Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   ¿Dónde están las llaves?     
 
 ABC.    26/10/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

¿Dónde están las llaves?

LA sesión empezó con el matarile, rile, rile. El señor presidente anunció que algunas señorías habían

olvidado sus llaves para votar. ¿Quiénes serían esas señorías olvidadizas? Si todavía estuviese en la

Cámara Rafael Alberti yo habría pensado en seguida: «Claro, el poeta...» Pero Rafael Alberti ya no está.

Llegó el llaverizo con las llaves de repuesto. Y he aquí que el primero que s» acerca a recoger el

duplicado es el señor presidente del Gobierno. ¡Vaya por Dios! Bueno, es natural: el viaje a Barcelona

para, lo de la Generalidad, la firma del Pacto de la Moncloa, los corrimientos de tierras en la V. C. D., el

puchero donde se cuece la crisis... Encima no se va a acordar uno de coger la llave. Así que, ¡hala!, a salir

al hemiciclo como un alguacilillo. E1 segundo diputado sin llave es nada menos que el señor ministro de

Hacienda, que se fue al Palacio de la carrera de San Jerónimo sin la llave para votar a favor de su propio

proyecto de ley. ¡Dios mío, que no le pase lo mismo con la llave del tesoro público! A don Enrique

Múgica también se le ha olvidado su llave. O se la habrán quitado los de la E. T. A. para introducir el

terrorismo en las votaciones. Pilar Narvión, a mi lado, me dice, muy feminista: «No sale ninguna, mujer.»

Pues, sí. Sale Carlota Bustelo. Claro que Carlota Bustelo no tiene aspecto de ama de llaves.

¿Todos tienen su llave? ¿Sí? Bueno, pues entonces a pedir el "Guernica". Y todos los señores diputados,

sin necesidad de usar la llave, se unen a la petición del Senado para solicitar la devolución del

«Guernica». El señor Al-v.arez de Miranda —el arcangélico señor Alvarez de Miranda— se equivoca y

dice que el «Guernica» es de Pablo Kernda. Es igual. Sus señorías ni se dan cuenta. Están hablando del

diluvio que viene. Además, ya se sabe. Los tres grandes Pablos: Picasso, Neruda, Casáis. Es igual. Se

entiende. Se acuerda trasladar la petición ai Senado de los Estados Unidos.

Y se votan los suplementos de crédito. Esto será un trámite. Al fin y al cabo, se trata de 100.000 millones

de pesetas en número redondos. Se pone en funcionamiento el cerebro electrónico. El señor Alvarez de

Miranda —el seráfico señor Alvarez de Miranda— toca las teclas del «cerebro» como si fuese a pulsar el

botón para la bomba atómica. Pero resulta que las votaciones del «cerebro» no valen. La votación ha de

ser pública. ¡Levántense sus señorías! Primero los que digan «sí», luego los que digan «no», y por fin los

«u« se abstengan. O sea. que las llaves no sirven para nada. Hay tres suplementos de crédito digamos que

conflictivos: uno para Hu-nosa, otro para la Renfe, y el más con-flictivo de todos: para la Transmedite-

rránea.

Don Tomás García explica el voto del Partido Comunista. El «pecé» dice que sí para liquidar la herencia

nefasta de la Dictadura, que no sabía hacer presupuestos, y que los hacía triunfalistas, tranquilizadores y

falsos. Don Tomás García llama al señor Fuentes Quintana «vice-primer ministro». El señor presidente

del Gobierno sonríe. Eso de vice-primer ministro parece una premonición de mal fario. De todas formas,

no van esos tiros por el lado del señor Fuentes Quintana.

Don Enrique Barón arremete, en nombre de los socialistas, contra el crédito para la Transmediterránea.

Don Enrique Barón parece ese niño prodigio que ha nacido en el partido conservador inglés.

Es el niño prodigio del P. S. O. E. Habla sin papeles delante y además con buen humor. Es el anti-Alfonso

Guerra. Y dice que el ordenador electrónico de las Cortes es como el del Ministerio del Interior. Las

cifras no coinciden. Habla de nacionalización y dice que esa palabra causará escalofríos, no sólo en la

derecha, sino en la izquierda más moderada, v entonces va y mira hacia los escaños del Partido

Comunista.

¡Bendito sea Dios! Algo grave y grande está pasando en este país. Algo nunca visto. Un discurso de

ministro en las Cortes que dura seis minutos. En seis minutos, él señor Fernández Ordeñes —que es como

Juanjo Menéndez, pero más nutrido— defiende impecablemente el proyecto. Y a partir de aquí se arma el

barullo. Don Baldomero Lozano, también en nombre de los socialistas, pide que el impuesto sobre el

patrimonio se amplíe a las personas jurídicas. Todo parecía que iba como una seda. Pero don Baldomero

Lozano —que también habla sin papeles, que también es joven y que también se ha aprendido su

asignatura— ha traído la manzana de la discordia. Don Jaime García Añoveros, maestro del señor

Lozano, responde al discípulo. Y el discípulo replica al maestro. La gloria del discípulo es honra del

maestro. El señor Tamames pide la palabra para explicar que se unen los comunistas a la enmienda de los

socialistas. El señor Alvarez de Miranda —el querubinesco señor Alvares de Miranda— dice que no. El

señor Tamames dice que sí. El señor Tamames sube a la tribuna. El señor Alvarez de Miranda abre los

brazos y advierte que sólo puede intervenir sobre los términos de una última propuesta para fijar el

coeficiente del impuesto. Pero el señor Tamanes empieza un discurso explicativo. Al final del forcejeo, el

señor Alvare» de Miranda agita la campanilla. El señor Tamames insiste. Y el señor Alvarez de Miranda

le manda a su escaño. Y el señor Tamames se despide: «Pues que nos unimos a la enmienda.»

Se vota la enmienda. La mitad de la Cámara se pone en pie para votar a favor. La mitad se pone en pie

para votar en contra. 142 votos a favor por 154 en contra. Pero no vale. Otra vez a votar. 147 a favor y

158 en contra. Tampoco vale. Los secretarios cuentan los votos para cotejarlos con los del «cerebro»,

pero los secretarios tampoco se ponen de acuerdo. Por fia, se cuentan los votos a favor y en contra fila a

fila. Resultado final: 147 votos a favor de la enmienda y 164 en contra. En estos últimos están incluidos

los 14 voto» de Alianza Popular.

Los diputados de la Unión de Cintro han pagado el voto de Alianza Popular votando en contra de que el

señor López Rodó pudiera defender una enmienda tan razonable como la de no pagar impuesto por la

cotización de loa valores mobiliarios tomando índices atrasados. ¡Precisamente ahora que de un trimestre

a otro bajan en picado las cotizaciones! ¡Cortesía parlamentaria! El señor Fernández de la Mora cambia

unas palabras, que se adivinan agrias, con don Adolfo Suárez. Y por fin se aprueba el proyecto. En

realidad se ha aprobado todo. Todo menos las enmiendas. Es decir, como en las orgánicas.

En las últimas votaciones, Alianza Popular se abstiene. Sus abstenciones son 13. El señor Alvarez de

Miranda —el adorable señor Alvarez de Miranda— dice «trescientas abstenciones». Y hasta, el jueves.

Porque hoy hay partido. Casi partido político: contra Rumania,—Jaime CAMPMANY.

 

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