Autor: Contreras, Lorenzo. 
 En el Pleno del Senado. 
 La reforma fiscal, aprobada entre ausencias y abstenciones     
 
 Informaciones.    12/11/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

12 de novimbre de 1977

EN EL PLENO DEL SENADO

La reforma fiscal, aprobada entre ausencias y abstenciones

Por Lorenzo CONTRERAS

MADRID, 12.

CIENTO ochenta votos favorables y diez abstenciones han servido poro refrendar en el Senado las

medíaos urgentes de reforma fiscal aprobadas con anterioridad en el Congreso. Las cifras pueden

proporcionar una idea engañosa de la sesión celebrada ayer en el palacio de la plaza de la Marina

Española.

Los aplausos calurosos con que los senadores partidarios ¿e la aprobación, de las medidas cerraron

anoche la reunión de la alta Cámara y la patente alegría que mostraba el vicepresidente económico, señor

Puentes, ante el resultado de las votaciones, tuvieron elocuencia suficiente para indicar que «algo» podía

haber sucedido en contra de los intereses poli ticos en juego, ciento ochenta votos, trece más de los

precisos para alcanzar los dos tercios del Senado, y sólo diez abstenciones, fueron, es cierto, los aspectos

numéricamente «contables» de la votación. Pero el verdadero protagonismo de las cifras estaba en las

ausencias, que fueron abrumadoras y significativas. Hombres como Arespacochaga, Osorio, Guillermo

Lúea de Tena, Torcuato Fernández-Miranda, Luis Olarra, Paz Andrade, chueca Goitia, Ortega Spotorno,

Pedro Rius, Primo de Rivera, Sánchez Agesta, Escámez y Jaime Carvajal, entre otros, dan idea de la mala

acogida dispensada a la ley por influyentes sectores de ¡as capas económicas españolas. Alguna ausencia

como, por ejemplo, la del señor Prado y Colón de Carvajal, estaba justificada (un congreso de la I.A.T.A.

en el extranjero). Pero otras no podían interpretarse así, tanto más cuanto que algunos de estos senadores

estaban en los pasillos del palacio.

SE ESPERABA UN BLOQUEO DE LAS NORMAS

La impresión inicial, a las cinco de la tarde, se ceñía bastante a la sospecha de qut; la reforma podría

naufragar en el Senado. En medios socialistas de Madrid había una expectativa en ese sentido. La

cuestión era en ellos referible a la posibilidad de que un sector de la propia U.C.D. bloqueara las normas,

retrasando su puesta en vigor por el procedimiento de remitirlas a una comisión, que, a su vez, tratando de

«perfeccionar» o alterar el contenido de la reforma, daría ocasión a dilaciones capaces de «meter» la ley

urgente en el año 1978. Esta interpretación sería luego desmentida por los propios responsables del grupo

parlamentario ucedista. Con una preocupación informativa más acusada que en otras ocasiones, el señor

Calvo Ortega buscó a los periodistas después del Pleno para explicarles el alcance de lo ocurrido. De

estas explicaciones se desprende que U.C.D. tenía, efectivamente, a nivel senatorial, la intención de llevar

la reforma a una comisión. Lo que el señor Calvo Ortega no reconoció fue que este aplazamiento

obligado significase una obstrucción verdadera de las normas urgentes, pues «en el caso más

desfavorable, el retraso sólo podría ser de cuarenta y cinco días».

EL CAMBIO DE U.C.D.

El cambio de opinión dentro del grupo de U.C.D. se produjo, según parece, cuando el socialista asturiano

Rafael Fernández, en la sesión matinal del Pleno de la Cámara, puso en cuarentena la credibilidd del

partido gobernante y del propio Gabinete

Esta intervención, que serviría de reflexión a la U.C.D., significaba presentar la aprobación de la reforma

como imprescindible espaldarazo a los acuerdos de la Moncloa. Naturalmente, el señor Calvo Ortega no

brindó tantas precisiones en su diálogo con los: periodistas. Se sabía, sin embargo, que, a media tarde, el

socialdemócrata Rafael Arias Salgado mostraba su disgusto por la escasa concurrencia de senadores de

U.C.D., que luego, a medida que las presiones o persuasiones se fueron materializando, afluyeron al salón

de sesiones.

A la media hora de iniciarse el debate entraron también en la sala cinco senadores y ministros del

Gobierno —los señores Abril Martorell, Puentes Quintana, Lavilla, Martín Villa y Marcelino Oreja—,

que normalmente deberían estar requeridos por él Consejo que se celebraba en la Moncloa. Lógicamente,

esta ({irrupción» fue considerada como un producto de la alarma del Gobierno, deseoso de alcanzar para

la reforma los dos tercios de los votos senatoriales.

EL «UCEDISTA" QUE SE ABSTUVO

Conforme la sesión transcurría, la primera sensación de posible derrota se fue trocando en seguridad de

victoria. Las abstenciones de cuatro senadores vascos {señores Irujo, Unzueta, Oregui y Bajo Fanlo), de

la senadora independiente doña Gloria Begué, de los «mixtos» señores Cacharro, Gamboa, Matute y

Belén Landáburu, y del propio senador dé U.C.D. don Julio Nieves Borrego, no inquietaron grandemente.

El se ñor Nieves, que casualmente se hallaba muy cerca del grupo de periodistas asesorados por don

Rafael Calvo Ortega, comentaría en los pasillos que su abstención estaba motivada por las deficiencias

del proyecto, pero, sobre todo, por la circunstancia de que el impuesto sobre el patrimonio neto hará

tributar especialmente a los pequeños y medianos empresarios agrícolas, industriales y comerciales, y

«eso —dijo— es poco social». Luego manifestó: «Yo defiendo a quienes me han votado.»

EL RECURSO A LA VOTACIÓN NOMINAL

El recurso a la votación nominal, pedida por el socialista Francisco Ramos y apoyada por el resto de los

senadores de izquierda y por la U.C.D. «en un segundo momento», hizo muy difícil el naufragio (léase

aplazamiento) de las normas urgentes de reforma fiscal, pues era preciso pronunciarse sin veladuras ni

disimulos en el plano de los intereses. Por la mañana, durante la sesión dedicada a la aprobación del

«pacto de la Moncloa», hizo acto de presencia en las dependencias del Senado el conocido empresario

don Max Mazin, la más importante personalidad de la comunidad judia madrileña. Pero quizá el aspecto

llamativo de la jornada, en su sentido político, fue que más de veinticinco de los senadores ausentes o

abstencionistas durante las votaciones pertenecen al grupo de los designados directamente por el Rey. Los

miembros de este grupo son cuarenta y uno.

Los socialistas se esforzaron en hacer ver que las imperfecciones y deficiencias de la reforma fiscal

planteada, no evitan que represente un avance. El señor García Borbolla llegó a decir que el paso de estas

normas a la comi-

sión correspondiente para su reconsideración serla cómo cubrir con un velo parlamentario el fraude que

está padeciendo el pueblo español.

En un plano más netamente político, el señor Bajo Fanlo, de la minoría vasca, «entonó» un réquiem por la

Cámara colegisladora que iba . a ser el Senado, según la ley de Reforma Política. Concibió a éste como

instrumento de mero respaldo de lo que el Congreso acuerda y, por tanto, como «un lujo parlamentario».

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