador que aterriza —suponiendo que aterrice alguno, que no está nada claro—, digo que por

cada Procurador hay veinte procuradoras del papel de calco, señoritas políticamente contaminadas —

contaminadas a favor— o políticamente frígidas, quiero decir asépticas. Las Cortes son el paraíso del

funcionariado. Reino la tranquilidad, el trabajo moderado y ese agradable paréntesis del café con leche a

las horas de recreo.

EL BULLICIO

Entramos en acción. Los días de Comisiones o Pleno se pone el personal de un nervioso subido. Aquello

parece el Metro en hora punta. Los políticos españoles suelen llegar bastante tarde a las sesiones, no se

sabe si por el mal endémico de la pereza o es que deliberadamente ie quieren robar minutos al

aburrimiento. Desde que se abre la sesión hasta que están todos con el culo en sus asientos pasa un buen

rato. Parece ser que el último en llegar es siempre José Ramón Alonso, detalle que no ha pasado

inadvertido a los ojos de los periodistas.

Y empieza el número. Un Procurador nace, se hace, se reproduce y, finalmente, o cesa o se muere. Al

Presidente los ceses le traen mayormente sin cuidado, pero con la muerte siempre tiene una atención.

Cuando se abren las sesiones, sus primeras frases son para dar el pésame y glosar en dos palabras a los

desaparecidos. A juzgar por la frecuencia con que se repite este rito, una diría que las Cortes tienen un

gafe especial. Tampoco es eso. Un par de muertes cada cincuenta días está dentro de los límites normales,

y lo único que prueba es que los Procuradores se van haciendo viejecitos. Natural. Algunos llevan lo

intemerata. Por ejemplo, hay un por. centaje enorme de políticos que son fundadores y están desde la

primera legislatura. Vienen a representar, más o menos, de un 15 a un 20 por 100. Entre´ ellos, Dionisio

Martín Sanz, Raimundo Fernández-Cuesta. Nieto Antúnez, Martín Artajo, Girón, Lamo, de Espinosa,

Pilar Primo de Rivera, etcétera. Curiosamente, estos son los que más sobreviven. Hay también unos

cuantos ejemplares que. fueron Diputados cuando la República, verbigracia, el conde de Mayalde y

García Valdecasas, o «mismamente» los carlistas Zamanillo y Valiente. Pero volvamos a la vida.

Procuradores hay ricos y pobres, porque todavía hay clases y clases, eeme en todo; La movería sin

embargo, suelen igualarse con el uniforme del hombre de hoy: traje oscuro, camisa antiarrugas y

corbata de trote. Destaca, éso sí, la .elegancia det Presidente del Gobierno, que hizo un verdadera

despliegue de vestuario durante ei último Pleno. Cinco sesiones, cinco trajes, a cual más chic. Y las

camisas, todas de color, preferentemente azul claro y amarillo pálido. Pero como tampoco se trata de

poner por tas nubes a nadie, advertiré que a uno de tos trajes ie faltaba un botón. En cuestión de elegancia,

fe pisa los talones al Presidente Suárez un representante técnico sindical, de ta rama textil, que más que

un Procurador en españolas, por to bien forrado que va el tío. Antes estaba también López Rodó, un

verdadero maniquí de la elegancia aunque, justo es reconocerlo, en vez de pasear telas españolas paseaba

siempre te. tas italianas. Y no. Porque ya to dicen los diplomáticos: ni españolas ni italianas; las telas,

inglesas

A las Cortes lo que le ha faltado siempre es un detalle de fino sabor deportivo, una chaquetilla de ante o

un cuello mao. La Historia ya se ha encargado de que no se infiltraran las malas costumbres, pues nunca

se sabe qué hay detrás de un cuello mao o de una chaqueta de doble faz, pero pongámonos en lo peor.

Hace años, un político entró en la sala de sesiones sin corbata, y Joaquín Bau le llamó la atención, con lo

que el Procurador se quedó escurridísimo. Bau también prohibió que entraran bebidas en las Comisiones.

Ahora sólo se sirve agua mineral, y van que chutan. Por anécdotas que no quede: en tiempos de la

República, un Diputado se levantó para preguntarle al Presidente si podían quitarse la chaqueta —es que

cuando el calor aprieta, las Cortes parecen las calderas de Pedro Botero—,. a lo que ef Presidente,

haciéndose cargo de lo situación, respondió: «Cada uno la suya.»

