Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   El grupo de los divos     
 
 Pueblo.    20/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL GRUPO DE

Por Joaquín AGUIRRE BELLVER

NO son bastantes; hay que crear un grupo parlamentario más: centrismo, socialismo, progresismo,

independentísmo y djyismo. Este, e! grupo del divismo, se hace cada vez más necesario. De algún modo

hay que acoger institucionalmente a todos esos señores que están en su perfecto derecho a armar la

marimorena, dar voces, lanzar improperios, rasgarse vestiduras enronquece? a fuerza de grandes palabras

o de palabrotas, no importa si viene a cuento. Para hablar están en las Cortes, ¿no? Y, si bien se mira,

¿quién está legalmente autorizado a considerar que dicen disparates? Me adhiero al manifiesto de «se

político guipuzcoano, Juan María Bandrés, que porque «I presidente le impidió el uso de la palabra en

sesión anterior denunci» el «terrorismo parlamentario». Bueno, quizá se pase un poco al calificarlo; pero

pensemos en los partidarios del divisino y considérenlo» aá en realidad, cuando se lo estorban, no se

sienten alterados, oprimidos, vejados en lo más íntimo de sns sentimientos. Si de verdad buscamos

libertad para todos, ¿por qué no para los divos?

Ayer, a través sobre todo de 1» intervención del señor Villar Arregui, quedo clara la Importancia en el

Senado de la minoría dí-,*vista,«así como de la verdad de sus razones. Ciertamente, la Cámara sé dividió

en partidarios de que si ya el discurso del señor Arregui estaba desfasado y su propuesta iba » ser retirada

pudo ahorrarse un alegato tan tremendo, especie de voto de censura al Gobierno pasado de rosca y de

ocasión, y partidarios de que lo que se calla se enquista, y pobre señor Villar Arregui si no llega a liberar

su hígado de tan apasionantes cuestiones. Me añado a esta segunda posición. Villar Arregui se lo pasó

bomba, y a estas horas seguramente es feliz contando » los amigos las cuatro verdades que le ha dicho al

Poder, y nosotros., que le escuchamos, nos divertimos también le nuestro. Aunque luego resultara que,

después de tanto ruido, nos quedábamos sin nueces. Ni voto de censura ni nada. Otra vez será.

Además, habíamos asistido a otro precedente, cuando López Pina. en nombre del PSOE, arremete hasta

con ferocidad contra la ley de Relaciones Parlamento Gobierno, para terminar diciendo que el PSOE

votará que sí. Esto fue peor y estuvo a punto de terminar de mala manera, ya que Villar Arregui. luego de

su sofiama, nos dejó a todos irnos a casa en paz y en gracia de Dios, pero López Pina exigió de sus

seguidores un voto afirmativo para lo que acababa de pintar como un engendro. Era demasiado y un buen

puñado de socialistas abandonó airadamente la sala, incompatibles con la lógica del sí porque no. Claro

que todos sabemos lo que hay entre bastidores, es decir, que los portavoces habían pactado de

antemano,sobre el tema y no hay más que hablar. Pero he ahí la cuestión, que no había que haber hablado

ni uña sola palabra. ¿Sí? Pues sí. ¿Lo ven ustedes, cómo eso de perderse la ocasión de un bonito discurso

es muy difícil?

Ahora que se ha sentado Xirinachs sé ha puesto de pie otro señor, un tal Benito Huerta, socialista y

progresista de Alicante. Le pregunté tímidamente por qué hacía penitencia, si por cuestión de principios o

de cualquier otra índole, y me respondió, muy firme, que porque la amnistía no es total. A mí este señor

me impone más aún que el padre Xirinachs. dado que es gordito y al cabo de un rato de estar levantado

suda copiosamente y acaba por apoyarse en la pared un rato. No entro en el tema, pero ya de entrada

siento por su causa una simpatía la mar, de grande.

Hay una filosofía común para Senado y Congreso, una filosofía que repiten continuamente los oradores, y

es que en cuarenta años no se ha hecho nada, absolutamente nada de nada. Cuando lo dicen unos señores

que soben tanto, ni salgo ni entro. Pero, señores diputados, señores senadores, entonces había tabaco en el

bar de las Cortes. Tabaco, sí. que, parece una cosa nimia, pero ayer me dejé un paquete de negro sobre la

mesa y cuando volví se lo había fumado el público, distinguido publico, al que hoy obligan a salir hasta

Marqués de Cubas. abandonando la trascendental tarea de legislar, para comprar unos cigarrillos. Eso al

menos habrá que anotarlo en el haber del pasado régimen. Pon-gran ustedes remedio rápidamente, no

vayan a empezar por ahí los fallos de la actual situación.

Hubo una larga discusión acerca del cuadro «Guernica», de Picasso, con fuertes diatribas para el terror de

la guerra sobre el pueblo vasco. A todos los oradores se les olvidó decir que ese cuadro sigue vivo en lo

que representa. Sirve para esto tanto como para aquello.

 

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