Autor: López, José Luis. 
   La reforma administrativa también afectará a las Fuerzas Armadas     
 
 Diario 16.    10/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

La reforma administrativa de las Fuerzas Armadas deberá evitar dos errores: la congelación de

retribuciones y la reducción de personal. Por el contrario, habrá que pensar más en los aspectos

fundamentales que caracterizan a una empresa pujante.

La reforma administrativa también afectará alas Fuerzas Armadas

José Luis López (*)

De un tiempo a esta parte se insiste, cada vez más, en la imperiosa necesidad de efectuar una profunda

reforma en los métodos de gestión y organización administrativa en pos de un mayor aprovechamiento

del caudal público, tratando de incrementar la productividad y eficacia de las diferentes unidades

administrativas, tanto en lo que concierne a los Ministerios como a los organismos autónomos.

El problema fue asumido por el legislador hace aproximadamente trece años cuando en 1967 apareció una

orden ministerial disponiendo que las dotaciones para inversiones de los servicios aparecieran detalladas

por programas, a la vez que autorizaba para que fuera extendido gradualmente a los gastos corrientes.

La aplicación de esta nueva técnica presupuestaria tiene su origen en Estados Unidos (en 1963 la empezó

a desarrollar el Departamento de Defensa); Francia la experimentó en 1964, también en el Ministerio de

Defensa, llegando a ser utilizada por toda la Administración en 1978.

Legislación

La técnica, denominada «Presupuesto por Programas» (PPBS), se reduce, en resumen y muy

simplificadamente, a la fijación de unos objetivos en base a los cuales se elaboran diferentes programas

alternativos para alcanzarlos, generando estos últimos sus respectivos costes. Por sucesivas

aproximaciones se tiende a la adopción de la estructura administrativa más adecuada en función de dichos

costes y objetivos.

En la actualidad la ley General Presupuestaria de enero de 1977 añade a las clasificaciones ya clásicas de

los gastos públicos, la que tiene su base en el planeamiento, la programación y el presupuesto, es decir, en

él Presupuesto de Programas. Su incorporación al Ministerio de Defensa se inicia muy recientemente, en

los presupuestos de 1979. La intención de operar con esta nueva modalidad va a caballo de -las recientes

leyes que el Ministerio de Defensa está elaborando. Partiendo de las funciones que la Constitución asigna

a las Fuerzas Armadas, la ley Orgánica que regula las bases de la Defensa Nacional y la Organización

Militar constituye el primer desarrollo y marco de referencia del gran objetivo, cual es la Defensa

Nacional. Como es sabido, próximamente serán remitidas varias leyes al Parlamento por las que se irán

concretando los objetivos en que se basará nuestra defensa. Me refiero a las anunciadas leyes de la

Defensa Nacional y la de Organización Militar, que junto con las disposiciones que posteriormente se

desarrollen irán dando cauce a la definición actualizada de los planos estratégicos y de objetivo fuerza.

Definidos estos y otros objetivos del mismo o distinto nivel, convendrá adecuar, y éste es el tema que nos

interesa, las estructuras administrativas de manera económica y eficaz.

Por el momento, la Administración no ha hecho más que empezar, y es pronto para pedir resultados, en

cuanto al necesario saneamiento administrativo. Sin embargo, éste no se conseguirá mientras no se cree

una contabilidad analítica uniforme y generalizada a la totalidad de las unidades administrativas de los

ejércitos. Pues si bien determinados cuerpos armados han sido pioneros en la adopción de contabilidades

internas respecto del conjunto de la Administración, otros centros o servicios carecen de la necesaria

organización contable. Las consecuencias de los desajustes provocados, tanto por la falta de instrumentos

de análisis interno operativos, como de la indefinición de objetivos a alcanzar, generan, de una parte, un

excesivo número de personal y, de otra, un consumo de recursos presumiblemente muy elevado (en

todo caso inadecuado).

Así se contempla que los porcentajes comparativos del total de las dotaciones para gastos de

personal, gastos generales de funcionamiento e inversiones (60 ´por 100, 14,5 por 100, 25 por 100

respectivamente), se desvían de los considerados como aceptables para el conjunto de las Fuerzas •

Armadas, que serían 45 por 100, 20 por 100 y 35 por 100 por el mismo orden, especialmente en el

Ejército de Tierra con un 65,5 por 100 del total para gastos de personal,´ un 14,5 por 100 para gastos de

funcionamiento y un 20 por 100 para, inversión. No es una casualidad que la Marina de Guerra, al

contar con una contabilidad analítica más perfeccionada, se aproxime á los porcentajes calificados como

óptimos, con un 44,4 por 100 para personal, 14,9 por 100 para gastos de funcionamiento y 40,7 para

inversión. (Todos ios datos manejados están calculados para el año 1979.)

Un error a evitar

Sería un error considerar, en base a lo anterior, que la resolución del problema debería pasar por una

congelación de retribuciones, o por el establecimiento de unos porcentajes de reducción de personal

según criterio del momento presente. El primer caso hay que desecharlo rotundamente, pues es

palmaria la clara desviación negativa de los emolumentos del personal militar en comparación con el

personal civil perteneciente a la misma categoría profesional o con igual coeficiente. Se trataría por el

contrario de equiparar los haberes de este personal, en la medida que esto vaya siendo posible, por

razones de equidad. Respecto, al establecimiento de reducciones a largo plazo, si bien hay que

reconocer que el hecho mismo de aventurar una limitación es un acierto, esta disminución deberá

estar fundamentada por rigurosa información contable, la cual dará, verdaderamente, consistencia y

seguridad a la operación, obviándose las excesivas precauciones de tomar un plazo tan elevado como el

que se anuncia, de 20 años. También se conformará a través de la contabilidad analítica el nuevo

modelo de organización administrativa suministrando información sobre las necesidades de empleo y

volumen del personal civil al servicio de la Administración Militar, así como las auténticas.

necesidades en los gastos generales de funcionamiento.

Toda esta reorganización permitirá el ajuste óptimo, aunque siempre inestable, a largo plazo entre los

objetivos y los recursos, tendiendo a la especialización: el militar de carrera cada vez más a las armas y el

personal civil a los destinos burocráticos.

Si, paulatinamente, se configura un modelo de administración para nuestras Fuerzas Armadas que vaya

teniendo en cuenta los aspectos fundamentales que caracterizan a toda empresa pujante, buena

organización interna y unos objetivos claros, no será difícil solicitar y obtener de la comunidad nacional

mayores esfuerzos a la hora de potenciar nuestra defensa.

(.*) Teniente del Cuerpo de Intervención Militar del Ejército.

 

< Volver