Autor: Marsal, Juan F.. 
 Historias de la postguerra. 
 La hora de las confesiones     
 
 La Vanguardia.    26/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA VANGUARDIA ESPAÑOLA

TRIBUNA DE IA VANGUARDIA

HISTORIAS DE LA POSTGUERRA

La hora de las confesiones

De pronto ha caído sobre nosotros una lluvia ^^fe confesiones y autobiografías y en este país del que se

decía que las memorias eran una rareza se han convertido en un género literario de abundante frecuencia.

Paro no hay que engañarse Lo que sucede es que además de la explicación demasiado obvia de que la

censura las prohibía. hay un factor históricosocial. Y es que las manifestaciones de experiencias

personales aparecen con las crisis y los cambios políticos. Hay entonces verdadera prisa por sacar a la luz

experiencias que no se han podido o no se han querido decir durante años. Y eso aún en las gentes de

derecha, púdicas por naturaleza. Piénsese por ejemplo la cantidad de declaraciones Impúdicas a que dio

lugar la caída de Allende o la cantidad de literatura apologética en torno al alzamiento del 18 de julio de

1936 y que noy muchos de sus autores procuran no encontrar. Aquellos que en el momento del cambio de

sistema político o social sienten la necesidad de manifestar sus ideas y sus creencias se apresuran luego,

cuando viene la rutinización, a esconderlas y a ocultarlas porque resultan demasiado crudas y evidentes.

Por supuesto que no son los mismos los que expresan sus sentimientos sino que unas veces son los unos»

y otras los otros.

Es el momento fugaz para la cosecha de los historiadores. Porque en ia vida políticosocial hay una

constante alternación entre períodos de autorevelación y períodos de silencio. La vide social sería

absolutamente intolerable tanto si fuese una permanente ocultación como si no hubiese nunca esos

momentos de cambio en los que se pueda hacer, SHI frenos, revelaciones personales de (o histórico.

Se podria además argumentar como lo ha hecho Richard Sennet en la revista norteamericana «Partisan

Review» que hay ciertas culturas que. aparte de fos momentos dé crisis, ponen un énfasis desmesurado en

la constante proyección del yo sobre los otros: la revelación y la apertura de

intimidad. Podría decirse, como dice Sennet, que a más aumenta la mecanización del mundo capitalista y

la burocratización más se siente la necesidad de refugiarse en la intimidad de la revelación del yo. Pero

eso es para un artículo de mayor ámbito que el que pretendo. Aquí me refiero tan sólo a nuestras

vivencias más inmediatas e indígenas.

Hasta hace poco lo único que tentamos, y con cierta escasez, era memorias íntimas como aquel «Diario de

una vida brava» de Manuel Siivela Sangro, el «Diario del artista seriamente enfermo» de Jaime Gil de

Biedma o el dulce alírón de «Dos Infants i la guerra» de Joan i Jacint Reventós. Quizá la más conocida de

todas ellas sea «Años de penitencia* de Carlos Barral, la de éxito literario más redondo. Li obra de Barral

es de 1975. Había pasado la censura y aparece al borde del «gran cambio. Le sucederá un alud de

«conversacionesy memorias y cuasi memorias «políticas». El libro del primo del general Franco se

convierte en «el libro». Lo íntimo y literario pasa a segundo plano. Todo este material tiene los mismos

fallos epistemológicos. Cabe el dicho castellano: «De dinero, memorias y santidad, la mitad de la mitad».

En cambio la obra reciente de Maestre Alfonso «Testimonio da un rebelde es otro asunto y se inserta en

un género totalmente diferente. Es una life history», la biografía de quien no está en condiciones literarias

de escribir sus memorias ni sabe hacer su apología; es la historia para el tribeño, ef pobre, el hombre

común, de aquel que necesita de un profesional que le ayude a recoger su vida bien en la cinta grabada, o

simplemente al dictado, como lo hicieran el sociólogo polaco Znaniecki, el norteamericano Oscar Lewis,

o el cubano Barnett.

«Testimonio da un rebelde» es una rareza de nuestra literatura sociológica más bien aquejada de

cuentofrenia. Maestre grabó en 1974 fa historia de Diego, un español (¿habría de decirse ahora un

habitante del Estado español?) nacido en 1930 de condición obrera con todas sus agravantes. Una familia

que ha sido tipificada como «autoritaria d» clase baja» en la que la guerra significó para le mayoría de sus

miembros lo que para la mayoría de los españoles. Ni más heroica ni más notable que chaquetería, miedo,

hambre y mugre.

Los únicos que se dejan tomar la biografía «ntre los pobres son aquellos que podríamos llamar

intelectuales en «status nascens», es decir, aquellos que habrían sido Intelectuales sí hubiesen pertenecido

a fa burguesía. Esto es to que son Wisdeck, el campesino polaco, o la favelada Carolina María de Jesús o

el emigrante catalán de mf Hacer la América*. Diego el protagonista de «Testimonio da un rebelde» es un

intelectual de pocas divisas, un pensador hecho a si mismo a base de periódicos y de Reader Digests».

Porque como Diego dice de sf mismo es «hombre de frases». Un rebelde al aire de la postguerra española.

Es ahora el momento de hacer las historias da vidas de los interlocutores, los ideólogos, frustrados o no,

confesos o no, de la postguerra. No va a ser fácil obtener estas historias que sin embargo harán Inteligible

muchas evoluciones y cambios de creencias y peripecias políticas que hoy resulten incomprensibles para

posteriores generaciones. Esto es 4o que hizo en Italia magistralmente Rugagiero Zangrandi en «il tango

viaggio a traverao il fascismo». Obra que no tuvo réplica en España. Porque no podía tenerla y porque el

momento político y cultural español no era el mismo que el italiano. Pero ahora estamos en España en un

trance histórico equivalente al qua explicara admirablemente Zangrandi: la caída dei fascismo de las

almas de una generación. Porque nada humano se entiende que no combine, como pedía Wright Mills,

biografía, historia y sociedad.

Juan F. MARSAL

Profesor de Sociología de te Universidad Autónoma de Barcelona

 

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