Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Una palabra tabú     
 
 Pueblo.    08/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

PUEBLO 8 de octubre de 1977

Por Joaquín AGUIRRE BELLVER

LA diferencia entre una sesión con vojo de censura y otra sin voto de censura está en lo bien que se lo

pasa uno. El voto de censura es la salsa, señores diputados, la salsa, de la cuestión. Hasta, ahora,

reconózcanlo ustedes, la ocasión en que más nos hemos divertido fue cuando lo del incidente de

Santander. Como aquello, nada. Por eso, al salir a debate el tema en la plenaria de ayer, yo pedía para mis

adentros que el voto dé censura saliese adelante, y cuanto más, mejor. Propuesta; ¿por qué no hacer un

Parlamento ,en el que todo se hiciera a base de votos de censura; todo? Ganaría mucho, y ahora que

estamos en período constituyente resulta posible, no me digan que no.

Una de las características principales del voto de censura es que se lanza al aire y no se sabe a quién

acabará golpeando. Como el boomerang de la obra de Jardiel Poncela que vimos ha¿ce´ poco en

televisión, que llega cuando menos se espera y rebota en la nuca del más desprevenido. Pues eso. ¿Quién

iba a decir, por ejemplo, que el voto de censura del PSOE contra el ministro de la Gobernación iba a

terminar dándole a Alfonso Guerra? Porque a partir de entonces hay que ver cómo le han puesto los

periódicos. Y ayer mismo, que la sesión de la mañana se convirtió, poco más o menos, en un voto de

censura al ministro Jiménez de Parga, puestos a recriminarle todos los grupos parlamentarios, uno tras

otro. A. las nueve y media de la noche pasadas, cuando la sesión llegaba a su fin, dirigí mi mirada a

Jiménez de Parga, y le vi en un rincón del banco azul, con un aire cariacontecido y como arrugadito él. Se

le había ocurrido, en su discurso de la mañana, y sobre la marcha, porque no miró Jas cuartillas, inventar

de pronto un voto de .censura a Alianza Popular; mejor dicho, a Fraga, Iribarne, y el boomerang, pues..

Fraga había presentado una enmienda a la totalidad del proyecto de regulación del voto de censura, y

Jiménez de Parga dijo que eso sería el caos, y se puso a insistir en que Fraga ,erá un enemigo de la

democracia. A Peces-Barba, del PSOE, le pareció una agresión antidemocrática eso de llamar «enemigo

de la democracia» al que tiene, la ocurrencia de enmendar a la totalidad. Esto de mencionar el caos, según

el señor Peces-Barba. debería estar parlamentariamente prohibido. Lo considero de | razón, con una

excepción única: que lo del caos sea verdad, ya que en tal caso me parece de buenas maneras dirigirse a

los señores diputados y advertirles: «Oigan: Que viene el caos», para que no les pille de improviso y les

mterrumpa ´un discurso. Del caos no se debe hablar; pero hay que avisarlo, vaya.

T£l señor Peces-Barba pronunció una pala ora cuyo alcance se me escapó, mientras hablaba: Fue luego

cuando caí en la valentía del señor Peces-Barba al hacerlo. Me refiero a la palabra «coherencia». En

seguida salió a la palestra Santiago Carrillo, que no pensaba hablar, pero que aquello de la «coherencia»

no se lo tragaba tan fácilmente:

¿Coherencia el PSOE?

Que era como decir: «Para coherente, un servidor.» Y a partir de ese instante se olvidaron los señores

diputados del asunto que íes traía allí, que era el voto de censura, y se entregaron al bonito juego de

llamar coherente a su propio partido e, incoherentes a los demás. Juego de ´mucha novedad, la verdad sea

dicha, y que nos hizo llevadera la mañana. Por la tarde nadie inventó una cosa ni parecida, y por eso nos

aburrimos tanto. Bueno, hubo un momento en que a Felipe González se le ocurrió que podíamos

pasárnoslo muy bien haciendo el recuento de votos muchas veces; pero no cuajó la cosa.

A mí, lo de la coherencia me ha impresionado mucho. Había llegado a pensar, que era una palabra

antipolítica,´ casi un «tabú» entre la clase dirigente. Y es que el país ha cambiado tanto y tan de sopetón

siempre, que un hombre o un partido de verdad coherente se me antojaba imposible. Sin ir más lejos, ayer

sale al estrado Meilán Gil y comienza su discurso diciendo:

-Señor presidente, señores procuradores, Grandes risas en el hemiciclo. El señor Meilán,. todo sonrojado,

pide ¿disculpas. Cuando, en realidad, se trataba simplemente de un acto de coherencia. Si ha estado

diciéndolo hasta ayer ¿por qué no había de decirlo hoy? Pero ustedes se rieron, señor presidente y señores

diputados; se rierqn. ¿Eo ven cómo la coherencia no es una virtud política?

Entre nosotros, a mi lo más coherente de la sesión me pareció la actitud de ´Alianza Popular, que como

son pocos, votó en cada momento con la enmienda que le gustaba más: ¿comunista?, pues comunista;

¿socialista?, pues socialista. Ahora que caigo: me parece que con UCD no votó nunca. Bueno, en vez de-

un caso de coherencia puede que lo sea sólo de coincidencia. Una casualidad,´ vaya.

 

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