El protocolo de las Cortes establece que se juren (os cargos en atuendo de gala, pero este es un detalle que

muchos Procuradores se han pasado por el arco del triunfo, y cada vez más el político utiliza el traje

oscuro para tas labores propias de su oficio. Es que, para hacerle caso a todos los protocolos de la vida,

hay que ser por lo menos Analía Gadé, y tener un vestuario de dos millones de pesetas. El Procurador no

está para gaitas, que luego el chaqué se tira dos años muerto de risa en el armario. Eso lo dice su señora, o

sea, la que entiende de cuestiones extrapolíticas.

PASION Y SIESTAS

Los debates de las Cortes, en su mayoría, han pasado por la Historia sin pena ni gloria Se recuerdan

algunas sesiones entretenidas, como, por ejemplo, una discusión de la ley de Caza, donde los

Procuradores se enzarzaban sobre si debía exterminarse al lobo o no, y otra discusión sobre el proyecto de

elevación de tasas de parada de sementales, que resultó una sesión muy curiosa y entretenida por lo

agradecido del tema. También se recuerdan los debates del proyecto de ley de libertad religiosa, donde

Blas Piñar quería ponerse de rodillas para impedir que se impartieran enseñanzas no católicas, en to

Universidad. En otra ocasión, un Procurador, don Juan Sierra y Gil de la Cuesta, provocó el divertimento

general al pedir que se dotaran unos fondos para la constitución de una orquesta y coros juveniles,

alegando que «también tocando el pito se hoce patria». Detalles de éstos, a puñados. Martín Artajo, por

ejemplo, protagonizó el siguiente: se le fue el santo al cielo, en el buen sentido de to palabra, y comenzó

una sesión santiguándose, en el nombre del Padre y del Hijo.

Aparte están, naturalmente, fas sesiones serias, que han entrado por méritos propíos a formar parte de la

Historia. Una de las más reñidas pertenece a la ley de Objetores de Conciencia, que fus tres veces a tos:

Cortes y dos da ellas devuelta oí Gobierno. Las Comisiones, en general, se han tirado horas y horas

discutiendo puntos y comas, adjetivos y adverbios, to que ha hecho que en multitud de ocasiones las

«dormidas» en los escaños fueran generales. Sin embargo, y pesé al interés de algunos profesionales de la

información por averiguar qué Procurador es el que llevo mayor récord de siestas, los esfuerzos han sido

inútiles. Se sabe, sí, quiénes son ios más despiertos, los que más hablan y ios que más se hacen notar.

Puig Maestro Amado, pongamos por caso, haciendo honor a su cargo de secretario, es el que más se

mueve; el culo inquieto por excelencia. Carlos Iglesias Selgas, el que tiene un diapasón más agresivo.

Díaz Llanos, el gesticulador número uno. Escudero Rueda, el que más se calienta —con perdón—. Y así,

sucesivamente. Las mujeres se suelen colocar todas juntas; una al lado de otra, quiero decir, y si un

Procurador se sitúa dos días seguidos (unto a ellas, en seguida es blanco de las bromas de sus

compañeros. El procedimiento de urgencia, o sea. y para entendernos, ta vía rápida, no ha sido muy bien

visto por un sector de la Cámara. y esto hace que los apelativos «cariñosos» hacia el Presidente vayan in

crescendo.

Igual que hay pobres y ricos en las Cortes, también hay carcas y progres, más lo primero que to segundo,

naturalmente. A los progres les hacen el feo, no hay más que verles; sotos, a su aire, con la cabeza bajo el

ala, defendiéndose siempre. Claro que progres, lo que se dice progres, hay muy pocos. Se pueden contar

con los dedos de esta mano, la derecha. Uno de Jos alicientes de los Plenos de las Cortes es el banco azul,

donde el Gobierno está en exposición, a la vista de todo el mundo. Hace tiempo.

laclar el banco azul o la primera fita del hemiciclo, pero Carrero no sólo se opuso, sino que sugirió que ee

colocara más alto. A Carrero no te gustaba el toqueteo ni tos felicitaciones. Con una mirada tenía

bastante. Hoy, para tocar a un Ministro, hay que empinarse de to lindo. Claro que de toda la vida los

Ministros, en este país, han estado muy arriba.

Hablando de cambios, también es interesante destacar que en tiempos de don Esteban Bilbao se

prohibieron dos cuadros —«no de María de Molina presentando a su hijo ante las Cortes de Valladolid, y

otro de un juramento de diputados en las Cortes de Cádiz—. Estos cuadros se taparon con sendos tapices

y durante mucho tiempo el personal se preguntó si las dos prohibiciones que dormitaban bajo tos tapices

no serían dos desnudos de tono subido. Otro tanto sucedió con algunos bustos de Presidentes de las

Cortes, como el de Besteiro, que fueron pro hipidos y retirados de la alerta. Afortunadamente, estas

asperezas, que suponíamos crónicas, se han ido venciendo. Ahora ya estamos todos, ¡Viva la madre

superiora!.

