Autor: Meliá Pericás, Josep. 
   El papel del Senado     
 
 Informaciones.    22/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL PAPEL DEL SENADO

Por Josep MELIA

QUE papel debe jugar el. Senado en el futuro de nuestro país? Oviamente, y así parece que se señala en el

proyecto de Constitución, el de una segunda Cámara de representación rodonal equilibradora. Hecha esta

afirmación inicial, sin embargo, hay que sentar la conclusión de que si se admite tal principio, lo que es

tanto como negar su actual estructura, desde este mismo instante el Senado se halla en crisis.

En lo que podramos describir como la crisis de identidad de una Cámara que no sabe exactamente lo qué

es ni lo que debe llegar a ser.

¿Podría el Senado ¡legar a convertirse en una mera Cámara de asentainiento? El riesgo se palpó en la

primera parte de la sesión del miércoles. Una inconcebible pretensión del partido del Gobierno fue mas

inconcebiblemente aun apoyada por ios socialistas. El efecto que se perseguía era mortífero: vaciar

prácticamente de contenido legislativo al Senado. Porgue si, en electo, se generalizaba la práctica de

aprobar por dos tercias, y sin discusión, los proyectos ya dieta minados por el Congreso, quedaría

automáticamente suprimido el trámite de la segunda lectura. Villar Arregui fue muy duro en su juicio: «Si

damosnuestra conformidad a la propuesta —vino a decir— debo entender que es mejor pedir la

disolución de esta Cámara para ahorrarles dinero a los contribuyentes. Porque ta-bremos dimitido cié

nuestra función traicionando a nuestros electores y a ios intereses de la democracia.»

Fue significativo que tuviera que ser un grupo sin correlato en el Con: greso, así se dijo literalmente,,

quien saliera en defensa del fuero senatorial. Porque se había producido, en efecto, un intento de dictadura

de los. grandes partidos que tienen a sus líderes sentados. en los escaños del Congreso. Lo que se

ventulaba, poco más o menos, era un preceden- : te. Como si a los, grandes santones de: la estrategia y el

pacto les molestara que el Senado pudiera venir a enmendarles la plana. De ahí el intento de degollar la

Cámara, convirtiendola en un instrumento de unanimidades.

Por fortuna, el intento no prospero y el Senado salvó por los pelos su dignidad, a pesar de la cuchipanda

entre ucedistas y socialistas, Que se haya logrado saltar el listón, de todas maneras, no quiere decir que se

haya conseguido definir perfectamente la función üel Senado: El caramelo de intervenir, paralelamente al

Congreso, en la formulación de ¡os votos de censura y de las cuestiones de confianza, no fue suficiente

para que el Senado aplaudiera sin discutirla la ley que se le remitía desde la Cámara Baja. Pero como este

proyecto acabará por aprobarse, recaerá sobre un Senado en crisis una responsabilidad que en buena

lógica no debiera corresponderle. El atentado contra la soberanía del Congreso se vuelve asi como una

espada de Damocles que puede producir la desnaturalización del Senado. Esta y no otra es la explicación

de que los socialistas que votaron en el Congreso contra dicho proyecto de ley intentaran contra natura

que fuera aceptado por el Senado por la vía del «trágala». Al grupo socialista esto le costó algunas

deserciones escandalosas. Lo más grave, con todo, es la contribución que puede aportar a la pérdida de

identidad de la Cámara Alta.

Y es que, se quiera o no, tienen que surgir conflictos de poder entre dos Cámaras con iguales atribuciones

y con casi idéntica base electoral. Las dos instancias colegisladoras de la ley para la Reforma Política no

logran encajar con corno» didad. Entre otras cosas, porque se había previsto la mecánica de

funcionamiento para la redacción de la Constitución, pero no para la tramitación de las leyes ordinarias.

De ahí que salten chispas. Sobre todo cuando en este caso la ley ordinaria es provisional y trata de cubrir

el vacio "constitucional.

Lo más problemático, con todo, es la solución que se quiere dar ai conflicto- de poderes al poner en

marcha la Constitución. En este sentido, la indefinición autonómica del Estado mernia la redefinición del

genuino papel del Senado. No vamos a tener un Estado federal ni con regiones autónomas sobre todo el

territorio. Por eso se intenta absurdamente que en el futuro Senado la representación corra

proporcionalmente a las cifras de población. Tan gratuito y entorpecedor es esto, que seria otro

paralelismo desnaturalizador con relación al Congreso, como atribuir un mínimo de cuatro senadores a

cada provincia y producir el curioso efecto de que haya circunscripciones con más senadores que

diputados o zonas del país —las islas menores— que tienen representantes en la Cámara Alta pero no en

el Congreso. Todo esto hace un pan como unas hostias. Y conduce a que el Senado se debata en la

angustia dé querer cumplir con brillantez un papel que reclaman los electores, pero que perjudica al

estado mayor de los partidos.

Lo malo es que es más fácil denunciar el problema que darle una solución. Porque una respuesta correcta

pasa por una estructura regional de todo el Estado que sirva de base a la representación senatorial. Y esto,

al parecer, ni se quiere ni se puede hacer. Lo más lógico, por tanto, es que el Senado se debata entre el

azar y la necesidad, entre el ser y el tiempo, anclado en un coyunturalismo que es peligroso para el

equilibrio institucional. No se puede hacer más. Porque los males le vienen de fuera. Lo que falla son los

criterios ppliti-cos sobre los que el Senado se funda. Y si no se clarifican van a producirse serios

problemas.

 

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