Autor: Carpintero, José Antonio. 
   La Cortina de humo militar     
 
 Diario 16.    03/12/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

OPINIÓN

3-diciembre-79/Diario16

De una situación en que los militares eran protagonistas se está pasando a otra en la que son simples

ciudadanos uniformados mudos. En ocasiones, los militares han sido adulados; en otras, de la noche a la

mañana, despreciados. Miremos de una vez a nuestros ejércitos como lo que deben ser y no como

estabilizadores .del ordenamiento político.

La cortina de humo militar

José Antonio Carpintero (*)

Periódicamente, los medios de comunicación son lanzados al alegre deporte de especular sobre «extraños

movimientos en las unidades», reunión de altos mandos militares en la Capitanía General de... Si a estas

especulaciones sumamos la constante histórica de la llamada del pueblo español a la puerta de los

cuarteles en busca de la paz ciudadana perdida, con esperanza y miedo repartidos al cincuenta por ciento,

nos colocamos al borde del abismo: el golpe de Estado.

Esta cortina de humo hace daño a la sociedad en general y a las Fuerzas Armadas en particular. ¿Quién la

lanza? ¿Por qué? Dos preguntas con múltiples respuestas pero con un responsable que destaca, en el

inicio del rumor, sobre todos los demás: la clase política. Su impotencia le lleva a esconderse detrás de

esa «serpiente de todas las estaciones» que cree asusta a los ciudadanos.

Los ejércitos están, sin desearlo, en medio de las grandes opciones políticas de nuestros días. Lo dicho

sirve para el Éste y.el Oeste. La realidad, y sobre todo la realidad española, es que están «sitiados» por

unas izquierdas incapaces de asimilar que el húmero de militares que les darán sus votos serán

proporcionalmente igual al que reciban del resto de los ciudadanos del país, Al otro lado las derechas, las

cuales siguen teniendo en su mente la imagen de un militar que ya no existe.

Sería importantísimo que ambos grupos se diesen cuenta de que el militar es ya poco susceptible a la

demagogia. Que las bellas palabras, solas y sin que les acompañen hechos, no les sirven.

Determinados grupos parecen ignorar que si sistemáticamente se ataca a una institución tachándola de

antidemocrática, por ejemplo, y los antidemócratas, en contrapartida, la halagan, acabarán convirtiendo,

por mero acto de autodefensa, a los miembros de esa institución en no demócratas.

Acabar la norma

Aquellos que, desde un grupo y otro, lanzan el «humo», parecen ignorar que el militar conoce como nadie

el valor de las conductas sometidas a normas. Sin estas, su profesión pasa de ser lo que tan bellamente

definió Calderón a una banda armada. Se le educa y se educa en el respeto a las leyes. ¡Cuánto le cuesta el

incumplimiento de alguna de ellas! Sabe como nadie que su principio y fin está en la existencia del

Estado en su sentido pleno y para que éste exista son imprescindibles unas leyes que acepten, al menos, la

mayoría de los ciudadanos.

Un error que está cometiendo Occidente es laborar y vivir su presente, ya que el futuro no parece

importarle, sin educar y escuchar políticamente a sus soldados. Pretende convertirlos en una especie de

mercenarios que no piensen ni opinen. Les prohibe hasta manifestar su opinión sin darse cuenta de que si

en un momento dado deciden hacer oír su voz, legalmente silenciada, todo el complicado entramado

político en qué se mueve nuestra sociedad duraría lo que tardase en llegar un carro a las puertas del

Parlamento. De militares protagonistas se está pasando a ciudadanos uniformados mudos.

Al ratificar el convenio para la protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales,

pocos han sido los países que no han caído en la tentación de hacer uso de las Reservas que admite el

artículo 64 para imponer limitaciones a sus soldados, las cuales, a mi juicio, intentan evitar abusos

existentes en el pasado y que sin embargo hipotecan el desarrollo de un nuevo tipo de militar: el del

presente y él del futuro.

Ese apoliticismo de que hacen gala muchas de nuestras más señeras figuras de las letras, las ciencias, la

milicia, las artes... ¿no será comodidad e intento de no hipotecar su promoción profesional? En

demasiadas ocasiones se ha intentado explicar lo que el vocablo política significa. Ninguna definición ha

alcanzado el éxito apetecido.

Política no es nada y... es todo.

En nuestra corta historia como Estado, aunque seamos un viejo país, pocas veces nuestra organización

política, ha sido seria. Esta escasa seriedad se tradujo, demasiadas veces, en chabacanería hacia los

ejércitos. Se pasó de la adulación al desprecio sin lograr encontrar el tratamiento adecuado a esa

importantísima parte del Estado.

Abandono tradicional

Nuestras Fuerzas Armadas padecen un abandono endémico. Nadie con autoridad para lograr un mínimo

de éxito se ha atrevido a llevar sus problemas a la opinión pública.´ Tan sólo se han escuchado las

estereotipadas frases de unos y la crítica destructiva de otros. Jamás se habla del potencial bélico de

España pensando en la posible necesidad .de usarlo para defenderla. La pregunta clave sería:

¿Qué Ejército tenemos? Su respuesta nos colocaría en la antesala de otra clara y concreta: ¿Qué Fuerzas

Armadas necesitamos? ¿Cómo lograrlas?

Miremos; de una vez por todas, a nuestros ejércitos como lo que deben ser y no como estabilizadores o

desestabilizadores del ordenamiento político.

Admitamos como axioma que el ordenamiento del Estado deberá ser señalado en cada momento por las

urnas, urnas que han de reflejar perfectamente los verdaderos deseos de los votantes.

No ´parece vano recalcar que el imperio de las Leyes y Reglamentos en ningún otro grupo social es tan

absoluto.

Durante años se ha pensado en el Ejército como dique en que se estrellasen los avances sociales. Algo así

como una fuerza perfectamente organizada que oponer a las masas reivindicatorias de un nuevo orden. Se

le usó más como amenaza a emplear qué como elemento actuante.

La credibilidad de esta amenaza venía avalada por la presencia de un gran número de individuos

procedentes de las clases altas entre los cuadros de mando.

Hoy, ios profesionales de las Fuerzas Armadas proceden de todo el espectro social. La tropa es fiel

reflejo, no cabe la menor duda, de la sociedad en que vivimos.

Todos deseamos una España más justa. Los militares no son excepción. Saben- que su fin es defender a

España y a los españoles y de ninguna forma desean ser parte beligerante que los enfrente.

(*) Capitán de Ingenieros.

 

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