LOS UNOS Y LOS OTROS

Madrid hoy no constituye un´ secreto para nadie, y menos para los Procuradores de provincias, que cada

dos por tres besan el suelo de la capital del Reino (metáfora). Sin embargo, siguen existiendo políticos

oon vocación turística. Para ellos Madrid se renueva continuamente; cíe ahí que siempre aparezcan con

una ilusión recién estrenada. El Procurador «biens se hospeda en el Palace, y eí Procurador de «medio

pelo», en pensiones. Otro grupo muy nutrido se atoja en la residencia Alcalá, y unos pocos, en el Victoria.

Pero ios hospedajes funcionan más en razón de las afinidades ideológicas que del mero poder adquisitivo.

Tenemos, pues, o ios tradicionales, en el Palace; o la nueva ola, en el Alcalá, y a los indefinidos, en

pensiones cercanas a la carrera de San Jerónimo. Algunos políticos aprovechan la estancia en Madrid para

hacerle recados a la esposa, para verse con los parientes y, cómo no, para echar una cana al aire. Hay unos

cuantos Procuradores que cuando vienen a Madrid se lo pasan pipa. Lo sé de buena tinta o, mejor, de

buen ojo, que es el propio. Aquí se desquitan de las represiones provincianas a base de bien. Aquí es otra

cosa. Aquí no les conoce nadie, excepto los que les conocen, claro.

Un Procurador en Cortes cobra un sueldo de unas 30.000 pesetas y unas dietas de 1.500 diarias—si es de

provincias— o 900 si es de Madrid—. Aparte tienen salvoconductos en la Rente e Iberia, con lo cual la

ocasión de visitar Canallas la pintan calva. Algunos Procuradores—la rama más mercan* tilista—

reconocen que las Cortes son una fuente de ingresos, si no importante, por lo menos aceptable. Y es que

en todas partes cuecen habas. Trucos para cobrar no fqltan. Por un lado resulta que la mayoría tienen

domicilio oficial fuera de Madrid, y esto ya les da opción a fas dietas de provincias. Luego está ei viejo

sistema de tes enmendantes, que pusieron en marcha algunos listiillos de tumo para consolar un poco su

precaria situación política. Los que no pertenecían a una Comisión podían serta si eran enmendantes, así

que se agenciaban una enmienda, la fotocopiaban y, ¡hale!.

El funcionarado: Procuradoras del papel de calco, señoritas políticamente contaminadas -contaminadas a

favor- o políticamente frígidas éé ^Destaca la elegancia del Presidente Suárez, que en el último Pleno

hizo un alarde de vestuario: cinco sesiones, cinco trajes a cobrar. Esto les exigía, naturalmente, estar al pie

dei cañón y tragarse unas sesiones pesadísimas. De todas formas, entre enmienda y enmienda quedaba

tiempo para echar una cabezada, que siempre se agradece.

Otro de jos trucos del Procurador es acercarse a las Cortes," firmar y luego largarse a las necesidades

particulares. En las fábricas se ficha. En las Cortes se ficha también, pero con rúbrica, que queda más fino

y más aparente; no vayamos a comparar.

En fin, volviendo al Procurador de provincias, sólo nos queda por retratar su faceta familiar. Cuando el

Procurador viene a Madrid con la parentela, una de sus aficiones es llevarla a las Cortes, echar unos

discursitos —«Miro, ése es mi sitio»—, incordiar un poco a ios ordenanzas para que fe enciendan las

luces del hemiciclo y contarte a ia prole la historia de los leones. Perfecto. Ahora lo único que falta es que

los hijos sigan el mismo camino y se conviertan el día de mañana en hombres de bien, de provecho, que

se dice. Ahí están, para demostrarlo, tos grandes clanes familiares de Procuradores, que han sintonizado

perfectamente en sus aspiraciones políticas: los tres Solís, los dos Serrats Urquiza, los Orioles —incluido

Miguel Primo de Rivera, yerno, y Díaz de Bustamante, cuñado—. tos Cercos, etc. Hay también

parentescos de cuñados, consuegros, tíos, primos y derivados. Total, que las Cortes son una gran familia.

C. R.

 

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