La verdadera historia de la UMD (II). 
 Los oficiales comprometidos con la Unión Militar Democrática llegaron a 242     
 
 Diario 16.    01/07/1980.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 25. 

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NACIONAL

La verdadera historia de la UMD (II)

La UMD ha salido a la luz, tras la detención de nueve de sus miembros, que posteriormente serían

encarcelados, juzgados y condenados. Durante ese encarcelamiento, los procesados de la causa 250/75

recorrieron seis prisiones, con excepción del comandante Otero, que conoció ocho.

Entretanto, las actividades de sus miembros, continúan a pesar de las dificultades. Los cambios de

destino, los arrestos e incluso los Tribunales de Honor no impidieron que la UMD llegase a captar 242

oficiales comprometidos, entre los que conocieron sus planteamientos. Equipo Defensa ofrece el segundo

capítulo de la historia de la UMD.

Los oficiales comprometidos con la Unión Militar Democrática llegaron a 242

Los interrogatorios a los oficiales de la UMD corrieron a cargo de un juez especial perteneciente al

Cuerpo Jurídico Militar. Las horas se sucedían con lentitud a la espera de ser llamado a declarar. Una de

las incógnitas que más preocupaban a los detenidos era quiénes y cuántos estaban en prisión.

Uno de los detenidos se dio cuenta de que su habitación estaba totalmente aislada, pero una avería en la

cisterna del lavabo, provocó un cambio de habitación. En su nueva celda con dos ventanas a la calle,

comenzó a buscar por las paredes hasta que, escondido tras un enchufe cegado, encontró un pequeño

agujero que comunicaba con la habitación de al lado.

Antes de tomar ninguna decisión debía conocer la identidad de su «vecino». Esperó hasta la noche.

Después de la cena a través de una cornisa fue desplazándose lentamente. Cinco metros más abajo se

podían escuchar las pisadas sobre la grava de la Policía Militar y esforzando la mirada, adivinar su

sombra. Al llegar a la ventana reconoció, con sorpresa, a uno de sus compañeros y le tiró un mensaje que

llevaba preparado.

No denunciar a nadie

A través de ese agujero, pudieron averiguar quienes eran los restantes. Pero la lista de nombres y el

número de detenidos no coincidía. Faltaba uno. A la mañana siguiente un soldado preguntó a uno de los

oficiales si quería que le comprara la prensa. Pidió el «Ya» y el soldado suspiró: «Usted pide periódicos

normales, pero hay otro «huésped» que pide la «Voz de Galicia».

Sin saberlo el soldado había proporcionado el dato que faltaba: el capitán Fortes Bouzan, de Pontevedra,

era el último detenido.

El auto de procesamiento llegó con una dura acusación: Proposición para la sedición con una pena de seis

meses a seis años. La incomunicación se levantó y los detenidos pudieron ver a sus familias. Había

comenzado un sumario que no terminaría hasta rebasar los cuatro mil folios y que en boca del capitán

Domínguez, exiliado en París, recorrería el mundo: el sumario 250/75 contra los oficiales de la Unión

Militar Democrática.

Cada uno de ellos fue enviado a un cuartel donde recibieron diverso trato, según el talante del jefe que lo

mandara. Desde el «es usted nuestro invitado y dispone de nuestro cuartel; a sólo le ruego que no lo

abandone», con que fue recibido el capitán Reinlein por los Artilleros de Getafe, hasta la colocación de un

enorme candado de un carro de combate en la habitación de la residencia de otro regimiento en el que «se

hospedó» el capitán García Márquez.

Entretanto los servicios de información declararon la guerra de las notas informativas. Pero lo tenían

difícil. Las hojas de servicio de los encartados eran limpias. Restituía Valero era el «niño de El Alcázar»

por haber nacido durancivil. Las familias de la mayoría de ellos eran de tradición militar. Algunos padres

cayeron en la guerra civil peleando junto a Franco...

