Autor: González Seara, Luis. 
   Cortes y sindicalismo: al borde del ridículo     
 
 Diario 16.    17/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Cortes y sindicalismo: Al borde del ridículo

Luis González Seara

Parece claro que las dictaduras no fomentan el sentido del ridículo. El cúmulo

de actos grotescos que se

suceden a diario aminoran basta la extinción la capacidad crítica y la

conciencia de vergüenza propia.

Sólo así se explica el empecinamiento cerril del bunker franquista, parapetado

con uñas y dientes detrás de

los vetustos muros del sindicalismo vertical. Ahora resulta que, para establecer

un sindicalismo libre,

hemos de acogernos a los "ramas" de actividad, como si fuésemos simios con

dominio territorial sobre

ciertas especies de árboles. Claro que la culpa la tiene el Gobierno por enviar

a las defenestradas Cortes

del franquismo un proyecto de ley Impropio para su competencia y

representatividad. Y como nunca es

tarde para rectificar, lo razonable sería retirar el proyecto de las Cortes y

promulgarlo por decreto-ley.

Las Cortes actuales nunca tuvieron representatividad. y menos del mundo del

trabajo. Pero después del

último referéndum el pueblo español ha dejado muy clara su preferencia por los

sistemas de sufragio

universal, enviando al baúl de los recuerdos a la llamada democracia orgánica.

Por consiguiente. los

señores procuradores del bunker se pueden —y deben— Ir con el órgano a otra

parte, que ya bastante lata

han dado con él en el pasado. No deja de ser gracioso que un conjunto de

procuradores, famosos por sus

aplausos al poder del dictador y casi siempre mudos, hayan dado ahora en la

manía de creerse

autorizados para defender constitucionalmente las normas que deben regular

nuestra vida futura. Y el

Gobierno, de modo incomprensible, una y otra vez les hace al juego. Pero...

veamos.

Loe procuradores del franquismo nunca tuvieron otra misión ni otro

comportamiento que los de ser un

coro aplaudidor. La mayoría de ellos jamás despegó los labios a lo largo de las

legislaturas; ni tuvo la

menor iniciativa ni la menor participación en el proceso legislativo. Basta

echar una mirada a los Diarios

de Sesiones para comprobar el comportamiento borreguil y la superunidad total de

la inmensa mayoría

de los llamados procuradores, que nunca han "procurado" otra cosa que estar

callados. Por consiguiente,

si estas Cortes quieren seguir actuando con la escasa autoridad para ello

heredada del franquismo, lo

lógico es que continúen aprobando todo, como siempre, sin rechistar y sin

pretender poner de manifiesto

lo que nunca tuvieron: ideas y espíritu crítico.

Ahora bien: si las Cortes pretenden actuar de acuerdo con un sentido

democrático, carecen para ello de la

menor legitimidad, porque son unas Cortes fenecidas, deshauciadas por el pueblo

español en un masivo

referéndum, y sin la menor capacidad para organizar el tiempo nuevo. Por ello el

Gobierno no deberla

haber cometido el despropósito de contar con ellas nada menos que para regular

la libertad sindical. Pero,

hombre, ¿cómo se puede cometer tal dislate? Ante todo, porque el sindicalismo

español va a ser como

quieran loa trabajadores españoles, y no como digan estas o las otras Cortes.

Pero, sobre todo, porque a

éstas BO debe dárselo la menor participación en determinar como se va a

organizar la democracia. Hasta

que lleguen las elecciones, los procuradores de las actúales Cortes se pueden

entretener en contar la

canción del olvido, en hacer recuento de su obediencia pasada, en recordar las

recepciones de La Granja e,

incluso, en seguir haciendo uso de su pase de libre circulación en trenes y

aviones para viajar por el país a

la búsqueda de algún lugar tranquilo donde descansar, no de su trabajo

parlamentario, que más bien ha

sido nulo en la mayoría de los casos, sino de lo» sobresaltos de los últimos

tiempos. Uno comprende que

las cosas han sido demoledoras y que la naturaleza da los principios permanentes

e inalterables ha debido

volverse un poco loca. ¡Como para dejar patidifusos a quienes creyeran en ella!

Pero hacerse cargo del

estado de ánimo de las gentes no Implica darles bula para hacernos la pascua a

todos. ^

Aaí, pues, todo debe volver a su cauce. E3 Gobierno debe retirar el proyecto de

las Cortes y promulgar

por decreto-ley las bases que permitan a loa trabajadores organizar, por si

mismos, un sindicalismo libre

y representativo, para la defensa de sus Intereses y no de los negocios de

algunos avisados defensores de

la civilización occidental y sus valores >a ser posible, bursátiles. Las

centrales sindicales deben indicar,

sin utopías, los puntos mínimos de acuerdo, para elaborar, después, lo que los

trabajadores consideren

Adecuado. Y los procuradores en Cortes deben mostrar un último rasgo de dignidad

y reconocer su falta

de legitimidad para Intervenir en cualquier proyecto nuevo de importancia,

quedando disponibles para los

asuntos da trámite hasta su gloriosa extinción.

Ese es el camino para hacer un país razonable y serio, capaz de enfrentarse a

tos graves problemas que

tiene encima. El otro, el de los procuradores bunkeristas a la "procura" de una

"rama de actividad" a la

que acogerse, aparte de grotesco y ridículo, conduce a un callejón sin salida.

;Y con el toro detrás.

 

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