Autor: García Dolz, Vicente. 
   La unidad de las Fuerzas Armadas     
 
 Diario 16.    05/03/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

La unidad de las Fuerzas Armadas

Vicente García Dolz (Comandante de Aviación)

Un conocidísimo político, cuyo nombre silencio por imperativos apartidistas de mi profesión, volvió a

repetir en cierto periódico que algunos, con sus actitudes y acciones, han producido —entre otros

desaguisados— nada menos que !a «división de las Fuerzas Armadas»,

La disciplina, la jerarquía y la unión constituyen las características indispensables de las Fuerzas Armadas

para conseguir la máxima eficacia en su acción. «La unidad de las Fuerzas Armadas es el fruto de la

armonía que ha de existir entre los miembros de los Ejércitos...» (artículo 13 de las Reales Ordenanzas de

las Fuerzas Armadas). La unidad de cualquier Ejército podría ser enteramente mecánica, totalmente

compulsiva, singularmente vegetativa y no muy belicosa si no estuviera animado por una clara conciencia

de su marcial propósito e inspirado por un corporativo espíritu de unidad y solidaridad.

Lo que Durkheim llamaba «solidaridad orgánica» es un sistema de funciones unidas mediante relaciones

determinadas; esto se suplementa mediante un conjunto de creencias y de sentimientos comunes a todos

los miembros del grupo (solidaridad mecánica). Tales creencias y sentimientos comunes —sigue

afirmando Durkheim— exceden en número e intensidad a las ideas e inclinaciones de cada miembro del

grupo.

Unidad no es uniformidad accidental

Ya he afirmado varias veces que unidad no es uniformidad. La uniformidad externa y material de los

militares sólo es accidental (se es militar hasta en albornoz). La unidad de los Ejércitos, para Finer,

constituye el vital y permanente chispazo —el rayo que no cesa— de la institución castrense: su espíritu

de cuerpo. Y se refleja en el espíritu militar, la lealtad y el compañerismo, conceptos nada difusos,

eficientemente definidos y sobradamente clavados en nuestras almas de soldados.

Las «creencias y sentimientos comunes» de Durkheim se sobreponen a cualquier ideología privada del

individuo de la institución militar. La disciplina obra tal milagro: asegura la unidad de acción, no

necesariamente la uniformidad de pensamiento. El general Franco dio una definición de disciplina,

precisamente refiriéndose a la obediencia que el militar debe al poder civil, que, para algunos tiene mayor

vigencia ahora que antes. Se refería también a la unidad de acción, no a la uniformidad de pensamiento:

«¡Disciplina!.... que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se

nos manda...» Es decir, uno de los mágicos efectos de la disciplina militar —«la mayor potencia de la

historia», según Ortega— consiste en trascender los particularismos de pensamiento de cada soldado.

De lo contrario, ¿cómo integrar tan magna masa humana en un bloque que se mueve con la coordinación

y precisión de un Ejército?

Está bien claro: «... Tiene su expresión colectiva (la disciplina) en el acatamiento del orden constitucional,

al que la institución militar está subordinada» (artículo 11 de las Reales Ordenanzas Militares).

Las ideologías privadas

¿Quién duda de la unión de las Fuerzas Armadas? ¿Los que se dejan impresionar por la indisciplina o las

emociones de unos pocos oficiales? ¿O el político que afirma que algo o alguien «ha dividido a las

Fuerzas Armadas?».

Aquí seguimos unidos en la obediencia —y por muchos años, esperamos todos—, cumpliendo con

muestra «más principal hazaña».

Su Majestad Don Juan Carlos, en su discurso del pasado día 6 de enero, nos pidió, a los militares, a los

maestros de la disciplina, que guardásemos cada uno de nosotros, en el fondo de nuestras almas, las

ideologías particulares.

Yo tuve un coronel, de imborrable recuerdo tanto en el aire como en el suelo, que solía decirnos:

«Cultiven ustedes, con apasionamiento, si lo desean, las ideologías que prefieran. Les recomiendo que las

contrasten en el estudio y en el esfuerzo individual. Pero háganlo en casa. Todo eso déjenlo en la puerta

de la base aérea. Y a la hora de formar, todos firmes y sin pestañear. Y a trabajar y a volar.»

Max Weber dice que la disciplina racional es el más invencible de ios poderes para minimizar la acción

individual y potenciar la colectiva. «La disciplina -factor fundamental de la unidad de acción— consiste

en la ejecución sólidamente racionalizada, sistemáticamente enseñada y exacta de la orden recibida,

prescindiendo de toda crítica personal y con rden, de modo exclusivo y resuelto. Esta conducta en órdenes

es. por lo demás, una conducta uniforme». ¿Qué pinta en todo esto la pretendida «uniformidad ideológica

o de criterios» que alguien parece echar en falta en las Fuerzas Amadas? Ese tipo de «unidad» sólo se da

en los «indoctrinados» Ejércitos de los países totalitarios, no en los de las actuales democracias.

La disciplina y la unión en la obediencia y el compañerismo conjuran sobradamente, en el seno de los

Ejércitos, eso que se ha dado en llamar «el cáncer de la política en los cuarteles». El Níairena de Antonio

Machado es muy elocuente a este respecto:

«... Yo no os aconsejaré nunca el apoliticismo, sino, en último término, el desdeño de´ la política mala,

que hacen trepadores y cucañistas, sin otro propósito que el de obtener ganancia y colocar parientes.

Vosotros debéis hacer política autentifica, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin

vosotros, y, naturalmente, contra vosotros.»

No se refería Machado, precisamente, a nosotros, los militares. Para nosotros hacer política auténtica

consiste en fomentar nuestras virtudes, nuestro amor a España —amor racional junto con amor pasional—

nuestra disciplina, nuestro compañerismo y nuestra unión. Para ello es preciso fomentar nuestro valor

moral, «que se adquiere en tiempo de paz mediante e! estudio y la meditación». Y así, los militares

sabremos —sabemos— en qué consiste la política auténtica y no nos dejaremos engañar por la cucañera y

oportunista de algunos políticos.

No ejercemos la política activa, no es lo nuestro. Ni tan siquiera hablamos de política de partidos. Pero

nadie divide ni dividirá a las Fuerzas Armadas.

 

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