Autor: DIÓGENES. 
   Haya paz en el Congreso     
 
 Pueblo.    23/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

BAYA PAZ EN EL CONGRESO

DE cara al pleno de hoy, vuelve a flotar en el ambiente el fantasma del enfrenlamiento entre dos fuerzas

—las más importantes del espectro parlamentario—, por un quítame allá ese punto del orden del día. No

vamos a caer en la tentación de quinarle importancia al tema de fondo —que tiene su calado, porque está

en juego el derecho y el deber de la iniciativa legislativa, y, de interés más próximo, Ja misma

importancia da los lamentables sucesos de Málaga y Tenerife—, pero sí vamos a pedir a los señores

diputados que hagan el favor de no dramatizar. En otras palabras, decimos que el asunto tiene su

importancia, pero pedimos que los diputados socialistas y ucedistas, que son los que están embarcados en

esta nueva batalla de ataques y contraataques, se conduzcan como si no la tuviera. Parece un

contrasentido, pero muchas veces es preferible incurrir en contrasentidos menores antes que despeñarse

por el abismo de los grandes contrasentidos.

A El Parla mentó no tiene que ser una balsa de aceite, ni muchísimo menos. Es una plataforma de

contrastes políticos, y cada facción política cumple con su obligación utilizando las armas de su dialéctica

y la fuerza de su razón. Pero cuando se desbordan los impulsos y se entra en el inoperante, pero

escandaloso terreno de las descalificaciones gratuitas, cuando no en el de los insultos personales, las

situaciones tienden a dramatizarse, y el resultado es que los ciudadanos, la opinión pública, los

representados, empiezan a dudar de sus instituciones. A Mal que nos pese, España está anémica en cuanto

a hábitos democráticos. Y esto, no hace falta argumentarlo de ninguna forma, porque es tan claró como la

luz del día. Podemos haber cambiado, podemos haber evolucionado interiormente, hay nuevas leyes, hay

trasiegos políticos, todo lo que ustedes quieran. Pero los nombres y los apellidos siguen siendo los

mismos, aunque antes unos estuvieran en la cárcel y ahora no. Un régimen de cuarenta años con un

«RH», político tan. peculiar como el que acabamos nosotros de clausurar, pesa mucho sobre ios niveles

de condescendencia mutua y sobre la capacidad de aguantarnos los unos a los otros. Eso por un lado. Por

el otro —miren ustedes qué casualidad— resulta que alguien se está dedicando a fomentar el escepticismo

de la calle respecto a la clase política del país. Más de lo debido, cada mañana nos encontramos con

denuncias encaminadas a desprestigiar al Parlamento, y a ensombrecer el horizonte de nuestras legítimas

aspiraciones democráticas. Si queremos dar la razón a estos agoreros de desdichas, no hay más que llevar

a las Cámaras el insulto, la descalificación, la gresca vecinal y la riña de niños mayores. A A lo que

íbamos. Modérense, señores. Dejen su agresividad en el armario de casa, reserven sus talentos para

cuestiones de mayor cuantía —que las hay, que aún están inéditas— y hagan el favor de dar ejemplo.

Haya paz en el Congreso, qué pronto es Navidad.

DIOGENES

 

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