Pero la campaña funciona. Con la prensa amordazada las notas informativas se suceden. Quien defienda a

los oficiales detenidos es de la UMD o está manipulado por ella, se decía. Las iniciativas de algunos

compañeros para ayudar económicamente a las familias son «desaconsejadas». Las ayudas llegan, pero de

forma casi clandestina.

Los hombres de la UMD en el exterior, sin apenas estructura, se ven obligados a multiplicar sus

contactos. En Madrid el conato de organización ha sido descabezado y de otras provincias tienen que

venir oficiales a reorganizarla.

Entre ellos se destaca por su actividad el capitán Herreros Robles. Algunos cambian de destinos. Hay

deserciones, pero también van llegando otros nuevos, al conocer la suerte de los oficiales detenidos.

Huelga de hambre

Los oficiales detenidos son trasladados a la Academia de Sanidad Militar en Madrid, dónde permanecen

en régimen de semi incomunicación, en contra de lo reglamentado. Se les quiere, incluso, cobrar el

hospedaje, a lo que se niegan. Escritos de los defensores, todos militares, e incluso de los jefes de la

prisión provisional protestando por esta situación, encuentran un muro por respuesta, hasta que uno de los

oficiales detenidos inicia una huelga de hambre, en contra de la opinión de otros compañeros que,

mediante procedimientos tan sutiles como el del agujero de la Escuela Superior del Ejército, logran

comunicarse.

Pero la huelga da sus frutos. Radio París y la BBC todavía pesan en el ánimo del poder. Se aplica el

reglamento y por fin, a los dos meses de la detención, los oficiales detenidos pueden verse y charlar entre

ellos. También pueden recibir visitas.

A primeros de octubre llega una noticia a través de uno de los defensores, destinado´ en el Alto Estado

Mayor: Franco está muy grave. La televisión todavía no ha dado la noticia. La prensa permanece también

muda.

Las visitas se suceden e incluso algunos compañeros van dispuestos a que se les de un inexistente carnet.

Una de estas reviste especial importancia. Se trata del comandante de Ingenieros Julio Busquets que ya ha

abandonado Ceuta donde cumplió su arresto de seis meses. «El Tigre» es su nombre de guerra. Aunque su

apariencia no es la de un felino, su actividad en la UMD fue, era y sería muy intensa.

Detenidos en Barcelona

En este tiempo soplan malos vientos por Barcelona. Tres compañeros han sido detenidos.

Enrique López Amor, Juan Diego y Arturo Guriaran entraron en prisión. También llegan noticias de otros

que prefirieron hablar y denunciar. El miedo es libre, pero uno de ellos no pudo soportar la vergüenza, al

parecer, y después del Consejo de Guerra pidió la baja del Ejército.

En esta época, octubre de 1975, llega un extraño contacto del exterior. Uno de los hombres de la UMD de

Barcelona es enviado a la cita. Resulta que altas instancias se interesan por la UMD y en concreto, por

saber con cuantos hombres se puede contar en un momento dado.

Todo reviste visos de verosimilitud, pero la sombra de una trampa también está en el ambiente. Se les

deja la iniciativa a ellos. Los peligros que esas altas instancias habían atisbado, de ser ciertos, debieron

desaparecer. La relación quedó rota unilateralmente.

Por esas fechas se produce la primera rueda de prensa en París del capitán Domínguez. La reacción en

Madrid no se hace esperar. Un nuevo juez aparece en la prisión y pretende que los procesados

descalifiquen al portavoz de la UMD en el extranjero. El fracaso es total.

Se emplean otras vías. Un capitán traslada el mensaje del jefe de día de la prisión. Si los oficiales

procesados hacen un escrito descalificando a Domínguez, obtendrán benevolencia. Piden la

comparecencia de dicho jefe y graban la conversación. Le solicitan que.aclare si la idea es propia o le

viene ofrecida por el mando. Su respuesta es que al día siguiente estará en condiciones de decir «si es

cosa suya, de su jefe inmediato o del capitán general». Lógicamente, al día siguiente manifestó que tenía

ideas propias. La vía paralela también había fracasado. La respuesta fue fulminante: el traslado y la

separación de los presos.

 

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