ABC y el golpismo     
 
 ABC.    28/09/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ABC. VIERNES. 28 DE SEPTIEMBRE DE 1979. PAG. X

AB C

ABC Y EL GOLPISMO

Bajo el título «E! ABC y e! golpismo», «E! País» publicaba ayer la siguiente carta de don Antonio Tovar:

«Disculpa, • querido Juan Luis, que ts - pida hospitalidad en tu periódico, ya que el ¡ugsr más adecuado

para explicarme me temo no se me abra fácilmente.

Del diario "ABC" vino hace varías semanas un periodista, amable amigo mió, que me pidió escribiera

para el número dominical un artículo. Por complacer una petición Que siempre halaga, y saltando por mis

v:e/os recelos trente al diario, ya que se me aseguraba que en la nueva etapa se acentuaría, o iniciaría, un

cierto liberalismo, escribí mi artículo, que salió, con gran fotografía de mi ya un poco fatigada persona, el

pasado día 16.

He tenido muy mala suerte, porque con los graves acontecimientos de los últimos días, el diario de

marras, tiel a su linea de tantos años, sobre solicitar y publicar Íes declaraciones del general Miláns del

Bosch, publica el día 25 un editorial que a muchos nos parece golpista.

En vista de lo cual, y como no puedo retirar ni mi fotografía ni mis cuartillas, quiero distanciarme

públicamente de la política del "ABC", en el que, fiel a mi propósito de siempre, no volveré a colaborar,

después de esta primera y última vez."

Reproducimos la carta que el profesor Tovar ha dirigido al director de «E! País» y que fue publicada ayer

en dicho periódico. Creemos que ésta es la manera más directa y sencilla de demostrar que los temores

del señor Tovar —expuestos públicamente sin que se tomara la molestia de confirmarlos— eran

perfectamente gratuitos y sólo pueden encontrar fundamento en una interpretación maliciosa o mezquina

de la probada hospitalidad de nuestras páginas en trances iguales o parecidos.

Puede servir también la reproducción de Ja carta para convencer al director de «El País» de que una

simple llamada telefónica habría bastado para convertir la publicación de esa carta en un gesto tan cortés

(tan cortés hacia el señor Tovar) como innecesario y ocioso. El «lugar más adecuado» para que Tovar se

explique estaba abierto.

Don Antonio Tovar aventura una segunda presunción, que nos duele, por injusta, tanto como la primera.

Según Tovar, ABC ha publicado estos días un editorial «golpísta». No sólo eso, sino que lo ha hecho «fiel

a su línea de tantos años». la carga y gravedad que encierra esta definición, y la personalidad de quien la

firma (ex rector de Salamanca, académico y notable figura en el campo de la enseñanza, de las letras y de

la política), nos aconseja salir al paso de esa imputación en la forma más clara y rotunda. Queremos evitar

que alguien pueda quedar confundido sobre eso, aun a riesgo de que nuestras explicaciones resulten

obvias para los muchos lectores de A B C que conocen la línea y la historia del periódico mejor que la

conoce el señor Tovar.

ABC no es golpista. Ni lo es ahora ni lo ha sido ¡amas. Ni siquiera en momentos en que la situación de

España se precipitó en el desorden y en la anarquía se ha alentado a nadie desde nuestras páginas para que

protagonizara un golpe de Estado o se ha propugnado el «golpismo» como solución de crisis políticas y

convulsiones sociales. El desbarajuste, el desgobierno y la explosión de pasiones políticas trajeron más de

una vez a esta Casa horas amargas y difíciles y proporcionaron a los hombres que entonces la dirigían

adversidades, peligros y persecuciones. Pues bien, ni cuando el Gobierno de la República se incautó de

nuestra Casa, en 1931, ni cuando las llamas devoraban las instalaciones de A B C de Sevilla; ni cuando

un Gobierno desconcertado y fuera de sí y de toda norma moral y legal encarceló Injustamente al director

da ABC, Juan Ignacio Lúca de Tena; ni cuando ya se hizo evidente la práctica Imposibilidad de que

España recobrara la paz y el orden por la vía legal y constitucional; en definitiva, nunca, este diario se ha

indinado por la solución del golpe de Estado.

NI hemos tenido ni tenernos hoy fe alguna en que el «golpe militar» sea remedio eficaz o bueno para las

crisis, para los problemas, para las dificultades políticas. Creemos que el remedio de cualquier

enfermedad, leve o grave, que aqueje a un país que viva en democracia, debe buscarse en los mecanismos

de defensa de su propia legalidad y de su propia Constitución.

Pero eso no debe disuadirnos de cumplir una función crítica que, dentro de la esfera pública, alcanza a la

conducta y a la gestión de los políticos en el Gobierno, de los políticos en la oposición y, también, a los

propios gobernados. Esa función crítica resulta más necesaria y saludable cuando ios errores o las

debilidades en la gobernación del país facilitan que algunos ciudadanos piensen en el golpe militar como

tratamiento a la desesperada o como último remedio. Cuando en nuestras páginas se recoge la realidad

social y política de España y se señalan males que nacen o se agravan, estamos cumpliendo la misión

sustancial del periodismo, y al mismo tiempo estamos avisando del peligro de que renazca una tentación

frecuente en nuestro pueblo: precisamente, el recurso a! golpismo.

Vamos a ser más explícitos y concretos. En esta hora de España se considera por algunos la conveniencia

o la inconveniencia, no ya de un "golpe militar», cosa que está lejos de una mínima sensatez y de

cualquier repertorio atendible de alternativas de gobierno, sino de una intervención militar en el

tratamiento del más lacerante problema que sufre España: la situación que el terrorismo ha provocado en

el País Vasco. Nos declaramos abiertamente enemigos de aplicar ese tratamiento. Sólo puede justificarse

una intervención militar si se disparan en ese sentido los mecanismos constitucionales, para salvaguardar

la unidad de España.

Y una última cosa, que debemos recordar al señor Tovar con alguna tristeza y con cierta decepción. A B

C no necesita acentuar, ni mucho menos iniciar, una etapa de «cierto liberalismo». Desde su fundación

hasta hoy mismo, el «liberalismo cierto» (permítasenos este fácil juego de palabras) de ABC ha seguido

una línea recta y clara, reconocida hasta por nuestros más desahogados adversa-ríos, discrepantes y aun

enemigos. Desde luego, en esta Casa siempre se ha querido y procurado que esa línea fuese impecable, a

pesar de tantos y tan diversos avatares como hemos conocido, tantos temporales históricos como hemos

capeado y tantas modas políticas como hemos visto nacer y morir. Para reafirmarnos en nuestra ya vieja

historia liberal no tenemos necesidad de hacer ninguna declaración de arrepentimiento ni ningún

espectacular acto de contrición.

Lamentamos que el profesor Tovar haya decidido no expresar alguna de sus opiniones en ABC. Haciendo

honor a ese espíritu liberal que nos guía, hubiéramos recogido gustosamente sus opiniones, aunque no las

compartiéramos. Sus opiniones de antes y sus opiniones de ahora.

 

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