Autor: Bustelo García del Real, Carlos. 
   Transición, democracia y socialismo     
 
 Diario 16.    01/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Transición, democracia y socialismo

Carlos Bástelo

(PSD)

El proceso ¿e transición hacía la democracia en este país tiene osas

características muy peculiares que

pueden explicarse, entre otras razones, por el hecho de que la dictadura DO se

acabó de golpe, sino que

esta desapareciendo lentamente. Ello implica una vida política llena de

confusión y contradicciones en la

que, a pesar de todo, parece prevalecer, por encima de los inevitables

sobresaltos y retrocesos, un anhelo

casi unánime de llegar a la democracia. A la derecha y a la izquierda, en el

Gobierno y en la oposición, el

que esté libre de confusión y contradicciones que tire la primera piedra.

La confusión es aún mayor en aquella zona del espectro político donde existe

precisamente un mayor

potencial de cambio social y económico y una mayor riqueza ideológica: el

socialismo democrático. Por

eso no puede extrañar que en esa zona hayan surgido problemas, como el planteado

por !a cuestión muy

debatida sobre si lo que se entiende normalmente boy en Europa como

socialdemocracia puede y debe

encontrar acomodo en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Socialismo fuerte

No hace falta ser un experto en historia ni en sociología política para saber

que en la sociedad que

vivimos es imposible hacer ninguna reforma profunda si no existe un partido

socialista y democrático

fuerte que la .patrocine y la ímpulse. Un marxista leninista me podría objetar

que e! verdadero partido

revolucionario es el comunista, y ea teoría tendría toda la razón. Pero debería

explicar entonces la

estrecha correlación que existe demasiado a menudo entre el conservadurismo

social y político de un país

y el tamaño de su partido comunista. Las cosas están cambiando, por supuesto, a

medida que los

comunistas van adoptando programas que cada vez se parecen roas, a los

sociademócratas. Con todo, no

parece aventurado afirmar que e) cambio social en España estará en función de la

importancia que

consiga alcanzar el partido socialista. Si es grande, el socialismo democrático

podrá ser de verdad el eje

de la política española y encauzarla por una vía de reforma y progreso.

Las necesidades inmediatas de este país, por otra parte, están bastante darás:

construir un marco

constitucional y solucionar la crisis económica que puede dar al traste con

todo. Ambos objetivos exigen.

ea mi opinión, contar para después de las elecciones con una base de gobierno de

centro con posibilidades

de éxito en los dos frentes. Sólo asf será posible cerrar e.1 camino a las

fuerzas´ neofranquistas agrupadas

en torno a la Alianza Popular y consolidar la democracia. En este contexto tiene

una lógica política clara

la entrada del Partido Social Demócrata (PSD) en el Centre Democrático. Lo cual,

por supuesto, no es

una opción sin peligros, ni que tenga que ser aprobada por todo el mundo. Pero

ello tampoco debe poner

nervioso a nadie ea la izquierda, ni mucho menos dar lugar á ataques personales

de mal estilo.

Ardor revolucionaro

Nadie pretende sustituir al PSOE en un papel que él sólo pu«de desempeñar. Si la

madurez consigue

Imponerse en su seno, creo que podría muy bien producirse a su alrededor un

replanteamiento político de

la izquierda democrática después de las elecciones. Comprendo la enorme

dificultad que entraña

mantener los ánimos templados cuando apenas se ha salido de la clandestinidad y

de la lucha contra la

represión. Pero conviene no olvidar que el ardor revolucionario está muy bien

siempre que no produzca

en la mente de nuestros socialistas fogosos una imagen deformada de la realidad,

y una reacción negativa

en amplios sectores de la población española,

Que cada uno obre según su conciencia y se encaje allí donde crea que va a ser

más útil según su

capacidad y sus ilusiones. Tal vez quepan socialdemócratas en el PSOE, Pero yo

veo difícil que personas

politicamente adultas y profesionalmente formadas puedan sentir entusiasmo por

incorporarse a un

partido que, al menos en su base, me sígae recordando más a lo que hacíamos tos

antifranquistas en la

Universidad hace veinte anos —de k> que estoy orgulloso y satisfecho— que el

embrión de un gran

partido socialista coa vocación de poder en un país industrial europeo en 1977.

 

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