Autor: Aguilar Navarro, Mariano. 
   ¿Un compromiso preconstitucional?     
 
 Ya.    03/02/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 6. 

"¿UN COMPROMISO PRECONSTITUCIONAL?"

LOS pueblos en circunstancias como las que está viviendo el español en estos ultimos meses suelen

oscilar entre el optimismo y el pesisimismo, teniendo esta movilidad características pendulares agudas.

No pocas declaraciones programáticas obedecen a este estado de ánimo. Gobierno provisional, pactos

sociales y políticos, compromiso constitucional, etc., son ejemplo de estas propuestas, que sólo pueden

valorarse en función del momento histórico y psíquico,

LA última semana de enero ha constituido, a su manera, una "semana trágica". Y digo a "su manera",

pues es fundamental poseer una mínima capacidad de diferenciación que nos proteja del peligro de las

simples y falsas analogías y extrapolaciones históricas y conceptuales. Entre la "semana ´trágica"

barcelonesa y la que actualmente se ha vivido en Madrid, nada, o cual nada, hay de comün. Ni en el

plano doméstico ni tampoco en sus más complejas incidencias internacionales. No hay semejanza ni en la

etiología de los sucesos, en las fuerzas políticas comprometidas, en las pretensiones, intereses e

ideologías que entraban en conflicto. Existe una diferencia formidable también en la forma de responder

a loa acontecimientos el pueblo español y de situarse frente a los mismos la opinión pública

internacional. Lo que ha sucedido en Madrid no responde a un auténtico conflicto de posiciones, de

fuerzas ni de verdaderas respuestas políticas. En cuanto al eco de estas Jornadas en los medios

internacionales, la diferencia resulta espectacular. A una repulsa, puede decirse que masiva en el propio

país, se une una condena no menos global en el extranjero.

Es Igualmente significativa la coherencia en cuanto a las interpretaciones de los sucesos. Prescindiendo

de la precisión de loa autores materiales, y sin descender ahora al obligado estudio sobre los grupos

patrio» y posiblemente extranjeros implicados, la opinión abrumadoramente dominante en cuanto a la

intencionalidad política d« loa autores de esta acción subversiva es "nítida y rotunda: se trata de

arrebatar al pueblo español el ejercicio de una soberanía recién reconocida, pero aun no estrenada. Lo

que se quiere evitar es la puesta en marcha de un proceso de democratización. La lucha se libru antes de

comenzar la misma marcha. No se trata da una discrepancia en cuanto a las características del proceso

democrático, a ia misma forma de entender y realizar esa sociedad democrática. Lo que s« quiere es

impedir toda posible vía democrática. Si en un momento pudiera demostrarse la Intervención material de

gru püsculos de extrema izquierda, habría teóricamente que afirmar que sólo en la vaciedad de las

palabras se podía hablar de extrema izquierda. En loa hechos, en la misma praxis revolucionaria

(libertaria, marxista de las más diversas versiones y orígenes, etc.), tendríamos la base para declarar

que los pretendidos revolucionarlos eran contrarrevolucionarios, o unos analfabetos en cuanto a la

teoría y práctica revolucionaria.

TODOS estamos un poco de vuelta de muchas cosas. Todos estamos un mucho envejecidos por la

monotonía y poca originalidad de actitudes, fórmulas de lucha, diagnósticos teóricos e incluso

pragmáticos. Se nos habla de una acción de "desestabilización", y de inmediato se nos presentan

antecedentes tanto de signo fascistoide como gauchista. Para los demócratas, para aquellos que nos

consideramos como izquierdistas, puede ser lamentable establecer un parangón entre lo que sucedió en el

Chile de Allende y lo que está aconteciendo en la España cronológicamente posfranquista. No son las

semejanzas las que resaltan. Lo fundamental es precisamente la diferencia. Sin la acción de determinados

círculos norteamericanos (dato que hoy nadie niega) no hubiera existido en Chile "desestabilización"

alguna. Y los círculos norteamericanos actuaron frente a un proceso socializante, tercermundista, etc., que

constituía para sus especiales intereses un reto de muy significativas secuencias. En la´ España de hoy

sucede cosa muy distinta. En la actualidad los intereses norteamericanos no propician una

"desestabllización", sino todo lo contrario: una progresiva consolidación del proceso de gradual y

controlado avance democrático del pueblo español,

España ha vivido dos jornadas luctuosas, pero también dos días esperanzadores. Luto y esperanza son

fácilmente reconocibles.´ Han sucedido cosas inéditas, y no aludo al crimen, a una violencia, que aun

cuando pretendiera tener intención política, carece de toda viabilidad política. Me refiero a la respuesta de

la sociedad, de sus más diversos sectores y centros significativos da inspiración y poder. Jamás se

había conocido en nuestro periodismo un editorial comunitario (éste es el término que prefiero) como el

publicado el sábado. Un abanico de fuerzas políticas tan • amplio y plural como el que ha suscrito el

llamamiento a la Nación, al mismo tiempo que marca, causas y señala caminos, tampoco tiene

antecedentes entre nosotros y, acaso tampoco, en situaciones no bélicas, en otros pueblos, E igual habría

que decir de las fuerzas .sindicales, colegios profesionales, etc. ¿En que todo este inmenso caudal de

posibilidades no va a ser utilizado? ¿Mas de qué modo debe plantearas políticamente esta

operación ? Esta es la cuestión. Yo me atrevo a sugerir, y éste es el . sentido del título, la negocia´

ción de un compromiso "preconstitucional". Eramos tremendamente optimistas cuando pensábamos

que lo esencial era la negociación que se está tramitando (con ritmo gravemente lento y con perfiles

nada claros) entre la oposición y el Gobierno. La realidad (que no hubiera sido insensato prever) nos

situaba en un terreno aún más rezagado. Había que crear unas condiciones objetivas y subjetivas mínimas

para pensar en una auténtica negocia

M. AGUILAR NAVARRO

* * *

(Continúa eu pág. sigte.)

¿Un compromiso?

(Viene Se la pág. anterior)

ción del proceso democrático. Hoy estamos aún alejados de los principios mismos. El comunicado

conjunto de tantos grupos que salvan sus diferencias ideológicas confirma mi diagnóstico.+

Posiblemente tenemos una sociedad capaz de trabajar por darse unas formas democráticas. Lo que no

existe, de momento, es esa obligada convivencia, comunidad en unos mínimos esenciales e

indispensables para acudir a una consulta electoral. La sociedad tiene vitalidad (puede perderla o

malgastarla en una acción incorrecta y medrosa). El punto débil, enormemente precario, es el aparato de

poder. Lo que está en entredicho, no nos engañemos, es nada menos que el Estado. Y hoy lo que puede

unirnos a todos es esa defensa desesperada para evitar que nos quedemos sin Estado y después sin nación

y nacionalidades.

M, AGUILAR NAVARRO

 

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