Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Cortes. 
 El primer pleno borrascoso desde 1942     
 
 Informaciones.    09/06/1976.  Página: 2-3. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

ESPAÑA

CORTES

CL PRIMER PLENO BORRASCOSO DESDE 1942

Por Lorenzo CONTRERAS

MADRID, 9 (INFORMACIONES).

CON el respaldo de un grupo minoritario de procuradores, no integrados en grupos parlamentarios por

corresponder nuestros talantes personales a ideologías hoy no representadas en estas Cortes...» Así

empezó ayer tarde don Ramiro Cercos, presidente del Instituto de Ingenieros Civiles, «í discurso en el

Pleno «urgentes Que puede aprobar en el día de hoy —segunda sesión— la ley reguladora del derecho de

asociación política. El señor Cercos hablaba personalmente y en nombre de los señores Esperabe,

Esculero, Carazo, Melia, Pericas, Muro, Duran, Botanch, Becerra y sít hermano Alberto Cercos. Defendía

resueltamente el reconocimiento de los partidos políticos, «pieza clave —diría-— del orden democrático

sin apellidos que deseamos para el pueblo español en convivencia-». «La existencia de partidos —

añadiría— distingue a un régimen democrático del que no lo es.-»

Las palabras del señor Cercos despertaron a las Cortes de su letargo vespertino. Grandes protestas se

levantaron de inmediato, protestas que se repetirían cuando, zanjado de momento el incidente, el pro-

curador discutió los títulos de las Cortes para otorgar una democracia cuando ellas mismas nada o poco

dicen a los españoles «por la escasa representatividad que éstos le reconocen».

Fueron dos momentos dé gran tensión, insólitos en la historia de los plenos del organismo legislativo. La

sesión se había desarrollado hasta «1 momento por cauces anodinos, con escasa asistencia de

procuradores pese a la trascendencia >jue a la ley se atribuía. £3 interés Que el Heno ganó por la mañana,

cuando don Raimundo Fernández-Cuesta atacó la constitucionalidad de la nueva ley y dirimió con el

señor Meilán, ponente del proyecto, una pequeña batalla dialéctica, se había disipado por la tarde. El

hemiciclo aparecía más despoblado que nunca. El interés estaba más bien en los pasillos, donde se

comentaba que una ponencia del Consejo Nacional del Movimiento había Informado en contra del

mantenimiento de los cuarenta consejeros permanentes (los famosos «cuarenta de Ayete) como grupo del

futuro Senado, y simultáneamente había dictaminado que la referencia a la familia, como cauce de

representación ffel Congreso «de Diputados,- «puede ser innecesaria». Ademas, el informe del Consejo

Nacional había recomendado la supresión de Sa referencia a la igualdad de poderes entre ambas Cámaras,

es decir, el Senado y tí Congreso de los diputados.

DN TORNEÓ DE APLAUSOS

Estaban ios corrillos en el comentario de estas novedades cuando don Ramiro Cercas subió a Ja. tribuna

de oradores. Se había propagado la especie de que el señor Cercos plantearía temas de grueso calibre,

pero la costumbre de no esperar grandes cosas de las Cortes actuales haüía inspirado algunos

escepticismos. El incidente demostró que las escaramuzas sobre cuestiones de fondo son todavía posibles

y en cierto modo promete mayores disputas para la oportunidad en que se debata la reforma de la ley de

Cortes. Hasta el instante úei revuelo producido por las palabras del señor Cercos, la sesión había sido

relativamente tranquila, y con muchos aplausos. Si por aplausos fuese, estó claro que la reforma de la ley

de Asociaciones naufragaría. Pero una cosa son los aplausos y otras los votos. Las Cortes tienen ganada la

reputación de que no siempre aprueban ío que aplauden, y, por supuesto, casi nunca votan en el sentido

que parecen sugerir estas exteriorizaciones. Sea como fuere, lo indudable es que don Raimundo

Fernández-Cuesta, principal enmendante de la totalidad de la ley, habla batido ampliamente a la ponencia

en el terreno de los fervores. Tanto había sido el entusiasmo suscitado por algunas de sus

argumentaciones, que los pronósticos llegaron a admitir, durante la mañana, la posibilidad de que la

nueva ley de Asociaciones reciba hasta 50 votos en contra. Por la tarde, después del incidente

protagonizado por el señor Cercos, la temperatura ambienta! había subido lo suficiente para esperar que

ios conservadores aumentasen hoy e] numero de votos negativos.

El episodio vivido ayer tarde en las Cortes es en parte la historia de una confusión. Los protagonistas

fueron cinco: el señor Cércos, el sector conservador mayoritario del hemiciclo, un procurador airado >el

señor Sola Rodíguez - Bolívar, representante familiar por Granada y antiguo alcalde de aquella capital),

un espectador que se halla en ia tribuna de invitados y el propio presidente de las Costes, que medió,

lógicamente, en la disputa.

