Un presidente para un pueblo adulto     
 
 Ya.    01/02/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

UN PRESIDENTE

PARA UN PUEBLO ADULTO

LAS esquelas paralelas en las que, bajo la cruz unas y otras en nombre del Partido Comunista, se

recuerda conjuntamente a las últimas víctimas del terrorismo, guardias civiles y abogados laboralistas,

estudiantes y policías armados, son un hecho absolutamente nuevo en la historia política española, que

hay que valorar sin dejarse deslumbrar por ingenuos entusiasmos, pero sin cerrar los ojos a la posibilidad

da que algo, y muy importante, esté cambiando entre nosotros.

Si este cambio es auténtico, quiere decir que cualquier semejanza con situaciones pasadas está

fuera de lugar. Haca cuarenta años eran dos Españas las que se enfrentaban; ahora, esas dos

Españas se unen ante sus víctimas comunes, porque las dos sufren el ataque quién sabe si de sus

respectivos extremismos, quién sabe si de organizaciones criminales apoyadas en ocultas

vinculaciones internacionales, pero, en todo caso, minoritarias y ajenas a la voluntad de

convivencia de la inmensa mayoría del pueblo español, que simplemente soporta, como las demás

democracias contemporáneas, los furiosos ramalazos de la violencia profesionalizada.

El peligro sería que hubiera quienes creyesen que volver al pasado pueda resolver algo. Ni volver al

pasado es posible ni remediaría nada: recuerdese que los zarpazos más brutales y audaces del terrorismo

se dieron durante el régimen anterior. Mantenerse fieles al camino que nuestro pueblo eligió libremente,

no dejarse amedrentar, fortalecer la unión de las fuerzas políticos y sociales que al terrorismo quiere

enfrentar como sea, agigantando lo que hasta ahora no pasa da manifestación marginal, por dolorosa que

sea; en suma, seguir adelante, y con mayor decisión y con más rapidez: no hay otra solución.

El lenguaje del presidente del Gobierno al dirigirse aI pueblo español para pedirle todo esto es otra

novedad. Claro es que el Gobierno va a hacer todo !o que pueda, pero el presidente ha tenido el valor da

decir que nadie espera milagros; se trata de un problema que ningún Gobierno ha podido resolver

fulminantemente, porque una solución de esa clase no existe. Pero precisamente nuestra historia política

se ha hecho siempre con la promesa del milagro; la han hecho los hombres y los Gobiernos de los que se

ha esperado cada vez ta solución repentina y total. Como ningún Gobierno la puede nunca tener, por eso

nuestra historia ha resultado una historia de catástrofes. Ha sido también la historia de un pueblo niño,

porque sólo los niños vivan de sueños.

 

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