Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   El Pleno de la reconciliación     
 
 Pueblo.    15/10/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

El de ayer fue el Pleno de la reconciliación, la reconciliación nacional, con la aprobación, en la sesión de

la mañana, de la ley de la Amnistía, y la definitiva reconciliación de la familia hispano-mejicana, sellada

en la sesión de la tarde con la visita a las Cortes del Presidente mejicano López Portillo.

«Sólo el olvido al amor vence», dijo Calderón. No era el olvido que ayer se aprobó en letra de leyes un

olvido frío. Nunca ha, habido más emoción en el hemiciclo en estas Corles de 1977. Emoción en la voz

de Marcelino Camacho. que hizo algo más que testimoniar en abstracto cuando dijo: «Hemos enterrado

nuestros muertos y nuestros rencores.» Emoción en la voz de Arzuyus, del PNV, cuando en ese castellano

de sonoridades tan hermosamente profundas que hablan los vascos, dijo esta frase escalofriante: «hasta

nos hemos odiado profundamente, y hoy nos sentamos unos junto a otros», para añadir esta otra frase que

es ella sola un testimonio ejemplar del espíritu que dominó en la memorable sesión de ayer: «Yo he oído

al representante de Alianza Popular con respeto», porque para este representante del dolorido. pueblo

vasco también merecen respeto los españoleas temerosos de que la amnistía que se aprobó ayer en las

Cortes no sea el Ultimo capítulo de ciertas violencias. Emoción, finalmente, en las palabras de

Letamendia: «No condenéis la desesperación y no se producirán actos desesperados.»

Había 317 diputados presentes. Se aprobó la ley por 296 votos a favor, dos en contra, 18 abstenciones, y

ese voto nulo que aparece en todas las votaciones y que debe de pertenecer a la señoría definitivamente

alérgica a la electrónica. Salvo los diputados de Alianza Popular, que se .habían abstenido por las razones

que expuso el señor Carro, la más importante de todas «que el Gobierno no es capaz de garantizar que

esta amnistía es la última». El resto de la Cámara aplaudió en pie el resultado de la votación, y creo yo

que «na inmensa esperanza ha llegado al corazón de los españoles: la que que esta amnistía sea

definitivamente prenda de reconciliación entre todos los españoles y un codo con codo, sean cuales sean

las ideas políticas de cada cual, a todos los ciudadanos respetuosos de la ley frente a quienes nú la

respetan. Ninguna idea política puede justificar desde hoy los atentados a esa paz ciudadana que es de

todos y que las Cortes deben garantizar y pueden garantizar en conciencia desde ayer.

UNA VISITA DE FAMILIA

Un malicioso comentaba ayer que el licenciado López Portillo parece, hablando, que hubiese sido becario

dé Cultura Hispánica. La frase suena a homenaje a la cultura hispánica del Presidente de Méjico, a quien

los aragoneses le agradecemos desde aquí su alusión al Justicia de Aragón, que hasta las Cortes de

nuestros viejos Reinos se remontó el ilustre jurista.

A mí el discurso del Presidente mejicano no me pareció un discurso: me pareció una conversación de

familia. El hijo del hijo del hijo del navarro que emigró en el siglo XVI y vuelve ahora a visitarnos y nos

cuenta cómo le ha ido a la familia de allá, cómo pasó la transición de la colonia, todo el hermoso trance

de la revolución de 1910, cuando Lenin aún andaba soñando la suya; toda la tarea de poner en orden la

Federación de Estados Mejicanos, y luego la coquetería de López Portillo de poner de manifiesto su

formación jurista y humanista para que viésemos lo bien que rebrotó en Nueva España el alma máter de

Salamanca y dé Alcalá.

Yo recordaba oyendo a López Portillo al licenciado Pedro Bautista Pino, que fue uno de los diecisiete

representantes de la provincia de Méjico en las Cortes de Cádiz, y cuyo inolvidable retrato se guarda en

aquella recoleta «saleta de los virreyes» del Museo de Nuevo Méjico de la ciudad de Santa Fe, «el más

viejo edificio civil de los Estados Unidos de América» (como que fue el palacio del gobernador español);

recordaba aquellas Cortes de Cádiz que inventaron la. palabra liberal, y pensaba en lo fácilmente que se

nos pone universal a los hispanos la conversación de familia. Hablaba López Portillo de sólo nosotros, y

estaba hablando de medio mundo, este medio mundo nuestro definitivamente reconciliado en todas sus

partes desde ayer.

Había tomado la palabra para recibir al Presidente de Méjico el presidente de las Cortes, don Antonio

Hernández Gil, con su talento habitual, y diputados y senadores en pie despidieron a su ilustre visitante —

era el primer Jefe de Estado que les rendía visita— con una ovación calurosa, que devolvio López

Portillo, además de enviar tres besos cariñosos con la punta de los dedos a doña Dolores Ibárruri.

Una bien cumplida jornada la de ayer en las Cortes,

Pilar NARVION

 

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