EL INCIDENTE

Los hechos se sucedieron aproximadamente así: Habló eí señor Cercos y dijo aquello üe las ideologias no

representadas en las actuales Cortes. Reacconó el hemiciclo de manera tormentosa. El señor Fernández-

Miranda trató de poner paz e imponer su autoridad de paso. «Pido —dijo a los ruidosos—, el respeto que

la Cámara se debe a si mis ma.» Y ,aqui vino la confusión, porque simultáneamente el procurador airado

y el- espectador gritaron al unisono El primero dijo: «¡Y el procurador!», queriendo obviamente significar

que también el señor Céreos debía respetar a las Cortes, tan duramente enjuiciadas en él discurso. El

espectador gritó a su vez: «¡Y al procurador!» (obsérvese el matiz diferencial de la contracción),

pretendiendo indicar que el señor Cercos merecía tambiéi) un respeto y no aquel vocerío. Entonces, el

señor Fernández - Miranda, en su función arbitral, fue «al espectador», decretando su salida del salón.

Mientras un ujier le buscaba para ejecutar la medida, el señor Sola, en pie junto a su escaño, parecía el

destinatario de la expulsión y, víctimas de un -momentáneo espejismo, muchos de los procuradores

estimaron que la presidencia había descargado su rigor contra su compañero, iniciando en señal de

protesta la marcha hacia la puerta. En total salieron unos treinta, entre ellos el señor Girón, el general

Iniesta, don Manuel Valdes Larrañaga, don Blas Pinar... Mientras la confusión crecía, el señor Fernández-

Miranda creía oportuno advertir a los procuradores: «No me obliguen a tomar otras medidas.» «¡Yo las

aceptaría!», fue la réplica del señor Sola, que no fue penalizado.

El señor Cercos pudo continuar su discurso, amparado por la presidencia, pero se interrumpió cuando

hizo referencia a la «escasa representatividad» de unas «Cortes prorrogadas» que pretenden otorgar la

democracia. Intervino de nuevo el señor Fernández-Miranda para decir: «lluego a los señores

procuradores que se sosieguen y pido al señor procurador que usa de la palabra, y al que me he esforzado

en proteger, no plantee cuestiones que no es necesario plantear ahora...» Sonaron aplausos que más

parecían de «vendetta» contra el señor Cercos que de agradecimiento al presidente. Los aplausos

aneciaron cuando don Torcuato Fernández-Miranda reconvino al orador d> eiéndole que las Cortes tienen

más representatívidad de la que pueda arbitrarse desde una postura, personal Irritado por tanto aplauso,

don Torcuato se inflamó y no tuvo inconveniente en recomendar que aquellas demostraciones fuesen

consecuentes con el derecho de todo procurador a la inviolabilidad de la palabra. Luego bajó el tono y

regó: «Tengamos todos un poco de paciencia...» Y al señor Cercos, que le agradecía la protección, tuvo a

bien advertirle: «Su señoría es testigo de que protagoniza una ocasión no fácil.» Cuando el orador

preguntó si podía continuar, el presidente le otorgó la venia con este consejo: «Debe hacerlo con

mansedumbre. Durante estos meses de mi mandato me he venido esforzando en ser manso, ejerciendo

aquella virtud. Hágalo también su señoría.»

No hubo nuevos incidentes. Don amiro Cercos agotó las palabras de su discurso. Fue despedido con

algunos aplausos y timidos siseos. Había alterado el esquema de su intervención para introducir al final ia

frase «mis mejores deseos de concordia y convivencia».

DON RAMIRO CERCOS PROVOCO LA INDIGNACIÓN DE MUCHOS PROCURADORES AL

INVOCAR IDEOLOGÍAS AJENAS AL 18 DE JULIO

IA CRITICA DE LA LEY

El hemiciclo había tenido que oír, ademas de los párrafos conflictivos, estas Otras observaciones,

.referid:as al proyecto de ley: «La regulación que en este momento contemplamos sigue siendo, en

algunos aspectos, cansosa, como si se hubiera impregnado tíel caudal de íncertidumbres que caracteriza la

vida política de la nación en el momento presente.» «El paso de la organieiúad a la inorganicidad en la

representación política debe realizarse con visión de futuro y no mediante aproximaciones sucesivas.»

«La redacción que se nos ofrece por la ponencia no sirve a mi nuevo orden democrático por hacer

referencia explícita, en su articulado a las Leyes Fundamentales y al propio Fuero de los Españoles, que

fueron dictados y están vigentes en orden a planteamientos y finalidades sensiblemente diferentes a los

que deben regar la democracia...» «Es .una gran contradicción que se hable de democracia para todos los

españoles desde instancias significativas del Gobierno de la Nación y se inicien reformáis políticas sin

consultar al pueblo.» «La ponencia en su informe me dice que resulta inexcusable la intervención de estas

Cortes, pero yo entiendo que en las circunstancias presentes hubiera sido mucho más democrático que el

Gobierno, sin comprometer a estas Cortes, hubiera utilizado el mecanismo del decreto-ley de cuyo em-

pleo durante los últimos años existen numerosos ejemplos.» Tampoco parece satisfactorio el régimen de

sanciones previsto en el artículo séptimo del proyecto de ley. En pri-mer lugar, por la escasa concreción

eon que se tipifican los hechos constitutivos de las respectivas infracciones, «si como por la fungibilidad

de las sanciones que se establecen. Tampoco parece conveniente la doble vía, penal y administrativa, que

una vez más sospechamos va a seguir manteniendo nuestro ordenamiento, ni el doble régimen a que se

acogen las sanciones administrativas (impuestas por el Consejo de ministros -o por el Tribunal Supremo)

según un poco claro y coherente criterio delimitador de unas y otras.» «Si se utiliza el término

asociaciones será muy difícil evitar que por amplios sectores de la sociedad española se piense que este

proyecto de ley no es más que una mera prolongación del Estatuto jurídico del derecho de asociación

política aprobado por decreto de 21 de diciembre de 1974, y que, afortunadamente, se derogó con la

aprobación del presente proyecto de ley...»

