Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   La mesopotamia, oh, la, la     
 
 Pueblo.    11/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA MESOPOTAMIA, OH, LA, LA

Entra una joven colega al palco proscenio de la Prensa y, con la desenvoltura de lenguaje propia de su

edad, dice: «Creo que uno de PSOE ha "estao sembrao".» Efectivamente, llegó el senador Navarro

Estevan, don Joaquín, y, empinándose para llegar al pupitre de oradores, que lo han planificado para los

españoles del año 2000, que parece que medirán un palmo más de altos, dice: «Cuenta Víctor Hugo que,

al presentar un mayordomo a los representantes diplomáticos que llegaban al salón de su señor, señalaba

con soltura: Inglaterra, madre de imperios; Italia, gloria del Renacimiento, y así, hasta llegar al embajador

de Me-sopotamia, donde exclamó: "La Mesopo-tamia, oh, la, la, l´humanité".» El mismo señor dijo luego

que la casa estaba llena de miasmas germánicas, lo que es tener poca fe en los desinfectantes del Reino,

que han dejado el palacio del Senado como los chorros de oro, que se pueden comer sopas en las

escaleras, si fas dejase libres el senador Xirinachs, que en su vocación dé protagonismo, ayer las ocupó

repartiendo su protesta de turno.

Lo de Mesopotamia fue la única gracia de un debate tan meticuloso, puntilloso y pundonoroso como

inútil, puesto que al fin.se votó, a las nueve en punto de la noche, el proyecto de ley de Relaciones del

Gobierno con las Cortes, que debería haberse votado en su día, si no se ponen tan farrucos los senadores

del PSOE queriendo sentar plaza de díscolos, no vayamos a creer que es un género que sólo se cultiva en

UCD.

Como llevo dicho, los periodistas tenemos derecho a entrada de palco proscenio, lo que resulta muy

mesopotámico, ya que sus ilustres señorías, en- uso de la palabra, se nos presentan siempre en hititias,

babilónicos, asirios, egipcios y otros imperios medio-orientales, que, como es sabido, han pasado a la

historia de perfil, de modo que desde nuestro palco de proscenio, Villar Arregui hace figura de

Asurbanipal, hasta el punto que cuando lanza sus avisos hermenéuticos, semánticos y estructurales, una

llega a pensar que viene de la caza del tigre. En lo que se refiere al señor Satrústegui, visto desde el perfil

de nuestro proscenio, enjuto de carnes, con la color de ladrillo cocido, nos recuerda a Hamurabi, el del

famoso código que permitía a la adúltera librarse de una muerte segura si pasaba por la prueba del agua,

lo que no la salvaba de que le cortasen la nariz como recuerdo de su adulterio, derecho comparado que

algún día tendremos ocasión de conocer, cuando llegue a las Cortes eso del adulterio, que interesa en la

calle mucho más que la semántica del señor Villar Arregui.

No existe sólo en el salón de sesiones él palco proscenio, existen también los de autoridades;

aterciopelados (en rojo) y engalónados (en dorado), a tal punto teatrales que una espera ver asomar entre

sus cortinas a la bella María Dolores Pelayo, senadora por Tenerife, cantando la Tosca, o a Villar Arregui

que no se iba a perder la ocasión de lucimiento, dando el do de Nabuco, de Sigfrido o de Rodolfo.

Por lo demás, los ministros, ocho en el momento de más circulación ministerial, venían muy

desabanderados. Sólo tres de ellos habían contribuido a la colecta de la Cruz Roja, y los batía a iodos

Martín Villa, que traía tres banderas doradas, de las de 25 pesetas. Nadie nos trajo al proscenio los

famosos caramelos de violeta de los tiempos de Romanones, y don Antonio Fontán nos advirtió que la

sala había sido en el siglo XVI una iglesia de estructura de madera, el artesonado es de papel al gusto

de la época, y el peligro de fuego, notable, lo que le obligaba a no dejar fumar. Los senadores se iban a

fumar fuera; pero don Antonio los tiene tan bien enseñados que todos llegan a votar a tiempo. El voto más

intrigante es el de los senadores reales, que como su nombre indica, votan como les da la real gana, de

forma que nos traen en ascuas con sus decisiones variopintas, llenas de fantasía. Por ejemplo, ayer, el

señor Lúea de Tena, don Guillermo, dio muestras de una originalidad tan extremosa, que como dé la

explicación de su´ voto en su periódico aumenta la tirada del «A B C».

Donde más se tropezó fue en el artículo seis de la ley de Relaciones del Gobierno con las Cortes, que es el

que se refiere a los votos de censura y de confianza; pero se trató de una faena de adorno, los aficionados

hicieron su quite, y a las nueve de la noche se había votado la ley sin mayores problemas. A esta hora se

inició el debate sobre los presupuestos extraordinarios y la expectación la dejamos para hoy, que el

presidente Suárez tomará la palabra por primera vez en el Senado.

Pilar NARVIÓN

 

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