Los contactos gobierno-oposición. 
 Negociar con cautela y seriedad     
 
 ABC.    05/09/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

5 DE SEPTIEMBRE DE 1976.

LOS CONTACTOS GOBIERNO-OPOSICIÓN

NEGOCIAR CON CAUTELA Y SERIEDAD

ES absolutamente comprensible que el Gobierno actual y, por tanto, los ministros que lo componen,

traten, por todos los medios razonables y lícitos, de llegar a acuerdos con los grupos y los partidos que se

mueven en la realidad del país. Es más que comprensible: es obligado, es un imperativo indudable de la

política ejercida desde el Poder, en estos difíciles tiempos.

El Gobierno, los ministros, deben intentar constantemente cualquier negociación digna, que sirva para

crear y ofrecer una plataforma de entendimiento, de consenso nacional. Desde esta firme base podrá

iniciarse, con leal apoyo mayoritario, la deseada y prometida democracia.

Pero esta obligación gobernante tiene también límites y condicionamientos. Está sometida a normales

precauciones o cautelas políticas. Una, primaria y muy simple, que a cualquiera se le alcanza, consiste en

no adelantar nunca a la publicidad la celebración de una entrevista, un encuentro o una reunión, si no

existe, de antemano, cosa no difícil de averiguar, la posibilidad de algún acuerdo; aunque sea parcial.

Lo que no conduce a nada y provoca luego reacciones negativas de la opinión pública hacia el Gobierno y

hacia sus ministros en particular es anunciar encuentros, diálogos y conversaciones que resultan estériles;

y que lo son, en definitiva, porque no se ha tomado la precaución de sondear privadamente, sin publicidad

alguna, la realidad de lo que pueden acordar o estar dispuestos a negociar los otros. Es decir, los grupos

de oposición con los cuales se entra, tan confiadamente, en contacto.

Actuando de esta forma, que por lo visto es la más frecuente, el Gobierno y sus ministros pierden

prestigio y crédito las más de las veces que aceptan o que sugieren reuniones con los partidos o los grupos

sindicalistas alineados en la oposición. Y al revés, estos partidos y grupos ganan puntos, en cada ocasión

frustrada de diálogo o de acuerdo. Les basta decir públicamente que acudieron a la cita para demostrar su

buena disposición o su buena voluntad de entendimiento, pero que las propuestas gubernamentales o

ministeriales eran inaceptables.

Difícil será que sepamos nunca, si las reuniones se celebran así, sin preparación ni precaución previa,

quién tenía razón; o, al menos, quién presentó propuestas razonables y quién acudió al diálogo con

contrapropuestas imposibles.

Jamás como ahora ha requerido la política española más dosis de seriedad y nunca como ahora son más

inadecuadas a intempestivas en ella las dosis de improvisación o de superficialidad. Seriedad, pues, de

fondo y de forma. Seriedad que no se refiere sólo a los planteamientos propios, sino que se proyecta en la

exigencia de reciprocidad absoluta: seriedad también en los ofrecimientos del adversario. Porque si una

de las partes no está dispuesta a negociar nada, ¿para qué reunirse?

Honrosa y patrióticamente, debe el Gobierno practicar una política abierta y dialogante con todos. Pero

debe hacerlo con prudente precaución: sabiendo, porque hay muchos modos normales de saberlo, si al

resultado de las entrevistas o de las reuniones va a ser positivo, en alguna medida, o va ser nulo.

Es muy posible que la oposición —la amplia serie de todas las tendencias que resumimos en este

término— modere su actitud de obstrucción si se le reclama previamente, con admisible rigor, un anticipo

o borrador de lo que aceptaría negociar, como condición para entrar en conversaciones.

En el peor de los casos, cuando no hubiera entendimiento posible, siempre ganaría dos puntos el

Gobierno: primero, podar anunciar públicamente que es tal o cual grupo de la oposición el que no ofrece

materia ninguna para el acuerdo; segundo, ahorrarse el esfuerzo, las palabras y el desgaste de una reunión

inútil.

 

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