Autor: García San Miguel, Luis. 
   Fortalecer el centro     
 
 Diario 16.    14/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Fortalecer el centro

Luis G. San Miguel

En el mapa político español van perfilándose, poco a poco, tres grandes bloques, a los que, simplificando

un po co, pudiéramos llamar los del brazo en alto, los del puño en alto y los de las manos en los bolsillos.

Los del brazo en alto son las gentes del Movimiento: falangistas, tradicionalistas, miembros del Opus Dei,

etcétera, etcétera, gentes que, en su mayoría, han comprendido, con buen sentido, que la democracia es

imparable y que hay que adaptarse a las circunstancias. Algunos, como Silva y Fraga, pongamos por caso,

quizá fueran demócratas desde hace tiempo; otros, nunca lo han sido ni lo son ahora, pero no quieren

reñir batallas perdidas y se apuntan, una vez más, al bando del vencedor. Van a recibir el apoyo de la gran

mayoría de los viejos franquistas, a excepción de aquellos que quisieran mantener un "franquismo sin

Franco", nostálgicos o románticos que no quieren abandonar el barco cuando se está hundiendo y

prefieren naufragar con él. Es probable, sin embargo, que estos últimos terminen por unirse, en su gran

mayoría, a los anteriores.

Los del brazo en alto van a recibir, si es que no están recibiendo ya, el apoyo de amplios sectores del

capitalismo, que ven en ellos el mejor baluarte para la defensa de sus intereses. Apenas hace falta

mencionar el nombre de este bloque, pero, por si hubiera algún despistado, diré que se trata de la Alianza

Popular,

Los del puño en alto, comunistas y quizá también algunos socialistas, se parecen en bastantes cosas a los

anteriores. Algunos son demócratas "de toda la vida", otros son sólo demócratas "de ocasión". No creo

que sea muy distinto, en sus motivaciones, el proceso de conversión a la democracia que últimamente ha

sufrido don Laureano López Rodó del que ha sufrido don Santiago Carrillo: ambos comprendieron que es

mejor adaptarse a la democracia que oponerse a ella.+

Los del puño en alto van a recibir el apoyo de amplios sectores de la cíase obrera (no de todos: puede

haber sorpresas) y de bastantes intelectuales. Y, como esta gente no anda sobrada de fondos, los que

reciban habrán de venir, en buena medida, del extranjero. En esto sentido parece que la financiación

electoral de la derecha va a ser algo más " nacional" que la de la izquierda, aunque no por completo, claro

está, pues las multinacionales andan molidas en las nacionales.

Creo que ambos bloques tienen perfecto derecho a presentar su opción al pueblo y que no hay nada

definitivo que objetar a su aceptación, en bastantes casos pragmática, de la democracia: cada uno se

convierte cuando quiere, y si ayer no era demócrata y hoy lo es, ése es asunto suyo, Y pienso también que

a la naciente democracia le conviene tener en su legalidad a unas fuerzas que, en la ilegalidad serían

peligrosísimas. La democracia debe practicar con ellos el pragmatismo que ellos practican con la

democracia. Pero también me parece que los del puño en alto y los del brazo en alto constituyen, aun en

la legalidad, un cierto peligro para la democracia que no conviene exagerai´, pero tampoco perder de vista.

Uno de los mayores peligros radica en la posibilidad de que se tiren los trastos a la cabeza. Son muchos´

años de enfrentamiento y el deseo de revancha, si no justificable, resulta comprensible. El peligro sería

bastante grande si estuvieran solos. Por eso no conviene que estén solos, sino que haya alguien en medio,

capaz de separarlos si quieren llegar a las ´manos.

Otro peligro radica en la existencia de elementas antidemocráticos incrustados en los dos bloques. Estos

elementos podrían imponerse al menor pretexto y tratar de restaurar la democracia orgánica, tos unos, o el

comunismo autoritario-burocrático, los otros. Por eso conviene que, en el parto de la democracia, no esíén

solos, sino acompañados por demócratas sinceros, sin veleidades autoritarias.

Parece, pues, preciso fortalecer el centro: ese tercer bloque donde se encuentra el mayor número de

demócratas de >;casi toda" la vida (de "toda" la vida hay pocos en el país), que no aspiran a restaurar un

franquismo con otro ropaje ni a "transcender" la llamada "democracia formal" hacia un horizonte

revolucionario. Se trata de aquellos que se conforman con la muy corrupta, imperfecta e insuficiente

democracia liberal, porque piensan que otras ¡soluciones son más corruptas, imperfectas e insuficientes

todavía. Gentes de centro que, aqui y ahora, tienen también sus nombres: liberales, democratacristíanos y

socialdemócratas. Gentes que se pasean por el confuso camino de nuestra política con las manos en log

bolsillos, sin meter ruido y sin estar dispuestas a levantar el brazo, ni con la mano abierta ni con ella

cerrada.

En las democracias estables quizá el centro no sea tan necesario, pues los extremos se parecen entre sí y

están dispuestos a entenderse y a respetarse. Pero no estamos todavía ahí. No se ve muy claro, aquí y

ahora, cómo los antiguos franquistas y los viejos comunistas autoritarios puedan ponerse de acuerdo para

construir, por sí solas, la democracia.

Luis G. San Miguel

 

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