EL DISCURSO BEL SEÑOR MEILÁN

El señor Meilán, ponente del proyecto, había instrumentado su defensa frente a los enmendantes de

totalidad. Ocurría esto al final de:la sesión cíe la mañana. Los argumentos de los señores Fernández-

Cuesta, Gías Jové y Fernández de ¿a Vega (ver INFORMACIONES de ayer);; versaban

fundamentalmente sobre la acusación de contrafuero e mcoastitucionalidad de la ley de Asociaciones que

ahora se aprueba, «El proyecto —dijo el señor Meilán— supone un cambió político y se opone a la

esclerosis y a la revolución.» «La ley —añadió— no es anticonstitucional, no es la mutación solapada de

un sistema político. La ley trata de servir las demandas de nuestro paos en esta etapa nueva que significa

la reinstauración de-la. Monarquía. No responde a ningún complejo de inferioridad ni & ninguna

homologación impuesta: respeta los principios fundamentales del ordenamiento constitucional, ea

muestra de realismo político y responde ¿e un modo correcto y equilibrado a uno de los primeros

problemas políticos del país, es decir, la agrupación de los españoles para la acción pública por afinidades

ideológicas.»

Los enmendantes de totalidad, representadas en la réplica por don Raimundo Fernández-Cuesta,

insistieron en la inconstitucionalidad de Ja ley, y el señor Meilán tuvo dificultades para capear en el

terreno puramente legalista -la imputación. El señor Fernández Cuesta hatoS» reaparecido con bríos y se

ganaba crecientes aplausos. Cuando aludió al testamento dé Franco, en el que —reconoció tí

procurador— se pedía el apoyo al Rey, «pero también Mf alertaba contra los peligros que pueden destruir

a España, los aplausos arreciaron. Al retirarse nuevamente a sá escaño, se sumaban a ellos, desde el banco

del Gobierno, los señores Alvarez-Arenas Pérez Bricio y Solís.

El señor Meilán argumentarla inmediatamente: «!Lo que late aquí es un problema político. Hemos optado

por la interpretación progresiva «Jfe nuestro sistema para adaptarlo al momento.» Eh su discurso inicial,

él ponente habia recalcado: «El 20 dé noviembre de 1975 es un punto de Inflexión en la historia dé

España. A partir de ese momento histórico una luz distinta se proyecta inevitablemente sobre las mismas

instituciones, como él saceder ab las estaciones hace de algún, modo distinto el misino paisaje.» Y

agregó: «!E3 Estatuto dé 1974 tenía su explicación con Franco, a quieri correspondía con carácter

vitalicia la Jefatura Nacional del Movimiento. Esto es irrepetible^»

LAS PETICIONES DE DON CRUZ MARTINEZ-.

ESTERUELAS

Por la tarde, con anterip» ridad al incidente Cercos hablaron don Emilio Lamo de Espinosa, don Marcelo

Fernández Nieto, doña Pilar Primo de Rivera, don Cruz Martínez Esteruelas, don Carlos

(Pasa a ia as siguiente.)

9 de junio de 1976

INFORMACIONES

CORTES

(Viene de la pág. anterior.)

Iglesias Selgas, doña Mónica Plaza y don David Pérez Puga. Por la ponencia lo toteo don Enrique

Sánchez de Leónn, quien dijo, entre otras cosas: un jefe de Estado sustituye a otro. Este es un factor más

del cambio político. maza determinante...» El más otero apoyo de los nuevos oradores al proyecto de ley

fue ¡podado por don Carlos Iglesias Selgas. El ex ministro señor Martínez Esteruelas fue más brillante y

también flotea el más reticente. Ha-blando en nombre de la asociación Unión del Pueblo Español, dijo:

;>No estamos en títuactón de borrón y cuenta naera.» Recordó que, a su juicio, la política del régimen

«le Sucesivamente distinta en 1940, 1950, 1960 y 1970, impulsada por su propio fundador. Obtuvo

aplausos cuando hizo esta referencia. Pidió dos losas fundamentales: que la representación ideológica del

futuro Parlamento alterne con v representación corporativa ´ que las asociaciones puedan tener otros fines

además de » electorales. Luchar contra la mitosis de los partidos U8 otra de sus recomendaciones. Para

ello será preciso ~»Cf»¡nó-^- el afianzamiento de las coaliciones. «La coalición Qo sólo electoral

permitirá empujar determinados objetivos desde la calle.»

 

< Volver