Autor: Rodríguez, Pedro. 
 Escrito en España. 
 La noche de los generales     
 
 Hoja del Lunes.    01/10/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

Escrito en España

LA NOCHE DE LOS GENERALES

POR la nocher sábado 22, los grandes tenores Gabeiras, Yerro, Merry han entonado su particella.

Por la mañana, domingo 23, Miláns entra a toda máquina montado en el "ABC". Al mediodía, Valles cae

asesinado. Apenas se prueba bocado en las capitanías y en Moncloa. De madrugada, domingo 23, Suárez

escucha a los generales. Hace un calor dulzón como de cigarras despidiendo el otoñó, y Suárez,

probablemente, se entera de que la situación del Ejército no es la que él creía, la que le había llegado en

las últimas semanas. Por primera vez en varios años, domingo 23, Suárez está sorprendido. El lunes,

servicios paralelos de Moncloa inspiran a algunos periódicos. Sólo cinco, seis, quizá siete personas están,

martes 25, al tanto de lo que lleva dentro La crisis de los generales. La bisagra podría ser Sabino

Fernández Campo, un monumento de discreción, eficacia e inteligencia con que cuenta la Zarzuela.

Se sabe, lunes 24, con toda certeza que hay dos comandos de ETÁ en Madrid. Los "grapos" cazados días

antes, que venían de Euzkadi, no saben dónde están los etarras. Madrid, martes 25, es una ciudad sitiada

por él rumor. La clase política paga a precio de oro un solo dato auténtico. Se agotan, lunes 24, los

confidenciales. La izquierda oficial calla. La izquierda tampoco sabe de qué van los generales.

En realidad, la izquierda oficial siempre tiene las maletas hechas para dormir en esas habitaciones que

tiene el gobernador Rosón para casos de convulsión: Atocha, California. El martes, Suárez tiene la gran

conversación con el Rey. Sale y anula el viaje a América. Los coroneles veteranos hablan de "Perico", de

"Jesús", de "Jaimito". "Perico" es Merry. "Jesús" es Del Yerro. "Jaimito" es Miláns. Gabeiras es Gabeiras.

Por primera vez en cuarenta años, los generales entran en los cafés, en los autobuses, en los livinrums de

los españoles. Pero el Ejército no quiere, miércoles 26, "explotar el éxito" en el mundo del rumor: no es

cierto el pacto de los tres meses con Suárez; no es cierta la "Operación Diana"; no es cierto el guante a la

cara del Ejecutivo. Sí es cierto, domingo 24, el criterio de que "el tratamiento en el País Vasco no es el

adecuado".

El miércoles, el Ejecutivo resiste la tentación de amonestar o sancionar a algún teniente general. En el

extranjero, jueves 27, no se enteran. Sólo alguien propone a Madrid "nombrar rtn gobierno paralelo en |a

sombra para ayudar a Suárez". Caen unas gotas, viernes 28, sobre Madrid mientras Sahagún, dueño de

varias galerías de arte, se multiplica de cuartel en cuartel. El puente de Gutiérrez Mellado ha quedado,

roto para siempre. Se aprueban, viernes 28, los micrófonos del Congreso Socialista, que ya no será el

mismo después de Miláns, de Merry, de Yerro, y, sábado 29, La crisis de los generales es archivada,

calladamente, entre los grandes libros blancos de la transición.

Y sin embargo, nada volverá a ser exactamente igual. Aparentemente, La crisis Pita da Veiga fue más

grave: hubo una nota oficial: dé censura al Gobierno. Pero se olvidó en días. Lo tremendo es que ahora

los episodios nos duran más, nos dejan más huella, se pagan mayores facturas políticas cada vez. Esta

crisis de los generales nace, probablemente, de los sucesos de mayo. La entrevista de María Mérida con

Miláns estaba hecha hace dos meses. (Me resulta difícil de creer que Miláns y "A BC" no hubiesen

consultado, por lealtad, la oportunidad de la publicación.)

¿Qué tipo dé guante han dejado estos generales en los despachos del poder civil? Con toda seguridad, no

el derribar a Suárez. Si cae Suárez, todo el sistema se tambalearía. El sistema está aún prendido con

alfileres. Sería un suicidio Sefenestrar a este Suárez sin tener un recambio preparado. Falta aún tiempo

para que el sistema llegue a funcionar indistintamente sin Suárez, con Antonio Garrigues Walker o con

Felipe. Tampoco habrá pedido el Ejército su intervención en Euzkadi, aunque teme que, fatalmente, le

pueda corresponder algún tipo de prestación. El Ejército conoce tanto sus limitaciones como su poder.

Cuando se le saca de los cuarteles es imparable. Ni dialoga con Bandrés ni puede explicar que se le fue la

mano en una munición.

En todo caso, el aviso sería: "Cambien ustedes las cosas para que no tengamos que salir." Ya avisó

Spengler que sobre las bayonetas es muy difícil sentarse. ¿Y qué ha de cambiar? Un nuevo Suárez, un

nuevo Gobierno, otra, escala de valores. A! presidente le ha fallado su gran arma: la información. Era su

tesoro, su poder. Salvo en el tema de Euzkadi, Suárez tuvo durante dos años toda y la mejor información

de los hombres y las cosas. Ahora, desde hace un año, está vendido o sus colaboradores no saben valorar

lo que llega. Era imbatible, pero a este paso acabará enterándose por los periódicos. Dos: no puede seguir

secuestrado en el castillo. Corre el grave peligro de Franco: perder de vista, en los últimos tiempos, a la

sociedad española; Eso se paga carísimo. El pueblo español que conoció Suárez antes de enclaustrarse

pedía a gritos más libertad que autoridad. Suárez se quedó con esa imagen y se puso a funcionar, pero me

temo que ya no es la misma. Tres: el sistema necesita incorporar veinte, treinta, cuarenta "notables", no

necesariamente como ministros, "Hombrés-luz", no necesariamente alineados, que hagan frente a las

letras que van a vencer en los próximos meses. (Se nos viene encima "la furia del judió": el abrazo a

Arafat puede convertirse en el abrazo más caro del siglo.) Exclusivamente con la gente del "Mayflower"

de Ucedé no se llega a 1983. (El domingo se pedía la cabeza de Abril, y no la pedían sólo los

comunistas.)

El estatuto vasco va a costar más sangre, y probablemente la costarán las elecciones para el gobierno

autónomo, y este país se ha metido en un slalom de cuatro, cinco, seis, siete años en el que cada "fecha

histórica" a cubrir es una muerte, y el calendario, una pista de gomados. Aquí hay que llamar gente de

refresco, aunque, leñe, sean del "Opus". El mensaje de septiembre a la Moncloa podría ser éste:

Cambiemos, queridos gobernantes, la escala de valores. Pongan algo de "grandeur" en el coctel político.

Fortifiquen el Estado mientras, domingo 29, Felipe inicia el "sprint" final, y antes de que a Suárez, que es

lo que tenemos, le empiecen a atacar, lunes 1, martes 2, miércoles 3, como a Cárter, hasta los conejos

gigantes.

Pedro RODRÍGUEZ

 

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